martes, 2 de marzo de 2010

John Berger: Antonello da Messina


El pecado de ser espectador


LA CRUCIFIXION en la versión de John Berger, tributa a Antonello de Messina.


Estaba en Londres el Viernes Santo de 2008. Temprano por la mañana decidí ir a la National Gallery a ver la "Crucifixión" de Antonello da Messina. Es la pintura más solitaria que conozco de esa escena, la menos alegórica.En el trabajo de Antonello –y hay menos de cuarenta pinturas que se le atribuyen sin discusión alguna– hay un especial sentido siciliano de presencia que es desmedido, que rechaza toda moderación o autoprotección. Se puede escuchar lo mismo en estas palabras que dijo un pescador de la costa cercana a Palermo y que Danilo Dolci registró hace unas décadas."Hay veces que veo las estrellas por la noche, sobre todo cuando salimos a buscar anguilas, y me pongo a pensar. '¿El mundo es en verdad real?' No puedo creerlo. Si hay calma, puedo creer en Jesús. Si alguien insulta a Jesucristo, lo mato. Pero hay veces que no creo, ni siquiera en Dios. 'Si es cierto que Dios existe, ¿por qué no me da un respiro y un trabajo?'"*.En una Pietà que pintó Antonello –en la actualidad se encuentra en el Prado–, un ángel desvalido sostiene al Cristo muerto y apoya su cabeza contra la de él. Es el ángel más piadoso de la pintura.Sicilia, isla que admite la pasión y rechaza las ilusiones.Tomé el ómnibus hasta Trafalgar Square. No sé cuántos centenares de veces subí los escalones de la plaza que llevan a la Galería y, antes de entrar, a un panorama de las fuentes vistas desde arriba. A diferencia de muchos puntos de reunión urbanos famosos –tales como la Bastilla en París–, la plaza es, a pesar de su nombre, extrañamente indiferente a la historia. Ni los recuerdos ni las esperanzas dejan ahí su huella.

(del texto publicado en Ñ)

martes, 23 de febrero de 2010

Baudelaire


"Me aburro en Francia porque todo el mundo se parece a Voltaire (...). Voltaire o el antipoeta, el rey de los papanatas, el príncipe de los superficiales, el antiartista, el predicador de las porteras... Voltaire, como todos los perezosos, odiaba el misterio"

jueves, 11 de febrero de 2010

pavese: piedad y guerra civil





"Ho visto i morti sconosciuti, i morti repubblichini. Sono questi che mi hanno svegliato. Se un ignoto, un nemico, diventa morendo una cosa simile, se ci si arresta e si ha paura a scavalcarlo, vuol dire che anche vinto il nemico è qualcuno, che dopo averne sparso il sangue bisogna placarlo, dare una voce a questo sangue, giustificare chi l'ha sparso. Guardare certi morti è umiliante. Non sono più faccenda altrui; non ci si sente capitati sul posto per caso.Si ha l'impressione che lo stesso destino che ha messo a terra quei corpi, tenga noi altri inchiodati a vederli, a riempircene gli occhi. Non è paura, non è la solita viltà. Ci si sente umiliati perché si capisce - si tocca con gli occhi - che al posto del morto potremmo essere noi: non ci sarebbe differenza, e se viviamo lo dobbiamo al cadavere imbrattato. Per questo ogni guerra è una guerra civile: ogni caduto somiglia a chi resta, e gliene chiede ragione"
Cesare Pavese, La casa in collina, 1947-1948.

lunes, 11 de enero de 2010

Boca de sapo

Acá, el número 5.

martes, 22 de diciembre de 2009

Marcel Jousse: ser acunado

"Una frase que no se mece no sólo molesta a la respiración, como sostenía Flaubert, sino que molesta a todo el organismo. La mayor fuerza de convicción de un hombre radica en su capacidad para abrazar a su auditorio y acunarlo, como una madre acuna a su niño. Somos sustancialmente seres acunados y que se mecen".

Extraído de M. Jousse, "L`invention scientifique" (1934).

martes, 15 de diciembre de 2009

Miedo

El miedo adopta siempre la máscara, el estilo, de los tiempos. La oscuridad de la caverna del espacio cósmico, las visiones de los eremitas, los engendros del Bosco y de Cranach, los tropeles de brujas y demonios de la Edad Media, son eslabones de la eterna cadena de la angustia; eslabones de una cadena a la cual el ser humano se encuentra adherido como lo estuvo Prometeo al Cáucaso. Cualesquiera que sean los paraísos habitados por dioses de los cuales el hombre se libera— siempre le hace compañía, con mucha astucia, el miedo. Y siempre se le aparece como la realidad suprema, como una realidad paralizante. Si el ser humano penetra en los mundos rigurosos del conocimiento, se reirá del espíritu que le inspiraba angustia con sus quimeras e infiernos góticos. El ser humano casi no se da cuenta de que también él está preso en las mismas cadenas. Es cierto que lo someten a prueba los fantasmas que aparecen con el estilo del conocimiento en forma de hechos de la ciencia. Puede ocurrir que ahora el viejo bosque se haya transformado en una arboleda de la que se aprovecha la leña; en un cultivo económico. Pero siempre continúa estando en el bosque el niño extraviado. Ahora el mundo es el escenario de ejércitos de microbios; el apocalipsis amenaza como no había amenazado nunca antes, aunque ahora lo hace con las fórmulas de la física. En las neurosis, en las psicosis, sigue floreciendo la vieja locura. Y también será posible reencontrar allí al devorador de hombres, al antropófago, vestido con un disfraz transparente — no sólo en forma de explotador, de batidor en el molino de huesos del tiempo. Antes al contrario, el antropófago tal vez aparezca en forma de serólogo que, rodeado de instrumentos y retortas, medita sobre el modo de transformar el bazo humano, el esternón humano, en materia prima para extraer de ella medicamentos milagrosos. Cuando esto ocurre nos encontramos en el centro del viejo Dahomey, en el centro del antiguo México.

Ernst Jünger, La emboscadura.