"si no hay perturbación, no corresponde que haya deseo de conservarse ni temor de perderse".
lunes, 19 de noviembre de 2012
La grandeza de Arafat, de G. Deleuze
"Los EE.UU. y Europa les debían a los judíos una reparación. Y esta reparación se la hicieron pagar a un pueblo del cual lo menos que puede decirse es que no tenía nada que ver con ella, que era singularmente inocente de todo holocausto y que ni siquiera había oído hablar de él. El sionismo, y después el Estado de Israel, exigieron a los palestinos reconocimiento jurídico. Pero él mismo, el Estado de Israel, no ha dejado de negar el hecho mismo de la existencia del pueblo palestino. Nunca se habla de palestinos, sino de árabes de Palestina, como si hubiesen estado allí por casualidad o por error. Luego se hará como si los palestinos expulsados viniesen de otro lugar, nunca se mencionará la primera guerra de resistencia que llevaron a cabo completamente solos. Se hará de ellos los descendientes de Hitler, puesto que no reconocen a Israel su derecho. Pero Israel se reserva el derecho de negar su existencia de hecho. Aquí comienza una ficción que cada vez se extenderá más, y que pesará sobre todos los defensores de la causa palestina. Esta ficción, que es una apuesta de Israel, consistía en hacer pasar por antisemitas a cuantos pusieran objeciones a los hechos y a las acciones del Estado sionista. La fuente de esta operación fue la fría política de Israel con respecto a los palestinos."
Texto completo, aquí.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Teoría y método: Respuestas a una encuesta
Continuamos con las respuestas de la entrevista sobre teoría literaria y metodología que empezamos a publicar en el número anterior. En esta ocasión nos responden Diego Bentivegna (DB), Julieta Cardigni (JC), Fabricio Forastelli (FF) e Inés de Mendonça (IM).
1. Cuando encarás un nuevo proyecto de investigación (o en los que ya estés realizando), ¿qué lugar tiene la teoría literaria en tu trabajo?
DB: Si observara con cierta distancia mi propio trabajo, diría que en un comienzo los problemas estrictamente teóricos, para llamarlos de alguna manera, no ocupan en ellos un lugar determinante. Podría justificarlo diciendo que eso se debe fundamentalmente al tipo de problemas y de investigaciones que encaro. En términos generales parto de problemas que prefiero pensar en términos de relaciones, conflictos y disputas por el sentido. Tiendo a trabajar, así, con complejos de textos en los que leo el choque de materiales, la fricción con un archivo, el estallido de las series, como uno quiera llamarlo, y es a partir de la dinámica de esos mismos materiales desde donde, en todo caso, puedo llegar a plantear algún problema que afecte a lo teórico. Por supuesto, es algo obvio que, como sucede en toda investigación, cualquier delimitación de un problema implica algún tipo de decisión teórica, que en todo caso intento que funcione como un marco, como la explicitación de los discursos desde lo que se lee, y no como una determinación hasta las últimas consecuencias que expulse como un residuo aquello que ese marco no permite pensar. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, creo que el problema que en mi caso se plantea, y que seguramente tiene que ver con mis limitaciones, es que no sabría bien pensar cuál es el lugar de la teoría, qué es, en definitiva, eso que se llama teoría. Podría, de manera intuitiva y no demasiado reflexiva, relacionar lo teórico con una serie de autores o con un conjunto de textos, con un panteón y un corpus, es decir, con un canon, en el que estarían por supuesto todo el acento francés -Derrida, Foucault, Deleuze, Barthes, Kristeva, los formalistas rusos mediados por Todorov, Genette, bla bla bla- autores como Jameson o, más recientemente, Bhabha, Antelo, Moretti o Mignolo, Agamben, Badiou o Ranciére. Se trata, en todo caso, de un conjunto de intervenciones que operan en diferentes planos y que, por razones académicas, estrictamente académico-institucionales, se piensan como “teoría”, como si hubiera ahí un trabajo de abstracción, un “desmarcarse” de los modos políticos en las que esos textos, textos filosóficos o de crítica literaria o de historia cultural, han sido pensados. Entiendo que hay una operación teórica que opera por abstracción, como un esquema de representación en un nivel visual: teoría, como recuerda Heidegger, en relación con la visión, teoría como un cierre de las potencias del ser en Parménides y Heráclito, que pone en un primer plano una lógica apoyada en lo visual que estaría en este sentido, aunque por supuesto no es necesario dar crédito en todo a Heidegger, contrapuesta a la lógica del pensamiento. En fin, aun sin lograrlo probablemente del todo, intento no dejarme interpelar por esa captura teórica, que es también geopolítica y que afecta centralmente la política de las lenguas. Habría que revistar, en este punto, el estatuto del inglés y el lugar que ocupan las políticas de publicación y de traducción en la construcción de eso que llamaos teoría
Texto completo, acá.
domingo, 26 de agosto de 2012
Milo de Angelis: Pavese, la palabra justa
Mañana se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Pavese. Comparto estas palabras del poeta Milo de Angelis, de una transmisión radiofónica de la RAI:
Milo de Angelis, sobre Pavese
“Si tengo que nombrar a aquel que ha sido mi maestro más importante, aquel que en verdad me condujo en su mundo y en sus páginas, tengo que referirme a Cesare Pavese. Desde el comienzo, empecé a interrogarlo, porque encontré en él un hombre severo con los otros y consigo mismo. Sí, un hombre severo, que no endulzaba el juicio, inflexibles sonidos y palabras; y un muchacho necesita de esa severidad, de ese peso que se da a todo encuentro, a cada elección. Para Pavese cada elección de vida y de literatura es como si tuviera lugar delante de una corte marcial, o en el día del juicio. Pavese atribuye un valor capital a cada libro, y la literatura es para él un camino obligado. No hay otras vías expresivas.
Pavese pertenece a la raza de los grandes solitarios, como Leopardi o Campana, escritores que no han encontrado protección en una fe social o religiosa. Caminaron, solitarios, por el borde de los pozos, fueron puestos en jaque por la vida. Han sufrido sus asaltos, sus incursiones, sus heridas mortales.
Y sobre todo Pavese es un escritor del regreso, una creatura del regreso. Parece atravesado continuamente por este motivo. Es un maestro del regreso. Los lugares amados lo llaman. Le piden que encuentre la palabra exacta para expresarlos. Les piden ser nombrados. Pero nombrados con precisión. Llamados con su nombre justo. Con su verdadero y único nombre. Y encontrar el nombre es crucial y dar voces a esos lugares que de otro modo permanecerían mudos. Es crucial. Es una cuestión de vida o muerte.
Pero todo, todo en Pavese lo es. Incluso la mujer es mortal. La mujer está atravesada por demonios. La mujer en Pavese no es más la compañera de un ritmo cotidiano, de un ritmo en el que se discierne la obra y los días. No. Es ignota por su esencia. Es nocturna, amenazadora, alarmante, inaprensible. El mundo de Pavese está hecho de contrastes absolutos, de polos opuestos que no se concilian, de antinomias que permanecen allí, una frente a la otra, como perros rabiosos. Y la mujer está en el centro de estos contrastes.”
lunes, 13 de agosto de 2012
antiaier en Ñ: Aulicino, sobre Xul y Pasolini
"Xul escribió sus visiones del I Ching –de eso se trata– en su propio idioma años antes de que Erich Auerbach escribiera y publicara Mímesis (1942), un libro que influyó decisivamente en la formación cultural de Pier Paolo Pasolini, como bien recuerda Diego Bentivegna en el estudio preliminar a la reciente edición de La divina mímesis, de Pasolni, en El cuenco de plata. Traigo a colación este libro no sólo porque el destino puso a disposición del lector argentino los San Signos y La Divina Mímesis casi al mismo tiempo, sino porque la obra de Dante Alighieri, y sobre todo, su invención de una lengua, tiene considerable relación con uno y otro volumen.
Pasolini, que a mi juicio leía rápido pero muy agudamente, vio en el libro de Auerbach que el concepto de mímesis no era atribuible a la imitación de la realidad, sino a la imitación y apertura del lenguaje, como indica Bentivegna en su estudio sobre La divina mímesis. El concepto principal a mi juicio (y por cierto no sólo mío) del libro de Auerbach es que el cristianismo corrompió la poesía clásica al introducir el “estilo bajo” en convivencia con el “estilo elevado”, consagrado a dioses y héroes. Esta labor comienza en rigor en La Biblia misma."
Jorge Aulicino, anti ayer, en Ñ.
martes, 10 de julio de 2012
"Teología y lenguaje funciona de, al menos, dos modos. Por un lado, estas conferencias y artículos son una introducción al pensamiento de Agamben. En ellos, se vuelve sobre conceptos centrales de su obra (homo sacer, soberanía, forma-de-vida e infancia) y se ponen en juego los planos del pensamiento sobre los que despliega su filosofía: la teología y la filosofía política pero también la estética y la lingüística. Por otro lado, los textos recogidos se proponen como estaciones en la bibliografía del autor. Cada uno a su modo dialoga con la obra-Agamben y, por eso, podrían ser pensados como pre-textos, como cajas de resonancias textuales. En este sentido, el lector ya experimentado en el pensamiento agambeniano podrá leer Teología y lenguaje como un conjunto de propuestas, como una serie de proto-libros imaginarios."
miércoles, 4 de julio de 2012
viernes, 29 de junio de 2012
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