martes, 23 de octubre de 2007

¿Quién soy?

Parte de la encuesta sobre el ensayo (ver post anterior).
¿Qué líneas de la tradición del ensayo crítico nacional considera relevantes y por qué?

En realidad, no pienso mucho en una tradición nacional al momento de reflexionar sobre mi práctica de escritura. Mi formación es, en principio, católica (palotinos alemanes), y por lo tanto universalizante, y luego enciclopedista, europea y cosmopolita (una formación de bachillerato, esa cosa vieja que parece estar muerta para siempre). Entre una adolescencia marcada por San Pablo, cuyas cartas son para mí un momento formativo determinante y hasta prelógico, palabras raras de sabor ligeramente oriental mezcladas con los más entrañables recuerdos de infancia, y una adolescencia más voltaireana, más cínica y en consecuencia más mediatizada y reflexiva. Además, criado entre familiares (hasta primos) italianos, curas alemanes y vecinos gallegos (que casi no hablaban castellano) y de la Mitteleuropa, debo decir que lo nacional, incluso la idea de un ensayo que quede recubierto de modo aproximativo por esa palabra, me parece algo lejano y exótico. En pocas palabras, soy argentino muy nuevo, prácticamente de primera generación, de modo que mi relación, incluso lingüística, con lo “nacional” en sus diferentes variantes es, cuanto menos, bastante precaria.
Siempre leí el ensayo escrito por argentinos (la idea de un “ensayo nacional” me parece una contradictio in adjectio) en serie con esa tradición occidental, para llamarla con la vieja fórmula de los viejos y amados estilistas del siglo XX, como Curtius o Auerbach. Para responder un poco a la consigna, puedo decirles que entre los argentinos, me gustan mucho los clásicos del XIX (la tríada Sarmiento, Wilde, Mansilla). En el medio, el viaje alucinado de Joaquín V. en Mis montañas y de Ricardo Rojas en la Historia.
Del siglo XX: ceo que el primer ensayo, o más o menos ensayo, que leí fue una Razón de mi vida que había en el galpón de la casa de mi abuela materna; lo primero que leí en italiano fue un libro de esa misma abuela que encontré en su mesita de luz: un libro de vidas de santos y de beatos o sencillamente de gente común que había tenido alguna experiencia más o menos directa con lo divino, por supuesto en el marco de la más rancia ortodoxia de Trento; era un libro de la época de su niñez monacal en Sorrento, de 1897 o a lo sumo 1901, no mucho después de que Ibsen, Nietzsche, Wagner y otros septentrionales pasaran por la pequeña ciudad recostada en el “golfo más bello de la tierra”. Me llamaba mucho la atención el nombre de las localidades italianas en su grafía original (Venezia, Sardegna (que era, para mí, un apellido, como Bentivegna), Firenze, Napoli). En su momento esos libros -así como el modo compulsivo, y obstinado, lleno de automatismos corporales, en que mis dos abuelas leían sus textitos devotos de tapas negras- me produjeron un gran impacto, aunque ahora hace mucho que no los releo; Borges (perdón por la obviedad, pero juro que es cierto), Martínez Estrada (aunque a veces sea tedioso), Massotta (sobre todo “Roberto Arlt, yo mismo”; el resto no tanto), los cuadernos de Mastronardi, las cositas de Juanele. La prosa de Ángel Vasallo me resulta muy atractiva.
(...)

jueves, 18 de octubre de 2007

miércoles, 3 de octubre de 2007

H. Arendt: amor-potencia-fuerza-muerte-ausencia


Traduzco de una traducción: del anticipio de la edición italiana de los diarios de Hanna Arendt que se puede encontrar en la edición de ayer de Il manifesto. Los fragmentos son de mayo y junio de 1953:

"El amor es una potencia y no un sentimiento. Se apropia de los corazones, pero no nace del corazón. El amor es una potencia del universo, en la medida en que el universo está vivo. Esa es la potencia de la vida y garantiza su continuación contra la muerte. Por ese el amor “supera” a la muerte. Apenas entra en posesión de un corazón, el amor se transforma en una potencia y eventualmente en una fuerza."

"Pero no bien esta potencia se apropia del hombre y lo arroja hacia otro y quema lo bajo del mundo y del espacio entre ambos, justamente el amor se transforma en “aquello que hay de más humano” en el hombre, o bien en una humanidad que persiste sin mundo, sin objeto (el amado no es jamás un objeto), sin espacio. El amor consuma, consuma el mundo, y da una idea de qué es lo que poría ser un hombre sin mundo. (Por eso, se lo piensa a menudo en relación con una vida en “otro mundo”, o bien en una vida sin mundo)."

"“El amor es una vida sin mundo. En cuanto tal, se manifiesta como creador de mundo; él crea, genera un mundo nuevo. Todo amor es el inicio de un mundo nuevo; esa es su grandeza y su tragedia. En efecto, en este mundo nuevo, en la medida en que no es tan sólo nuevo, sino precisamente amor, el amor sucumbe”.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Cuaderno de traducciones: Tiziano Scarpa


El órgano marino


Frente a la belleza de los paisajes
hay alguien que fuma mirando al horizonte,
que extrae su cámara y saca una foto,
que abraza a su noviecita,
que desafina una nana,
que escribe algún poema.


En todo caso, se siente la necesidad
de desbordarse, de hacer algo,
de desahogarse. También a ustedes los veo un poco inquietos.
La belleza hace hacer. Hace reaccionar.

Y sin embargo es superfluo
hacer algo
frente a la belleza;
ella no tiene necesidad de nada,
y mucho menos de nuestras reacciones.

Aquí pues el paisaje mismo se preocupa
de autoelogiarse.
Incluso de noche, o con mal tiempo,
el morske orgulje sigue repitiéndole
al mar que él es hermoso.

El mecanismo es ingenioso: la fuerza
de las olas hace de fuelle de un órgano
escondido en las piedras de la orilla.

La energía muscular
de los siervos que inflaban y desinflaban
ad maiorem dei gloriam
los fuelles para Johann Sebastian Bach
aquí el agua misma la provee.
Se escuchan cómo se filtran
las notas sol y do.
Un mugido gentil
sale por los agujeros hacia la tierra
y también por las fisuras de los escalones,
que imitan adrede
la forma de una armónica.
También nosotros ahí por un momento.

Pero luego nos alejamos.
Volvemos a escuchar
el ruido del mar,
sin las notas, sin los caños del órgano.


La música del agua,
el ritmo de las olas.
Nada nuevo, pero siempre consuela.
El mar es el verdadero órgano marino.


Podemos hamacarnos
con la ilusión de que es él quien reacciona,
con sus lentas caídas arrastradas,
a una belleza cualquiera,
desconocida para nosotros mismos,
pero que nos pertenece
y que debemos descubrir.

Trad: D. B.


Nota biográfica: T. Scarpa nació en Venecia en 1963. Es uno de los escritores jóvenes italiano más importantes. Ha publicado narrativa (novelas como Occhi sulla graticola, 1996, y relatos, como los reunidos en Amore®, 1998), textos de carácter ensayístico (Cos´è questo fracasso, 2000) y obras poético-teatrales (como Groppi d`amori nella scuraglia, 2005).
Los poemas seleccionados aquí forman parte de una serie surgido de un viaje a la ciudad dálmata de Zara (actualmente en territorio croata), publicado en el sitio de Internet Il primo amore.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Fragmentos de una encuesta

Algunas respuesta a la encuesta sobre el ensayo preparada por nuestros amigos de Bahía. La ecuesta completa puede leerse en él último número de La posición.



Encuesta al ensayo crítico[1]


1- ¿Qué entiende por “ensayo crítico” y qué lugar ocupa éste en su práctica escritural?
La primera parte de la pregunta es realmente complicada. Entre los géneros, si es que el ensayo puede considerarse como tal, uno de los que elude de manera más obstinada una definición más o menos clara o contundente es el ensayo. Creo que los ensayos sobre el ensayo que a principios del siglo pasado le dedicaran Lukács y Adorno al problema y las reflexiones de Said publicadas en nuestro país recientemente en el volumen El crítico..., son todavía las definiciones más contundentes del ensayo: intervenciones políticas que están más cerca de la poesía y de las prácticas no discursiva que cualquier otro género. Y además prácticas de escritura en las que todo está en transformación permanente, en la que todo es inmediatamente político. Prácticas de minorización política. No hay nada menor al ensayo, escrito en condiciones kafkianas, en horas arrancadas a la noche, puesto en circulación en ediciones en general muy modestas o en revistas de circulación restringida. Y al mismo tiempo no hay, tal vez, un género menos “genérico”, menos estable. El ensayo puede serlo todo.
En cuanto a mi práctica escritural, esrituraria, de escritura, como uno quiera llamarla, el ensayo ocupa, justamente, mucho, diría todo. En general escribo en un registro que no llamaría de contaminación de géneros o de trabajo con los géneros, sino en una escritura que quiere ser, más bien, un flujo continuo donde todo deviene todo. En ese sentido, no hay para mí un afuera del ensayo.

2- ¿Cuáles considera son las ventajas y desventajas de la práctica del ensayo crítico?
Otra vez, no me resulta fácil responder otra pregunta. Diría que la ventaja mayor es la de la experimentación más allá de las vulgaridades de la vanguardia, de la neovanguardia, de las tendencias literarias que trabajan en el plano del escandalete bobalicón y esas cosas tan nimias y aburridas. El ensayo me parece incompatible con esas cosas. El ensayo no es lúcido como la vanguardia ni soso como el escándalo permisivo. El ensayo, en cambio, tartamudea. Cojea. Desventajas: es difícil publicar ensayos, más allá de las revistas especializadas y de las ediciones humildes de las que hablábamos en el punto anterior. Hay prejuicios con respecto al ensayo. Que es aburrido, que no vende. Prejuicios, claro, no necesariamente errados.


[1] Preparada por Maximiliano Crespi y Mariano Granizo para La Posición –literatura y política–.

lunes, 20 de agosto de 2007

Paul Claudel: Fragmento de la Oda jubilar



para el sexto centenario de la muerte de Dante, escrita en Copenaghe en enero de 1921.


[Beatriz describe poéticamente Italia al poeta]




¡Mira este país que, de muchos, tú has transformado en una sola cosa que mira al sol!

¡Escucha este latín nuevo que me trajiste desde el Paraíso!

¡Mira esta columna italiana como a un cuerpo, esta tierra larga y apretada por el sol!

¡Yo nombro esta Llave real, este estilo que atraviesa el Corazón; yo nombro este instrumento de Tres Mundos entre el África y el Asia!

¡Observa este país que se construyó a sí mismo, que se expresa en su tumulto espontáneo,

Este largo animal sobre el mar, sobre su montón de músculos articulados.

Es el sello que cierra el Infierno, que toca este sol trémulo e inestable.

Entiende esta arquitectura de fuego que han rematado los temblores de la tierra y los torrentes.

¡Un cuerno acaso, esta canasta de nieve y de trigo, jarrón de manzanas y de uvas que rebasan!

¡No existe regla alguna mejor para medir el cielo que esta milla de mármol ni hay un grito más puro!

¡No existe barra más derecha entre los dos horizontes ni hay otro promontorio hacia el azul!

Trad: D. B.

miércoles, 15 de agosto de 2007

El reposo de Schlemihl


Algunas fotos del descanso en las sierras: la casita, Victoria y Luigi tomando sol de la tarde, la leña cortada.













Giovanni Pascoli: "Piano e monte" (Myricae)

Il disco, grandissimo, pende

rossastro in un latte d`opale:

e intaglia le case ed accende

i lecci nel nero viale,



che fumano come foreste,

di polvere gialla e vermiglia:

s´annuvola in rosa e celeste

quel botro color di conchiglia.


Qua lampi di vetri, qua lente

cantate, qua grida confuse:

là placido il muto oriente

nell´ombra dei monti si chiuse.


Si vedono opache le vette,

è pace e silenzio tra i monti:

un breve squittir di civette,

un murmure lungo di fonti:

via via con fragore interrotto

si serra la casa tranquilla:

è chiusa: nel bianco salotto

la tacita lampada brilla.

Versión (prosaica):

El disco, grandísimo, flota rojizo en su leche de ópalo, y talla las casas y enciende los árboles en el negro sendero

que humean, como en un bosque, en polvo amarillo y bermejo; se nubla en rosa y celeste el remanso color de conchilla.

Aquí, relámpagos de vidrio; aquí, cantares lentos; aquí, gritos confusos; allí, pacífico, el mudo oriente se cerró en la sombra de los montes.

Se ven opacas las cumbres; hay paz y silencio en los montes; un breve chillar de lechuzas, un largo murmullo de fuentes:

despacio, con fragor cortado, descansa la casa tranquila. Se cierra. En la blanca sala brilla la lámpara silenciosa.