miércoles, 29 de julio de 2015

Reseña de La república posible (Bentivegna, Niro, eds.) por Adriana Mancini


La república posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia, Diego Bentivegna y Mateo Niro (eds.).
Buenos Aires, Cabiria, 2014, 272 págs.



La literatura, hemos aprendido en este país agraviado por cruentos Golpes de Estado en el pasado, cargó sus espaldas con la no siempre posible tarea de mostrar el revés de la trama de la historia oficial. Censurados en su momento, los textos literarios, desafiantes, guardaron silencio en los años dictatoriales, pero acumularon los hechos en la memoria de la escritura clandestina. “La memoria, […] no se plantea en la literatura como lo dado, sino como aquello que tiene que ser trabajado” aseguran los editores en el excelente prólogo de La república posible. Los estragos del exilio, desapariciones, tortura, abuso de poder, la guerra del Cono Sur y la muerte en todas sus manifestaciones fueron emergiendo en los albores de la democracia. Lenta pero implacable, la literatura de esos años hasta el presente no sólo trabaja sobre un material que desde diferentes perspectivas sigue sorprendiendo, sino que permite a la crítica que la aborda una lectura montada en la paradoja del futuro perfecto; es decir  “[…] imaginar cómo habrá sido la literatura de un mundo futuro”.
Los treinta ensayos que componen esta original edición remiten a treinta obras publicadas en treinta años de democracia. Treinta críticos, escritores, poetas (los géneros habrán tendido a fundirse) eligen sin condicionamientos su obra dilecta posibilitando una bienvenida república, en las letras. No sorprende que el primer artículo sea sobre Los Pichiciegos de Fogwill; tampoco desentona la lectura presente de una novela escrita en sincronía con una guerra arbitraria y sangrienta que signó el destino de los militares del poder: “Contada como farsa de guerra, Los pichiciegos revela lo que la guerra tuvo en sí misma de farsa”. Otra línea se desprende de Las islas de Gamerro, novela que resuelve la dificultad de contar una guerra sin caer en una gesta patriótica, subrayando grietas sociales y la represión militar. En Alambres de Perlongher se enfoca el legado de la dictadura –“Cadáveres”–  y el concepto teórico de desterritorialización adoptado para representar el desarraigo “de la  patria, lengua, […] del cuerpo vivo”.  La lectura de El aire de Chejfec (aunque opacada por el error en el título de un reconocido cuento de Cortázar) rescata una sugerente anticipación de ciertos hechos económicos y sociales. Asimismo, en El dock de Sánchez y Rapado de Rejman hay rastros de ese “futuro perfecto”: ambos serían referentes de la “ficción política” por venir. De Cortázar y Dunlop se eligió Los autonautas… porque  “lo programado como poética aparece ya transformado en escritura”.
Los desplazamientos migrantes son los ejes en La italiana de Suarez y Stefano de Andruetto; la tecnología en riesgo de arcaizarse surge de las múltiples facetas de Los años 90 de Link; la sobredimensión  –“una carcajada homérica”– en el “espíritu de los años 60” en consonancia con los 80 en El fervoroso idiota de Llinás. Desde el Borges de Bioy, donde “ambos están haciendo literatura”, hasta la sensibilidad revelada en Los cuentos del sapo de Villafañe; desde Tartabul de Viñas, “capaz de medirse con toda la literatura argentina”, a  El desierto y la semilla de Baron Biza en la que el “cuidadoso trabajo sobre el habla de los personajes” no ensombrece su “siniestra  excentricidad”; desde El trabajo de Jarkowski donde la tensión entre lo erótico y lo social sucumbe en enamoramiento (de una lectura comprometida con un “nos” inclusivo); y la extrañeza sobre lo cotidiano en la creación de Uhart y la mediocridad del pensamiento burgués desnudado en Vivir afuera de Fogwill; incluso, la posibilidad de “hablar de la dictadura sin mentarla” en El colectivo de Almeida: todos son senderos que aunados arman La república posible.
A su vez, las lecturas de los poetas escanden las travesías de la memoria e insertan rastros más sutiles aunque no menos corrosivos. Una “poderosa” vuelta a la gauchesca, en El gran surubí de Mairal; “una zona de reflexión” en Estado de Reverencia de Godino; la puesta en abismo en El affair Skeffington de Moreno. En Violín obligado de Gianuzzi se afirma “no hay cadáveres. Hay una presencia ominosa de la muerte”; y en la contracara, la elección de Los conjurados por ser “el más sereno y más alegre” de los libros de Borges; Escribanía de vivos y muertos de Martínez transfigura la humillación en la infancia y vejez; la Antología de Mermet reafirma que “la relación de la escritura con el mundo es el feliz juego de una tensión”; El vespertillo y las parcas de Carrera exalta “las palabras contadas por la vitalidad de esas mujeres” y Finlandia de Aulicino “consolida una expresión poética que participa tanto de la evocación histórica con acento coral como del doliente yo”. 


Hay entre las lecturas dos reflexiones que configuran ese espacio donde el libro y su propósito –la literatura– se repliegan y encuentran su mínima expresión, su matriz. Padeletti, concluye su crítico, entrega sus Poemas 1960/1980 “gestándose con ese estilo de semillas que siguen su ruta cifrada” y otro lector de esta “república posible” apunta, sobre la Poesía completa de Inchauspe, que la osadía de “reunir palabras, juntarlas pacientemente, combinar vocablos, resulta un tipo de tarea que procura detener una imagen en el curso del tiempo”.

miércoles, 15 de julio de 2015

Antología in italiano (Las reliquias - La pura luz)

    Comparto una selección de poemas traducidos al italiano de Las reliquias y de La pura luz, que está por salir en breve, en el sitio de la revista Nuovi argomenti, que dirigieron en su momento Moravia, Sciascia, Pasolini. Estoy muy feliz y agradecido. Acá, la antología.

viernes, 10 de julio de 2015

De En el magma, de Mario Luzi (en Hablar de poesía, 31: Córdoba-París, 2015)

Mario Luzi: En el magma

Nota preliminar de Milo de Angelis
Selección y traducción de Diego Bentivegna


Breve viaje entre las sombras de Mario Luzi. [1] Para quien ha pasado gran parte de su vida leyendo versos, manuscritos mecanografiados, libros de poesía, manifiestos literarios que se refieren unos a otros en un movimiento perpetuo, es inevitable tener tres o cuatro puntos cardinales de referencia, literalmente; puntos cardinales que reúnen en sí esa densa trama de experiencias, tres o cuatro caminos consulares que atraviesan la ciudad de la poesía y te conducen allí donde deseas llegar, a un cúmulo de calles que llevan el nombre de un poeta y que coinciden con las que teníamos dentro de nosotros. Mario Luzi es una de esas calles. No es la que encontré primero. Antes, había encontrado a mis semejantes. Encontré a Pavese, a Montale, a Benn, a Celan, a los autores trágicos. Luego, hubo otros poetas, muy pocos, y entre ellos Mario Luzi.

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viernes, 3 de julio de 2015

Hablar de poesía nro. 39 (Córdoba-París: junio de 2015)

    Salió el nuevo número de Hablar de poesía, ahora coeditado en Córdoba y en París. Traducciones de Montale de Herrera, de Ted Hughes por Alejandro Crotto y Diego Alfaro, poemas de Laura Wittner, ensayo de Mallarmé sobre Wagner, traducciones de Mario Luzi a cargo de un servidor, entre otras lecturas.

     http://hablardepoesia.com.ar/tapa/numero-31/

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la Obra poética de Joaquín Giannuzzi (Ediciones del Dock, 2015)


Obra completa. Compleja y contradictoria, la voz de Joaquín Giannuzzi interpeló a su época y se erigió como antecedente de la poética de los 90.

Por Diego Bentivegna, acá.

martes, 23 de junio de 2015

En portugués

Vejo uma cabeça
cheia de eletrodos.
Não é a cara de outro?
...
Tenho oito anos

estou com a cabeça

repleta de eletrodos.

É a cara de outro,

com seus traços

desenhados numa lâmina de papel,

que se dissolvem numa superfície branca.

A mente se dilui como um rio;

É uma sinuosidade,

um vestígio, um fosso, um naufrágio.

***

Diego Bentivegna, "La pura luz" (Cabiria ediciones, Buenos Aires, 2015)
{trad. davi pessoa}

imagem: Claudio Parmiggiani, sem título, 1944

sábado, 20 de junio de 2015

Daniel Link, sobre la Obra Reunida de Arturo Carrera

Por Daniel Link para Perfil

Habitualmente no presento libros (propios o ajenos). Pero es tanto el amor y la admiración que me unen a la Obra Reunida de Arturo Carrera que no pude reprimir el deseo de interrogarla en público: ¿Por qué se llama Vigilámbulo? ¿Por qué los libros están dispuestos en un orden invertido, desde el más nuevo, Vigilámbulo, hasta el más antiguo, Escrito con un nictógrafo?
El gesto de hacer retroceder el tiempo nos impulsa hacia el ritornello, esa figura de pensamiento que tanto tiene que ver con el ciclo artúrico de la poesía, que es como decir la poesía a secas, puesta bajo el emblema de una casa poética (la casa de Arturo). Vigilámbulo escribe el nombre de Deleuze en la portadilla del libro que no duerme ni dormirá nunca, y con él nos dice que no hay repetición de cualidades o de sensaciones porque la repetición es la diferencia sin concepto, es decir, repetición para si misma. Cada uno de los libros de Arturo, separadamente, decía eso a gritos y ahora, en la espléndida edición en tres tomos de Adriana Hidalgo, llegamos el meollo del asunto.
¿Qué es el vigilambulismo? Ese estado de automatismo ambulatorio con desdoblamiento de la conciencia que se parece y no se parece al sonambulismo. Un nombre traído de la psicología experimental del siglo XIX para designar la experiencia poética de Artaud, la experiencia cinematográfica de Resnais, la experiencia pictórica de Bacon y la experiencia de pensamiento en Beckett, algo del orden de la fisura, de la hendidura, eso que otros han llamado síndrome de Elpénor, ese marinero niño y tonto que se rompe la cabeza al caerse de las altas camas de Circe, el primero que Odiseo encuentra cuando baja a los infiernos y el primero que Ezra Pound hace hablar al comienzo de sus Cantos.
Brutalmente despierto, el vigilámbulo, que nunca duerme, entra con los ojos abiertos en el mundo de los sueños y, como el poeta, somete el sueño a un tratamiento diurno. Eso es lo que caracteriza el tratado de las sensaciones que Arturo fue escribiendo a lo largo de veinte libros cada uno más hermoso que el otro y que ahora Teresa Arijón ha dispuesto para nuestro banquete y nuestro regocijo en función de retroceso.
Leo en Vigilámbulo, este extraordinario regalo que nos hacen Arturo, Teresa y Adriana Hidalgo, una danza como de polillas que se acercan peligrosamente al fuego: In girum imus nocte et consumimur igni (Giramos en la noche y nos consume el fuego).