lunes, 4 de marzo de 2013

Toni Negri: “Es la pobreza lo que le falta a la Iglesia"

por EL ARRIERO el 01. MAR, 2013 en UNCATEGORIZED (tomado de el puercoespín febrero 18/2013) Hace más de veinte años salió la encíclica Centesimus Annus, del Papa polaco, en ocasión del centenario de la Rerum Novarum –era el manifiesto reformista, fuertemente innovador, de una iglesia que se pretendía ya la única representante de los pobres después de la caída del imperio soviético. A ese documento, mis compañeros parisimos de Futur Antériur y yo dedicamos un comentario que era, a la vez, reconocimiento y desafío: lo titulamos “La V Internacional de Juan Pablo II”. Veintidós años después, el Papa alemán abdica. Se declara no sólo fatigado del cuerpo e incapaz de oponerse a los enredos y la corrupción de la Curia romana, sino también impotente de ánimo para enfrentar el mundo. Esta abdicación, sin embargo, sólo puede sorprender a los miembros de la curia –todos aquellos que prestan atención a las cosas de la iglesia romana saben que otra abdicación, mucho más profunda, ya había ocurridohace rato, bajo Juan Pablo II, cuando, con el ferviente apoyo de Ratzinger, se acabó con la apertura a los pobres y el compromiso con una iglesia renovada por la liberación de los hombres de la violencia capitalista y de la miseria. ¿Había sido pura mistificación aquella encíclica de 1991? Hoy debemos reconocer que es probable. De hecho, en América Latina la iglesia católica destruyó todo foco de la teología de la liberación, en Europa volvió a reivindicar el ordo-liberalismus, en Rusia y en Asia se halló incapaz de desarrollar aquel proselitismo que el nuevo orden mundial le permitía, y en los países árabes e iraníes vio a los musulmanes, con sus diversas sectas y fracciones, tomar el lugar del socialismo árabe (y, a menudo, cristiano) y del comunismo chiíta en la defensa de los pobres y en el desarrollo de las luchas de liberación. La aproximación a Israel se realizó no en nombre del antifascismo y de la denuncia de los crímenes nazis, sino en nombre de la defensa de Occidente. La paradoja más significativa se puso de manifiesta en el hecho de que al gran impulso misional (que se había desarrollado autónomamente después del Concilio Vaticano II) se lo hizo refluir hacia las ONG, rígidamente especializadas y depuradas de cualquier característica genéricamente “franciscana”. Estas ONG terminaron por dedicarse a la práctica de esos “derechos del hombre” que la iglesia (y los dos papas, el polaco y el alemán) rehusaba reconocer en los países europeos o de América del Norte, donde todavía expresaban, con resonancias anticlericales y republicanas, las instancias (residuales, no obstante eficaces) de la laicicidad humanista e iluminista. En vez de estar a la izquierda de la socialdemocracia, como la Centesimus Annus proponía, el papado se halló, así, replegado sobre la derecha del panorama social y sobre una derecha política que a menudo hacía guiños a los Tea Parties (también europeos). Ahora el Papa alemán abdica. Es casi divertido oír hablar a la prensa de todo ese mundo que todavía tienen intereses en el acontecimiento (muy limitado, incluso si se considera el espacio global). Le pide al nuevo Papa que reconozca el ministerio eclesiástico de las mujeres, que vuelva colegiada –de un modo burgués—la administración de la iglesia, que garantice una posición de independencia respecto de la política… Pedidos banales. ¿Acaso tocan lo esencial? Con toda seguridad, no: es la pobreza lo que falta a la iglesia. Y sería, al fin, el momento de comprender que el Papa no es un rey pero debe ser pobre, no puede sino ser pobre. ¿Tratarán de enmascarar el problema promoviendo a un africano, o a un filipino, al papado? ¡Qué horrible gesto racista sería si el Vaticano y sus oros y sus bancos y su política dogmática a favor de la propiedad privada y del capitalismo, siguieran siendo blancos y occidentales! Piden que se conceda a las mujeres el sacerdocio: ¿no es hipocresía ppura, cuando no se les pasa siquiera por la antecámara del cerebro que Dios pueda ser declinado en femenino? Quieren colegialidad en la gestión de la iglesia: pero ya Francisco enseñó que la colegialidad podía darse solo en la caridad. Etc., etc. La iglesia del Papa polaco y del Papa alemán ha concluido el proceso de aniquilación del Concilio Vaticano II, y esta liquidación, desgraciadamente, no ha representado jamás una “guerra civil” en el interior de la iglesia de roma, sino sólo unas estocadas entre prelados –también sangrientas, como en el caso de la neutralización del cardenal Martini, pero siempre se trató de esgrima. Así, poniendo una piedra encima del Concilio, estos dos últimos papas han bloqueado un impetuoso movimiento de renovación religiosa. Sobre todo han confundido a la iglesia y Occidente, el cristianismo y el capitalismo: era aquello que la Centesimus Annus prometía no hacer más una vez salidos de la histeria antisoviética. No bastaba, sin embargo, con proclamar la pobreza para subordinar las formas de vida del Occidente capitalista al cristianismo: tocaba practicar la pobreza, alimentarla, como una revolución. Ante las crisis monetarias, productivas y sociales, los cristianos habrían deseado una nueva y adecuada definición de la “caridad”, del “amor por el prójimo”, de la “potencia de la pobreza”, de parte de la iglesia. No la han obtenido. Y, con todo, mucho militantes cristianos rechazan esta declinación que el Vaticano y Occidente parecen recorrer juntos. Algunos piensan, entonces, que “la renuncia de Benedicto podría finalmente conducir a la iglesia fuera del siglo XIX”; otros, que producirá una reflexión profunda y el reconocimiento de la necesidad de una reforma. ¿Pero no tienen en cambio razón aquellos que piensa que nos hallamos delante de “la agonía de un imperio enfermo”? ¿Y que aquel gesto de Benedicto no es otra cosa que una coartada oportunista, una tentativa extrema de huir de la crisis? Lo único de lo que estamos seguros es de que cualquier reforma doctrina será totalmente inútil si no es precedida, acompañada y terminada mediante una reforma radical de las formas de presencia social de la iglesia, de sus mujeres y de sus hombres. Solo si estos logran ligar la esperanza celeste y la terrena. Y entonces, a hablar de nuevo de la “resurrección de los muertos” ocupándose de los cuerpos, del alimento, de las pasiones de los hombres que viven. Esto implica romper con la función que el Occidente capitalista ha confiado a la iglesia –la de pacificar, con esperanzas vacías, al espíritu que sufre; la de tornar culpable el alma de quien se rebela. La discontinuidad producida por la abdicación de Benedicto suscitará efectos de renovación cuando la acompañe el rechazo a representar la “Iglesia de Occidente”. Quizás ha llegado el momento de destruir esta identidad sobre la estela de cuando había propuesta la Centesimus annus más de veinte años atrás y de reconocer a los trabajadores la identidad de los explotados, en Occiente, por Occidente. Pero si no lo logró el Papa polaco de entonces, es dudoso que pueda lograrlo un alumno suyo de carisma débil. La obra ha sido legada, pues, a los cristianos. A todos nosotros.

viernes, 11 de enero de 2013

José del Valle: Obituario de Isaías Lerner

Querida Argentina: Te escribo con el corazón en un puño para decirte la muerte de uno de los tuyos. Isaías Lerner falleció anteanoche en su casa del neoyorquino barrio de Chelsea. Murió de una singular forma de cáncer de pulmón, una que, según parece, suele afectar a obreros de la construcción. Murió pues un obrero de la filología (“una profesión como otra cualquiera”, insistía Isaías), minero de un archivo que trabajó con tesón y afecto, con erudición e ironía cervantina. Nacido en Buenos Aires y de origen judío, vivió su juventud en Callao, muy cerca de Corrientes. Dio clase de latín y griego en el Nacional de Buenos Aires y fue secretario del Instituto de Filología. Y, como para tantos latinoamericanos, llegó el exilio. Se instaló en EEUU, en Illinois primero, donde realizó el doctorado, y en Nueva York después, en cuya universidad pública, CUNY (City University of New York), ejerció la docencia hasta el pasado mes de mayo. Su compromiso con la institución y, a través de ella, con la educación pública fue generoso e inquebrantable. Supe un día, ya hace años (cuando los sobresaltos de Nueva York eran muy otros), que, además de los cursos de doctorado que le correspondía impartir, daba una clase de historia de la lengua voluntariamente los lunes por la noche en nuestro campus de Harlem, en el City College of New York. Cuando le pregunté, sorprendido, por ese arreglo, me contestó: “Para ir a Harlem por la noche a estudiar historia de la lengua, hacen falta dos cosas: un par de cojones y muchas ganas de aprender. Y a gente así yo le doy clase gratis”. Y así era que los lunes por la noche se ganaba el afecto y la admiración de jóvenes (y no tan jóvenes) estudiantes que escuchaban cautivados (según me ha relatado más de un testigo) las vicisitudes de yod, las singularidades del lenguaje de Berceo, las manías perfeccionistas de Alfonso El Sabio y la crisis de las sibilantes. Fue Isaías uno de los más finos lectores de El Quijote. Es suya, de hecho, una de las más emblemáticas ediciones del clásico, que emprendía con Celina Sabor de Cortazar. No era una edición más. Se nos leía el Quijote desde América (“La Americana” le llaman algunos a esta edición) y, en el acto, se hacía un reclamo trasatlántico de la propiedad cultural y crítica del preciado texto cervantino. La sombra de Isaías es larga y ancha, y su legado intelectual queda no sólo en las bibliotecas del mundo que se precien de serlo sino en la sabiduría y espíritu crítico de innumerables exalumnos y colaboradores en quienes dejó las marcas de su inteligencia y de su afecto. En los once años que fuimos compañeros de trabajo, no tuve aliado más fiel, mentor más lúcido y generoso. En los dos últimos, en que me tocó ser director de departamento, en que me tocó la humillante tarea de ser jefe de Isaías, guerreamos incesantemente. Fue el más formidable de mis adversarios y el más entrañable de mis amigos. Lo echaré de menos. Le lloraré al vacío que deja. Honraré su memoria, Argentina, como sé que tú harás. Emocionadamente, José

domingo, 16 de diciembre de 2012

Premios Municipales de la Ciudad de Buenos Aires - Bienio 2006-2008

ENSAYO OBRA ÉDITA: Primer Premio: PESOS CINCO MIL ($5.000) a Diego Luis Bentivegna (en arte. Diego Bentivegna), por su obra "Paisaje oblicuo". Segundo Premio: PESOS DOS MIL QUINIENTOS ($2.500) a Rocco Carbone, por su obra "Imperio de las obsesiones". Tercer Premio: PESOS UN MIL QUINIENTOS ($1.500) a Mario Enrique Salvador Gallina, por su obra "Querida Lolita". Mención Honorífica: a Celina Alicia del Valle Garay, por su obra "Mitografías del cuerpo". ENSAYO OBRA INÉDITA: Premio Único: PESOS UN MIL ($1.000) a Beatriz Isabel Isoldi, por su obra "El Pacto secreto”. Mención Honorífica: a Susana Nelly Romano Sued (en arte: Susana Romano Sued), por su obra "El dilema de la traducción".

lunes, 26 de noviembre de 2012

Néstor vive (II)

Perlonghenriana: "...reventados, los que ellos hanacabado, perseguido, apaleado hasta la crucifixión, haciéndoles la vidaimposible. De ahí que ellos escupían, insultaban, mataban, robaban,para vengarse, porque era algo insoportable. Genet tuvo que aplaudir la invasión nazi, no le quedaba otra. Yo querría que llegasen los árabes de una vez por todas. El gran error de Hitler fue no haber destruido París." (N.P.)

Néstor vive (I)

Perlongher: "¿Por qué no haber incendiado (los alemanes, nota mía, D. B.) el Louvre, ese lugar roñoso? Es una vergüenza, todo lo que robaron a través de miles de años lo amontonan en ese mamotreto. Produce un mareo. ¿Qué hace un cachode muro de Babilonia ahí, cómo habrá hecho (¿Napoleón?) parahurtarlo y trasladarlo?" (N. P.).

lunes, 19 de noviembre de 2012

La grandeza de Arafat, de G. Deleuze

"Los EE.UU. y Europa les debían a los judíos una reparación. Y esta reparación se la hicieron pagar a un pueblo del cual lo menos que puede decirse es que no tenía nada que ver con ella, que era singularmente inocente de todo holocausto y que ni siquiera había oído hablar de él. El sionismo, y después el Estado de Israel, exigieron a los palestinos reconocimiento jurídico. Pero él mismo, el Estado de Israel, no ha dejado de negar el hecho mismo de la existencia del pueblo palestino. Nunca se habla de palestinos, sino de árabes de Palestina, como si hubiesen estado allí por casualidad o por error. Luego se hará como si los palestinos expulsados viniesen de otro lugar, nunca se mencionará la primera guerra de resistencia que llevaron a cabo completamente solos. Se hará de ellos los descendientes de Hitler, puesto que no reconocen a Israel su derecho. Pero Israel se reserva el derecho de negar su existencia de hecho. Aquí comienza una ficción que cada vez se extenderá más, y que pesará sobre todos los defensores de la causa palestina. Esta ficción, que es una apuesta de Israel, consistía en hacer pasar por antisemitas a cuantos pusieran objeciones a los hechos y a las acciones del Estado sionista. La fuente de esta operación fue la fría política de Israel con respecto a los palestinos." Texto completo, aquí.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Teoría y método: Respuestas a una encuesta

Continuamos con las respuestas de la entrevista sobre teoría literaria y metodología que empezamos a publicar en el número anterior. En esta ocasión nos responden Diego Bentivegna (DB), Julieta Cardigni (JC), Fabricio Forastelli (FF) e Inés de Mendonça (IM). 1. Cuando encarás un nuevo proyecto de investigación (o en los que ya estés realizando), ¿qué lugar tiene la teoría literaria en tu trabajo? DB: Si observara con cierta distancia mi propio trabajo, diría que en un comienzo los problemas estrictamente teóricos, para llamarlos de alguna manera, no ocupan en ellos un lugar determinante. Podría justificarlo diciendo que eso se debe fundamentalmente al tipo de problemas y de investigaciones que encaro. En términos generales parto de problemas que prefiero pensar en términos de relaciones, conflictos y disputas por el sentido. Tiendo a trabajar, así, con complejos de textos en los que leo el choque de materiales, la fricción con un archivo, el estallido de las series, como uno quiera llamarlo, y es a partir de la dinámica de esos mismos materiales desde donde, en todo caso, puedo llegar a plantear algún problema que afecte a lo teórico. Por supuesto, es algo obvio que, como sucede en toda investigación, cualquier delimitación de un problema implica algún tipo de decisión teórica, que en todo caso intento que funcione como un marco, como la explicitación de los discursos desde lo que se lee, y no como una determinación hasta las últimas consecuencias que expulse como un residuo aquello que ese marco no permite pensar. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, creo que el problema que en mi caso se plantea, y que seguramente tiene que ver con mis limitaciones, es que no sabría bien pensar cuál es el lugar de la teoría, qué es, en definitiva, eso que se llama teoría. Podría, de manera intuitiva y no demasiado reflexiva, relacionar lo teórico con una serie de autores o con un conjunto de textos, con un panteón y un corpus, es decir, con un canon, en el que estarían por supuesto todo el acento francés -Derrida, Foucault, Deleuze, Barthes, Kristeva, los formalistas rusos mediados por Todorov, Genette, bla bla bla- autores como Jameson o, más recientemente, Bhabha, Antelo, Moretti o Mignolo, Agamben, Badiou o Ranciére. Se trata, en todo caso, de un conjunto de intervenciones que operan en diferentes planos y que, por razones académicas, estrictamente académico-institucionales, se piensan como “teoría”, como si hubiera ahí un trabajo de abstracción, un “desmarcarse” de los modos políticos en las que esos textos, textos filosóficos o de crítica literaria o de historia cultural, han sido pensados. Entiendo que hay una operación teórica que opera por abstracción, como un esquema de representación en un nivel visual: teoría, como recuerda Heidegger, en relación con la visión, teoría como un cierre de las potencias del ser en Parménides y Heráclito, que pone en un primer plano una lógica apoyada en lo visual que estaría en este sentido, aunque por supuesto no es necesario dar crédito en todo a Heidegger, contrapuesta a la lógica del pensamiento. En fin, aun sin lograrlo probablemente del todo, intento no dejarme interpelar por esa captura teórica, que es también geopolítica y que afecta centralmente la política de las lenguas. Habría que revistar, en este punto, el estatuto del inglés y el lugar que ocupan las políticas de publicación y de traducción en la construcción de eso que llamaos teoría Texto completo, acá.