martes, 20 de octubre de 2026

20 de octubre

 Por algún motivo, durante el fin de semana estuve dando vueltas por la poesía de Mario Luzi. Me quedó detenido bastante en un poema, “Parca-Villagio”, Parca-pueblito. Es un poema que ahora abre su primer libro, La barca, pero que en realidad Luzi escribe al parecer mucho después. Sin embargo, lo ubica al comienzo de su primer libro y de toda su poesía, somo si ese poema escritos más tarde viniera de algún lugar y de algún tiempo que estuvieron en un lugar primigenio y arcaico.

Hoy Nicanor quiso ir al jardín en cochecito. El día está lindo. Después de varios nublados, con poca luz, con algo de frío.
La caminata hasta el jardín es linda. Son una veinte cuadras.
Como llegamos unos minutos antes de que el jardín de Nicanor abriera sus puertas, vamos un rato a la Plaza de Olivos, a dos cuadras. No hay nadie. En realidad no hay casi nadie. Hay una pareja mayor que toma sol, un chico con el uniforme del colegio secundario al que fui yo, que está también a un par de cuadra de la plaza, y un barrendero, para alegría de Nicanor, que adora ver cuando los que limpian la plaza trabajan.
Nicanor juega un rato en la plaza vacía y persigue, casi ritualmente, unas palomas que están cerca de la fuente.
Cuando vuelvo a mi casa y abro la computadora para empezar a trabajar, veo que en las redes aparecen muchos posteos institucionales sobre Luzi.
No es habitual. Me pregunto por qué recuerdan tanto a Luzi.
Busco su entrada en Wikipedia. Luzi había nacido un día como hoy, 20 de octubre, en las afuera de Florencia, en 1914.
Un 20 de octubre de hace tres años murió mi padre.
Vuelvo al poema sobre la parca y el pueblito. No puedo dejar de pensar que en el poema de Luzi por un instante mucho de lo que amaba mi padre, de lo que amamos en mi padre, se concentra: la paz de un pueblo, el atardecer y la noche frente al fuego, los relatos de la vida que regresan, nuestros hijos que persiguen a los pájaros, los recuerdos que vuelven y se siguen tejiendo, el forastero que pasa, la casa y la hospitalidad.
Traduzco el poema en tu recuerdo, Luigi.



Mario Luzi - Parca – Pueblito
Largo tiempo se habló de vos ante el fuego
después de las devociones de la noche
en estas casas grises donde impasible
el tiempo pasa y aplasta el rostro de los hombres.
Después la charla recayó en otros y sus asuntos,
fueron matrimonios, muertos, nacimientos,
el lento ritual de la vida.
Alguien, un forastero, pasó por acá y desapareció.
Yo, vieja mujer, en esta vieja casa,
coso el pasado y el presente, entretejo
tu infancia con la de tu hijo
que cruza la plaza con las golondrinas.



Parca –Villaggio

A lungo si parlò di te attorno ai fuochi
dopo le devozioni della sera
in queste case grigie ove impassibile
il tempo porta e scaccia volti d’uomini.
Dopo il discorso cadde su altri ed i suoi averi,
furono matrimoni, morti, nascite,
il mesto rituale della vita.
Qualcuno, forestiero, passò di qui e scomparve.
Io vecchia donna in questa vecchia casa,
cucio il passato col presente, intesso
la tua infanzia con quella di tuo figlio
che attraversa la piazza con le rondini.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Sobre El pozo y la pirámide

 

Sobre El pozo y la pirámide - Diego Bentivegna






Verde único del lago Mascardi, próximo a Nahuel Huapi: verde fresco, con toques dorados, hecho de carne de ondinas sudamericanas, bellas y analfabetas.

Alfonsina Storni, “Carnet de ventanilla. De Buenos Aires a Bariloche”, 1937.

 

El pozo y la pirámide asume una estructura ternaria. Es un esquema al que vuelvo en mi escritura. No sabría explicar bien por qué. Tal vez porque la idea del tres nos lleva a caminos conocidos y en el que podemos experimentar cierta seguridad, con sus evidentes connotaciones religiosas (la trinidad) y filosóficas (la dialéctica, la semiótica), pero también con sus explícitas referencias al tríptico pictórico, a la fulguración de una imagen discontinua y, al mismo tiempo, articulada.

 

A menudo pienso que la poesía no se encuentra tanto en el registro de experiencias, sino en su restancia[1]: en aquello que queda de ellas y que sobrevive, de un modo u otro, en la escritura. La escritura poética, en este punto, no oficiaría como una representación. Su condición sería más bien la de un residuo. No importa tanto qué es lo que que hay antes de la poesía, sino lo que que la propia escritura dispara, lo que la poesía toca a partir de la experiencia y que se vuelve, por eso, ella misma, la única experiencia verdaderamente interesante.

(...)





Para leer el texto completo, acá, en Präuse.

domingo, 23 de agosto de 2026

Un poema de Maria Borio (de Trasparenza, 2019)


DORSODURO


 

I



Las casas junto al agua tendrán solidez

pero los ojos alrededor no son humanos.

 

Entre atmósfera y atmósfera todo se transforma.

 

Un sonido humano es inhumano.

 

 

II

 

Las plantas acuáticas resisten. Imaginamos

que nos llegan desde un núcelo profundo.

 

 

 

El jardín está en equilibrio sin atmósfera,

se refleja en el agua por síntesis de luz

 

a través de la ciudad que tiene forma de pez

pero fluye sin naturaleza vegetal o animal.

 

Entonces papadópoli entre atmósfera y atmósfera

da una energía invisible, un equilibrio extendido.

 

 

Este jardín no tiene naturaleza, no es jardín.

 

¿El equilibrio sobre el agua es equilibrio?

 

 

III

 

 

 

El mal se esconde en la niebla del mar.

Un gancho la lleva de un lado a otro.

 

Nos perdimos de noche en esta orilla,

las luces oscilan sobre los hombros.

 

Ya no somos hombres, sino sonido

que cose dorsoduro a la giudecca.

 

 

Los motores escribían densamente el agua.

 

 

Ahora a lo real lleva un denso silencio.



Trad: Diego Bentivegna

Notas: 

Dorsoduro: uno de los barrios históricos de Venecia.

Giudecca: otro de los barrios venecianos. Es una isla, al sur de la ciudad, a la que sólo se accede a través de vía acuática.


Papadópoli: Palacio Paradopoli, palacio del siglo XVI, en el barrio de Santa Croce, también en Venecia. 



Dorsoduro

I

Le case sull’acqua avranno solidità
ma gli occhi intorno non sono umani.

Tra atmosfera e atmosfera tutto si trasforma.

Un suono umano è disumano.



 
II

Resistono piante d’acqua. Immaginiamo
che ci raggiungano da un nucleo profondo.

Il giardino è in equilibrio senza atmosfera,
si riflette nell’acqua per sintesi di luce

attraverso la città che ha forma di pesce
ma scorre senza natura vegetale o animale.

Allora papadopoli tra atmosfera e atmosfera
fa un’energia invisibile, un equilibrio steso.

Questo giardino non ha natura, non è giardino.
 
Equilibrio sulle acque è equilibrio?
 



III

Il male è nascosto nella nebbia del mare.
Un uncino lo porta avanti e indietro.

Ci siamo persi di notte su questa riva,
le luci oscillano sopra le spalle.

Non siamo più uomini ma suono
che cuce dorsoduro alla giudecca.

I motori scrivevano densamente l’acqua.

Ora un silenzio fitto nel reale portato.


De Trasparenza, Interlinea, 2019.


Maria Borio (Perugia, 1986).

lunes, 27 de julio de 2026

De un diario

 Ulises volvió todo el tiempo a las clases de este año de Siglo XX. Partimos de Auerbach, de la tensión entre Ulises e Isaac, de las dos formas de supervivencia que allí se configura, y llegamos al Ulises desastroso de Homero, que perece en la tormenta y que sigue naufragando en las páginas más memorables de Si esto es un hombre, que es también un canto, tal vez un poco ingenuo, a la condición mediterránea.

El sábado le compramos a Nica su primera Odisea para niños en la feria del libro infantil, al lado de la Facultad de Derecho.
No teníamos idea de que se estaba estrenando la película de Nolan sobre el poema homérico. No la vi y no sé si la veré porque me da una enorme fiaca meterme en una sala y porque en general huyo de las adaptaciones.
De Nolan no pude ver Oppenheimer porque me perdía en el relato y, para mí gusto, había demasiada información y demasiado estímulo.
Por otro lado mi Grecia, que no es un país sino una zona de la existencia, tiene más que ver con la pobreza pasoliniana y con los vuelos de Hölderlin que con otro cosa, y prefiero preservarla.
Me recuerdo, a los 18, leyendo en voz alta los versos de El archipiélago en la cuesta de nuestra casa en las sierras, con el cielo que amenazaba una tormenta terrible.
Mi padre me contó varias veces que recordaba mucho el episodio de Polifemo que había visto en una película cuando todavía vivía en Italia, en los años 50. Su familia le alquilaba un espacio abierto, no sé si un hueco que había quedado de la guerra, que estaba justo frente a su casa, en un pueblo de las montañas de Sicilia Justamente Sicilia era la tierra monstruosa de los cíclopes, que vivían en las cuevas con su economía rudimentaria y arcaica hasta que fueron perturbados por la astucia y por la voluntad de supervivencia.
Sorrento, la tierra de mis ancestros maternos, es según algunas tradiciones el país de las sirenas. Uno de los grandes templos dedicados esos seres del canto estaba en las costas de Sorrento ya desde la época de la fundación de la ciudad por los griegos.
Ayer estuvimos todo el día con Nica y con mi madre, su abuela, de 89 años. Mi madre recordó en un momento, bajo el sol del jardín, que el día parecía de otoño y que se cumplía un aniversario de la muerte de Eva Perón, que ella llegó a ver en algunos actos en un estado casi terminal. Se acordó también de que era el día de Santa Ana, patrona de los pescadores de Sorrento. La pequeña iglesia blanca que da al mar está, según se cree, cerca de donde se rendía el antiguo culto marítimo a las sirenas.
Hoy a la mañana, muy temprano, a las 7 de la mañana, jugamos a los cíclopes y a las sirenas con Nica.



sábado, 30 de mayo de 2026

Il pozzo e la piramide da Diego Bentivegna | Mag 22, 2026

 

Il pozzo e la piramide

da | Mag 22, 2026, e Nuovi Argomenti.


Vedo la mia scrittura poetica come resto di esperienze (un pozzo), che in un certo modo sono condensate in una forma (una piramide, ma in legno, provvisoria, senza le sue massicce connotazioni e le sue pretese all’eternità). Si tratta di esperienze che la scrittura mette in relazione e che sono in rapporto al viaggio come matrice esistenziale e ontologica (nel senso di forme di costruzione della soggettività), ma anche come matrice della scrittura.

*

La prima sezione, che porta lo stesso titolo del libro (El pozo e la pirámide, Buenos Aires, Audisea, 2022), può essere letta come una traccia, un residuo, di un viaggio nella provincia di La Pampa, nell’Argentina centrale.  Come indica il nome, la provincia (una categoria che non coincide con il “province” italiano, ma con ciò che in Italia si chiamerebbe “regione”) fa parte del paesaggio con cui l’Argentina è tradizionalmente legata: quello delle vaste pianure (le pampe come territorio, con minuscolo). È “il deserto / incommensurabile, aperto / e misterioso…” con cui si apre il poema La Cautiva del romantico Esteban Echeverría, del 1837, agli inizi della letteratura argentina.

*

In quella zona, fino alla cosiddetta “conquista del deserto” – una serie di campagne militari intraprese dallo stato argentino dal 1878 in poi – vivevano diversi popoli indigeni; uno dei principali, quello dei ranqueles (i rankülche, cioè, in lingua mapuche, il “popolo dei campi di canna”), aveva il suo centro a nord di La Pampa, in una frazione chiamata Leuvucó, quasi al confine con la provincia di San Luis e vicino all’attuale cittadina di Victorica, dove si possono ancora vedere i resti di un forte dell’esercito argentino risalente alle campagne contro i popoli indigeni.

*

Cerco Leuvucó su Google Maps; la ricerca non mi dà i risultati attesi. Google mi indirizza a un luogo con lo stesso nome, anch’esso nella regione delle pampe, ma nella provincia di Buenos Aires, non lontano dalla laguna di Epecuén, uno dei centri di vita dei popoli indigeni fino all’ Ottocento e dove la concentrazione di sale, si dice, è quasi alta quanto quella del Mar Morto. Il posto ha qualcosa di fantasmagorico. Di fuggente.

*

Leuvucó. In mapuche, al cui universo linguistico appartiene la lingua ranquel, ḻewfü significa ‘fiume’ e ko, ‘acqua’. Sono radici molto comuni nella toponomastica delle pampe e della Patagonia, sia in Cile, sia in Argentina: Futalaufquen, Cutral-Co, Realicó, Pichi-Picún-Leufú.

La persistenza del liquido nel nome – che è impercettibile, velato per i parlanti (come me) di spagnolo ma che, tuttavia, sussiste – mostra che il luogo era percepito nel XIX secolo come una sorta di oasi rigenerativa per i viaggi rigorosi attraverso la pianura. Forse queste suggestioni topografiche – quelle lingue che sembrano sommerse in un passato irrecuperabile e che, tuttavia, persistono – hanno un impatto in qualche modo sul tipo di esplorazione poetica proposta da El pozo y la pirámide.

 

Ora in mezzo a un campo

si alza una piramide in legno.

La cerchiamo.

È il monolito

che custodisce i resti di Mariano.

Per trovare il posto esatto

dove innalzare il monumento, due donne,

una signora anziana e sua figlia,

discendenti nella linea diretta del cacicco,

hanno percorso Leuvucó, nella campagna dove un tempo

furono eretti le tende dei ranqueles,

abitazioni come grandi animali,

armati con la pelle delle vacche

e con i tendini delle giumente.

 

(…)

“Scusate,” ci dice Diego,

che vive a Victorica,

che è figlio di siro-libanesi

e che ci porta nel suo camion al monolito –

“ma certo

è più piccola di quanto immaginassero.”

Tutto è un segno. Ogni cosa,

come nel mito,

è un gomitolo di sensi.

I segni alzano torri,

alzano città, alzano monumenti.

La piramide, il poema silenzioso,

è, forse, il segno dei segni.

La semiologia

può quindi essere compresa

come una scienza generale delle piramidi.

 

*

Lì, a Leuvucó, si trova oggi la tomba di Mariano Rosas, il lonko (termine usato dai mapuche e dai tehuelche per indicare quello che in spagnolo si traduce come cacique) di grande importanza nella storia dei ranqueles, che governò il destino di quel popolo fino alla sua morte, nel 1877, poco prima della conquista definitiva delle sue terre da parte dello stato nazionale.

 

Ora

i resti di Mariano sono custoditi

sulla pianura

in un tabernacolo quadrangolare di legno.

Il pozzo è il vuoto,

il pozzo è il mondo,

il pozzo è il buco del senso.

 

*

Durante le campagne militari iniziate nel 1878, i resti di Mariano Rosas furono trasferiti al Museo de La Plata, come parte di quello che poi si è chiamato “patrimonio biologico della nazione”. Fu il destino condiviso da molti dei cadaveri dei membri dei popoli indigeni delle aree delle Pampas e della Patagonia. Fu solo nel 2001, l´anno della grande crisi economica e politica argentina, che i resti di Mariano Rosas furono rimpatriati e trasferiti nelle loro terre ancestrali, a Leuvucó.

*

La tomba di Mariano Rosas è una piccola piramide, con una serie di incisioni che riprendono elementi della concezione ranquel del mondo, che condivide elementi con i mapuche e con altri popoli del sud del continente.

Sono passati diversi anni dal viaggio a La Pampa. Durante questo periodo, ho cambiato computer un paio di volte, con la conseguente perdita rituale di gran parte dei file che conservavo su di essi.  La foto che includo è una delle poche che rimane di quelle che abbiamo scattato durante il viaggio.

Una delle grandi opere della letteratura del XIX secolo è proprio Una excursión a los indios ranqueles, scritta da Lucio Mansilla quando l’incorporazione forzata definitiva di quei territori nello stato argentino non era ancora avvenuta. Lì, Mansilla, alla ricerca di un parlamento, come rappresentante dello Stato argentino con Mariano Rosas, immagina una possibilità di integrazione dei popoli indigeni, che contrasta con la virulenza nei loro confronti espressa in altre grandi opere della letteratura argentina del XIX secolo.

*

La terza sezione, “Hechos del Mascardi”, è il resto di un viaggio nell’area di Bariloche, in Patagonia, più a sud di La Pampa ma legata storica e culturalmente ad essa. Il paesaggio, però, muta radicalmente. Adesso, lo scenario del libro non è più la pianura arida e scarsamente popolata sull’orlo della desertificazione. È, invece, quello della catena montuosa patagonica, con le sue cime, i suoi laghi, le sue foreste secolari, i suoi misteriosi ghiacciai: un paesaggio sacro per i popoli che lo abitano. Non solo per gli indigeni. Anche per i criolli e per gli immigranti ed esuli europei (molti de la Mitteleuropa) e i loro figli che lì vivono.

 

RESTI DI UN’ELEGIA

 

Chi potrà sentirci, hai chiesto.

Sul ciglio della strada

il lago appena si muoveva

con una brezza soave

che per la regione, e a novembre,

era piuttosto benevola.

Ora entro il coro degli angeli.

A pochi chilometri di distanza si trovavano

quelle cose tremende: l’aria

trasparente,

la luce piena delle colline.

 

 

RESTI DI UN’ALTRA ELEGIA

 

Oltre, nelle profondità

dove vivono quelle più antiche, una delle pene

si è presa cura del ragazzo. Gli disse: “Guarda,

noi, molto tempo fa,

eravamo una sola famiglia,

facevamo parte di una stirpe molto ampia.

I nostri genitori

scavarono le miniere nella montagna grande,

attraversavano le colline di tanto in tanto, vedevano

da vicino i ghiacciai,

quei posti

dove tu e i tuoi amici

a volte trovano pietrificata collera

di un vulcano estinto,

piccole pietre

lavorate dagli antichi, selce,

punte di freccia,

grattugie, una pietra molto affilata,

un sasso piccolo.

Si imbattono con quei resti dei vecchi.”

 

In quel viaggio, che nella memoria si incrocia con i precedenti viaggi collettivi – viaggi intrapresi al confine tra adolescenza e giovinezza (un momento di letture intense e prime prove con la parola poetica) – abbiamo assistito a un episodio traumatico nelle rivendicazioni della popolazione indigena della zona, principalmente mapuche, in cui un giovane manifestante di quel popolo, Rafael Nahuel, fu morto per mano delle forze repressive della prefettura.

*

La sezione tra le precedenti, “Cartas K. y otros extractos”, ha un tono e una velocità molto diversi. È soprattutto un’opera tra archivio e scrittura poetica: un’opera di estrazione e “ricollocazione” delle lettere del missionario gesuita Nicoló Mascardi.

*

Mascardi nacque in Piemonte nel 1624 e trascorse gran parte della sua vita in Sud America, quando la Compagnia di Gesù era in piena espansione missionaria, culturale ed economica nei domini allora di Spagna e Portogallo.

Durante la sua lunga vita nelle regioni meridionali dell’America, il sacerdote piemontese effettuò osservazioni astronomiche, oceanografiche, vulcaniche e antropologiche, che inviò periodicamente al quartier generale dei gesuiti a Roma e, soprattutto, a un personaggio poliedrico, il tedesco Athanasius Kircher (nel libro, il sig. K.), considerato uno degli studiosi più rilevanti (e fantasiosi) della Compagnia.

In quegli anni, Kircher insegnava al Collegio Romano, dove aveva dato forma a una famosa Wunderkammer. Mascardi faceva parte della rete di informanti gesuiti di Kircher sparsi in tutto il mondo, che inviavano i loro dati a Roma e contribuirono a trasformare la città papale in uno dei centri di conoscenza dell’epoca barocca.

 

I poya sono un popolo totalmente sconosciuto,

antropofagi di genio feroce…

Lettera a K

*

Si usa una lingua di segni,

comune a tutti gli abitanti naturali del Regno

Lettera a K

*

Atanasio,

in questo luogo di barbari

mi sento in povertà

di strumenti di precisione,

nella regione dei poya,

oltre le Ande di Chiloé.

Lettera a K

 

*

Scrivere poesia forse significa mettersi al posto di uno, o di più, morti. È assumere, per un momento, quella posizione mortuaria. Parlare, paradossalmente, direbbe Blanchot, da quella posizione.

Mascardi fu ucciso nel 1673 durante il suo lavoro come missionario tra i popoli dell’area della cordigliera patagonica che oggi fa parte dell’Argentina. Una delle vetrate disegnate da Enrique Thomas per la cattedrale di Bariloche commemora il suo martirio.

Sintomaticamente, uno dei laghi più belli della regione, vicino alla città di Bariloche, fu chiamato così in onore del gesuita piemontese: il lago che abbiamo visitato durante il nostro viaggio il giorno in cui, nelle sue rive, Rafael Nahuel fu assassinato.

In diversi modi, quella seconda sezione è una sezione di passaggio: come abbiamo detto, tra l’esperienza delle pampe e quella patagonica; tra la scrittura in versi e la prosa originale di Mascardi, che conosco solo grazie alla mediazione di un suo studioso del ventesimo secolo, Guillermo Furlong, anche lui membro della Compagnia di Gesù; tra l’Europa cristiana e colonialista e il mondo americano; tra le lingue latine e le lingue indigene; tra oralità e scrittura; tra il secolo in cui viviamo e il settecento, il secolo barocco che uno dei grandi poeti e pensatori contemporanei, il cubano José Lezama Lima, colloca in un ruolo costitutivo per ciò che intendiamo come America Latina.

*

Il pozzo è magari anche il pozzo di Babele, a cui Kafka si riferisce enigmaticamente nel suo diario in una voce del 1920. Non è la turris Babel a cui Atanasio Kircher dedica uno dei suoi studi più noti (del 1679), ma il luogo dei detriti e, ancora una volta, del rifiuto e della restanza.

In un saggio su René Char, Blanchot scrive che la poesia non è mai del tutto presente. La poesia crea il vuoto; apre una pausa, una crepa. La pianura sterminata, la “vertige horizontal” di cui parlò Drieu La Rochelle a Borges in una lontana sera degli anni trenta ai confini urbani di Buenos Aires, non è soltanto quel luogo noioso agli occhi europei, sempre uguale a se stesso. È il posto dove uno si annoia e, in questa noia, si guarda. È una Stimmung, un´affezione, un poco come quella a cui allude Heidegger quando parla di una persona che si trova in una stazione ferroviaria, in attesa del treno che solo arriverà tra qualche ora.

In un certo senso, quella situazione di pianura è un analogo della poesia. Nella poesia che mi interessa, lei si distanzia da se stessa. Si torna rara. Diventa straniera.

 

Olivos, maggio 2026