martes, 5 de mayo de 2020

sábado, 2 de mayo de 2020

Extractos de la peste XLI: Pedro Nava: La gripe española - La muerte gris

Nós tínhamos, fora do Brasil, dois grupos auxiliares dos Aliados: a Esquadra de Patrulha, comandada pelo Almirante Pedro Max de Frontin, e a Missão Médica, chefiada por Nabuco de Gouveia. Ambos foram atingidos pela pestilência que grassava na Europa, Ásia e África quando entraram em portos do primeiro e terceiro continentes. No princípio pouco se soube do que se passava nos nossos vasos de guerra, o segredo sendo guardado com mais cuidado que no La Plata, saído daqui a 18 de agosto, conduzindo nossos médicos e que deve Ter se infectado a 29 do mesmo mês, quando tocou em Freetown, Serra Leoa, onde grassava a moléstia reinante. Mais um pouco e a viagem começou a ser o inferno que nos descrevem Álvaro Cumplido de Santanna e Mário Kroef nas suas reminiscências. A 9 de setembro os primeiros corpos são jogados ao mar. A 22 chegaram telegramas contando as desgraças da Missão Médica, o que é confirmado, oficialmente, a 27, quando Nabuco dá notícia de Influenza entre seus comandados. Nesse dia o Nestico chegou em casa com um monte de boatos que pouco impressionaram. Entretanto o demônio já estava em nosso meio, ainda não percebido pelo povo como a desgraça coletiva que ia ser, mas já tendo chamado a atenção das autoridades sanitárias, pois a 30 de setembro Carlos Seidl põe a funcionar um serviço de assistência domiciliar e de socorro aos necessitados. Estava reconhecido o estado epidêmico. A 3 de outubro, o Diretor de Saúde Pública alerta os portos e determina as medidas de profilaxia indiscriminada. Neste dia chega à Guanabara mais um barco eivado – o Royal Transport. Antes, a 14 de setembro, a Demerara tinha entrado com doentes a bordo. Provavelmente outros tinham antecipado esses transportes, sem chamar a atenção, mas já contaminados e contaminando. A doença irrompeu aqui em setembro, pois em fins desse mês e princípios de outubro, as providências das autoridades abriram os olhos do povo e este se explicou certas anomalias que vinham sendo observadas na vida urbana; tráfego rareado, cidade vazia e meio morta, casas de diversão pouco cheias, conduções sempre fáceis, as regatas, as partidas de water          polo e futebol quase sem assistentes, as corridas de Derby e do Jockey com os aficcionados reduzidos ao terço. É que no meio da população, como naquela festa do Príncipe Próspero, insinua-se – não a Morte Vermelha de Poe mas a Morte Cinzenta da pandemia que ia vexar a capital e soltar como cães a Fome e o Pânico que trabalhariam tão bem quanto a pestilência. It is not deaths that make a plague, it is fear and hopelessness in people – diz Powell. E o que ia ser visto no Rio de Janeiro daria toda razão ao médico americano. (...)

Extraído de Pedro Nava, Chão de Ferro (1976) São Paulo: Ateliê Editorial/Giordano, 2001, páginas 207 a 212.
Las imágenes de hace 100 años de la gripe española que parecen ...


Pedro Nava (Minas Gerais, Brasil, 1903-1984).

viernes, 1 de mayo de 2020

Extractos de la peste XL - Deleuze y Guattari: Filiación y contagio

Nosotros oponemos la epidemia a la filiación, el contagio a la herencia, el poblamiento por contagio a la reproducción sexuada, a la producción sexual.

Las bandas, humanas y animales, proliferan con los contagios, las epidemias, los campos de batalla y las catástrofes. Ocurre como con los híbridos, estériles, nacidos de una unión sexual que no se reproducirá, pero que vuelve a comenzar cada vez, ganando siempre la misma cantidad de terreno. Las participaciones, las bodas contra natura, son la verdadera Naturaleza que atraviesa los reinos. La propagación por epidemia, por contagio, no tiene nada que ver con la filiación por herencia, incluso si los dos temas se mezclan y tienen necesidad el uno del otro. El vampiro no filia, contagia. La diferencia es que el contagio, la epidemia, pone en juego términos completamente heterogéneos: por ejemplo, un hombre, un animal y una bacteria, un virus, una molécula, un microorganismo. O, como en el caso de la trufa, un árbol, una mosca y un cerdo. Combinaciones que no son ni genéticas ni estructurales, inter-reinos, participaciones contra natura, así es como procede la Naturaleza, contra sí misma. Estamos lejos de la producción filiativa, de la reproducción hereditaria, que sólo retienen como diferencias una simple dualidad de sexos en el seno de una misma especie, y pequeñas modificaciones a lo largo de las generaciones. Para nosotros, por el contrario, hay tantos sexos como términos en simbiosis, tantas diferencias como elementos intervienen en un proceso de contagio. Nosotros sabemos que entre un hombre y una mujer pasan muchos seres, que vienen de otros mundos, traídos por el viento, que hacen rizoma alrededor de las raíces, y que no se pueden entender en términos de producción, sino únicamente de devenir. El Universo no funciona por filiación. Así pues, nosotros sólo decimos que los animales son manadas, y que las manadas se forman, se desarrollan y se transforman por contagio. Esas multiplicidades de términos heterogéneos, y de cofuncionamiento por contagio, entran en ciertos agenciamientos, y ahí es donde el hombre realiza sus devenires-animales. Ahora bien, no hay que confundir esos sombríos agenciamientos, que remueven lo más profundo de nosotros, con organizaciones como la institución familiar y el aparato de Estado. Como ejemplo, podríamos citar las sociedades de caza, las sociedades de guerra, las sociedades secretas, las sociedades de crimen, etc. Los devenires animales les pertenecen. En ellas no hay que buscar regímenes de filiación de tipo familiar, ni modos de clasificación y de atribución de tipo estatal o preestatal, ni siquiera instituciones seriales de tipo religioso. A pesar de las apariencias y de las posibles confusiones, los mitos no tienen ahí su terreno de origen ni su punto de aplicación. Son cuentos, o relatos y enunciados de devenir. También es absurdo jerarquizar las colectividades, incluso animales, desde el punto de vista de un evolucionismo imaginario en el que las manadas estarían en el punto más bajo, y a continuación vendrían las sociedades familiares y estatales. Al contrario, hay diferencia de naturaleza, el origen de las manadas es completamente distinto que el de las familias y los Estados, y no cesan de minarlos, de perturbarlos desde afuera, con otras formas de contenido, otras formas de expresión. La manada es a la vez realidad animal y realidad del devenir-animal del hombre; el contagio es a la vez poblamiento animal y propagación del poblamiento animal del hombre. La máquina de caza, la máquina de guerra, la máquina de crimen entrañan todo tipo de devenires-animales que no se enuncian en el mito, y menos aún en el totemismo. Dumézil ha mostrado cómo esos devenires pertenecían esencialmente al hombre de guerra, pero en la medida en que era exterior a las familias y a los Estados, en la medida en que trastocaba las filiaciones y las clasificaciones.

La máquina de guerra siempre es exterior al Estado, incluso cuando el Estado la utiliza y se apropia de ella. El hombre de guerra tiene todo un devenir que implica multiplicidad, celeridad, ubicuidad, metamorfosis y traición, potencia de afecto. Los hombres-lobos, los hombres-osos, los hombres- fieras, los hombres de cualquier animalidad, congregaciones secretas, animan los campos de batalla. Pero también las manadas animales, que sirven a los hombres en la batalla, o que la siguen y se benefician de ella. Y todos juntos propagan el contagio. Hay un conjunto complejo, devenir-animal del hombre, manadas de animales, elefantes y ratones, vientos y tempestades, bacterias que siembran el contagio. Un solo y mismo Furor. La guerra, antes de ser bacteriológica, ha implicado secuencias zoológicas. Con la guerra, el hambre y la epidemia, proliferan los hombres-lobos y los vampiros. Cualquier animal puede ser incluido en esas manadas, y en los devenires correspondientes; se han visto gatos en los campos de batalla, e incluso formar parte de los ejércitos. Por eso no hay que distinguir tipos de animales, sino más bien estados diferentes según que se integren en instituciones familiares, en aparatos de Estado, en máquinas de guerra, etc. (y la máquina de escritura, o la máquina musical, ¿qué relación tienen con devenires-animales?) ".

Qué son los rizomas? - Fragmentos de Deleuze y Guattari



Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 2002.
Traducción José Vázquez Pérez.

jueves, 30 de abril de 2020

Extractos de la peste XXXIX: Nosferatu, una sinfonía del horror (Alemania, 1922, dir. F. W. Murnau; guion: Henrik Galeen)



Primer plano:
Diario de a bordo. Una página: Segundo día: 13 de julio.
Un marinero ha caído enfermo con fiebre. Curso: SSE. Dirección del viento:
Tercer día: 14 de julio. Mate está hablando de manera extraña. Afirma que hay un pasajero desconocido debajo de la cubierta. Curso: SE. Dirección del viento: NE. Volumen de viento: 3.6.

Toma normal:
Sievers y Harding se miran. La barba blanca de Sievers está temblando. Siguen leyendo.
Primer plano:
Décimo día: 22 de julio.
Ratas en la bodega del barco.
Peligro de peste.
Toma normal:
. Harding ha estado leyendo esto en voz alta.
Ahora Sievers por fin entiende. Señala el libro con el dedo. ¡Peligro de peste! Eso es lo que es. Peligro de peste, grita
Leyenda:
¡Peligro de peste!
¡Todos a sus casas!
¡Cierren todas las ventanas y puertas!
Toma larga:
Profundamente asustados, los transeúntes se alejan. Las mujeres se llevan los extremos de los pañuelos a la boca. Pánico, la multitud abandona la sala.
Fundido
(tal vez fin de acto)
Escena 130
Fundido.
Una plaza desierta.
15 metros
No hay nadie. Excepto en el centro de la plaza, donde está el tamborillero de la ciudad con su gran tambor
Toma media:
El tamborillero. Despliegua un voluminoso rollo.
Medium close-up:
Una ventana cerrada. Las celosías se abren y aparece el rostro de una mujer: mejillas totalmente demacradas, hundidas, cabello largo y despeinado. La enfermedad también la ha afectado. En su cuello las pequeñas marcas ominosas.
Medio primer plano:
El tamborilero toma un borde del papel y lee en voz alta.
Leyenda

Todos los
  ciudadanos son notificados de que el honorable magistrado de esta ciudad prohíbe cualquier desplazamientos de sospechados de peste hacia los hospitales para evitar que la peste se propague por las calles
.
El tamborilero termina de leer y se va.
Fundido.





Extracto del Acto IV del guión de la película Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una sinfonía del horror)  (Alemania, 1922) de F. W. Murnau (Bielefeld, Alemania, 1888 - Hollywood, Estados Unidos, 1932). El guion es de Henrik Galeen (Stryï, Imperio Austro-húngaro, 1881 – Vermont, Estados Unidos, 1949).

ESPECIAL LUÍS NORONHA DA COSTA: NOSFERATU, POR HENRI LANGLOIS

Versión de Diego Bentivegna de la traducción en inglés: http://www.oocities.org/emruf1/nosferatu.html

miércoles, 29 de abril de 2020

Extractos de la peste XXXVIII - Jens Peter Jacobsen

Sí, si todos los pecados aún no hubieran sido inventados, lo habrían sido aquí, porque no había sendero que, en su maldad, las personas no hubieran seguido. Los vicios más antinaturales florecían entre ellas, e incluso pecados tan raros como la nigromancia, la magia y el exorcismo se volvieron familiares, porque había muchos que esperaban obtener de los poderes del diablo la protección que el cielo no les brindaba.
Todo lo relacionado con la asistencia mutua o la piedad había desaparecido de sus mentes; cada quien pensaba tan sólo en sí mismo. El que estaba enfermo era considerado enemigo común, y si sucedía que alguien tenía la desgracia de caer en la calle, exhausto, a causa del primer paroxismo febril de la peste, no había puerta alguna que se le abriera; por el contrario, con golpes de lanza y con piedrazos, se lo obligaba a arrastrarse fuera del camino de los que todavía estaban sanos.


Extraído de "La peste en Bérgamo", relato del escritor danés Jens Peter Jacbosen, publicado por primer vez en 1881.

Versión de Diego Bentivegna sobre la traducción al inglés, disponible on line en Proyecto Gutenberg.
Jens Peter Jacobsen | Danish author | Britannica


Extractos de la peste XXXVII - Martín Fierro: la viruela en las tolderías

 Voy dentrando poco a poco
en lo triste del pasage.
Cuando es amargo el brebage
el corazón no se alegra,
dentró una virgüela negra 815
que los diezmó a los salvages.

   Al sentir tal mortandá
los indios desesperaos
gritaban alborotados:
«cristiano echando gualicho». 820
No quedó en los toldos vicho
que no salió redotao.

   Sus remedios son secretos,
los tienen las adivinas.
No los conocen las chinas 825
sino alguna ya muy vieja,
y es la que los aconseja
con mil embustes la indina.

   Allí soporta el paciente
las terribles curaciones. 830
Pues a golpes y estrujones
son los remedios aquellos,
lo agarran de los cabellos
y le arrancan los mechones.
—16→
   Les hacen mil heregías 835
que el presenciarlas da horror.
Brama el indio de dolor
por los tormentos que pasa;
y untándolo todo en grasa
lo ponen a hervir al sol. 840

   Y puesto allí boca arriba
al rededor le hacen fuego.
Una china viene luego
y al oído le da de gritos.
Hay algunos tan malditos 845
que sanan con este juego.

   A otros les cuecen la boca
aunque de dolores cruja.
Lo agarran allí y lo estrujan,
labios le queman y dientes 850
con un güevo bien caliente
de alguna gallina bruja.

   Conoce el indio el peligro
y pierde toda esperanza.
Si a escapárseles alcanza 855
dispara como una liebre.
Le da delirios la fiebre
y ya le cain con la lanza.

   Esas fiebres son terribles,
y aunque de esto no disputo, 860
ni de saber me reputo,
será, decíamos nosotros,
de tanta carne de potro
como comen estos brutos.

   Había un gringuito cautivo 865
que siempre hablaba del barco
y lo augaron en un charco
por causante de la peste.
Tenía los ojos celestes
como potrillito zarco. 870

   Que le dieran esa muerte
dispuso una china vieja;
y aunque se aflije y se queja,
es inútil que resista.
Ponía el infeliz la vista 875
como la pone la oveja.

   Nosotros nos alejamos
para no ver tanto estrago.
Cruz sentía los amagos
de la peste que reinaba, 880
y la idea nos acosaba
de volver a nuestros pagos.

   Pero contra el plan mejor
el destino se revela.
¡La sangre se me congela! 885
El que nos había salvado,
cayó también atacado
de la fiebre y la virgüela.

   No podíamos dudar
al verlo en tal padecer 890
el fin que había de tener,
y Cruz que era tan humano:
«Vamos, -me dijo-, paisano,
a cumplir con un deber».

   Fuimos a estar a su lado 895
para ayudarlo a curar.
Lo vinieron a buscar
y hacerle como a los otros;
lo defendimos nosotros,
no lo dejamos lanciar. 900

   Iba creciendo la plaga
y la mortandá seguía;
a su lado nos tenía.
Cuidándolo con pacencia.
Pero acabó su esistencia 905
al fin de unos pocos días.

   El recuerdo me atormenta,
se renueva mi pesar.
Me dan ganas de llorar
nada a mis penas igualo; 910
Cruz también cayó muy malo
ya para no levantar.

   Todos pueden figurarse
cuánto tuve que sufrir;
yo no hacía sino gemir 915
y aumentaba mi aflición,
no saber una oración
pa ayudarlo a bien morir.

   Se le pasmó la virgüela,
y el pobre estaba en un grito. 920
Me recomendó un hijito
que en su pago había dejado,
«ha quedado abandonado
-me dijo-, aquel pobrecito.»

   «Si vuelve, busquemeló, 925
-me repetía a media voz-,
en el mundo éramos dos
pues él ya no tiene madre:
que sepa el fin de su Padre
y encomiende mi alma a Dios.» 930

   Lo apretaba contra el pecho
dominao por el dolor.
Era su pena mayor
el morir allá entre infieles,
sufriendo dolores crueles 935
entregó su alma al Criador.


   De rodillas a su lado
¡yo lo encomendé a Jesús!
Faltó a mis ojos la luz.
Tube un terrible desmayo. 940
Cai como herido del rayo
cuando lo vi muerto a Cruz.

Portada


Extracto del canto 6 de la Vuelta de Martín Fierro, de José Hernández, Buenos Aires, 1879.