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miércoles, 15 de abril de 2020

Extractos de la peste XIII: Lucrecio - La peste en Atenas

Multiplicaba empero las exequias
Principalmente el ávido contagio,
Que no cesaba ni un instante solo
De irse comunicando de uno en otro;
Porque aquéllos que huían las visitas
De dolientes amigos por codicia 1820
De la vida o por miedo de la muerte,
Víctimas insensibles perecían
Dentro de poco tiempo, abandonados,
Necesitados y menesterosos,
Como lanar ganado y como bueyes:
Mas los que no temían presentarse
Al contagio y fatiga se rendían,
Viendo que el pundonor y tiernas quejas
De amigos moribundos precisaban
Entonces a llenar estos deberes. 1830
Porque el más virtuoso ciudadano
Acababa la vida con tal muerte:
Y después de enterrar la muchedumbre
De sus prendas más caras, se volvían,
Fatigados de llantos y gemidos,
A encamarse, muriendo de tristeza:
Por fin, en estos tiempos de desastre
Muertos o moribundos, o infelices
Que los lloraban, sólo se veían.
Además, ya pastores y vaqueros 1840
Y el fuerte conductor del corvo arado
Enfermaban también, y los buscaba
La contagión dentro de sus cabañas,
Y allí los daban muerte inevitable
La pobreza y el morbo: se velan
A veces los cadáveres tendidos
De los padres encima de los hijos,
Y los hijuelos el postrer aliento
Sobre padres y madres exhalaban.
El contagio en gran parte provenía 1850
De la gente del campo, que a millares
A la ciudad enfermos acudían:
Todos los sitios públicos y casas
Estaban llenos; por lo mismo entonces
Con más facilidad amontonaba
Apiñados cadáveres la muerte.
Muchos de sed morían en las calles;
Y después de haber otros arrastrado
Hacia las fuentes públicas sus cuerpos,
Sin vida allí quedaban extendidos, 1860
Ahogados al sentir la gran dulzura
Que les causaba el agua que bebían:
Y las calles estaban ocupadas
De unos lánguidos cuerpos medio muertos
Hediondos y sucios y andrajosos,
Cuyos miembros podridos se caían:
La piel sola tenían sobre el hueso,
En la que ya las úlceras y podre
Habían producido el mismo efecto
Que hace la sepultura en el cadáver. 1870
La muerte, en fin, llenó de cuerpos muertos
Todos los templos santos de los dioses,
Y estaban de cadáveres sembrados
Todos los edificios de deidades;
Los hicieron posadas de finados
Los sacristanes: importaba poco
La religión ya entonces y los dioses,
Porque el dolor presente era excesivo.
Y se olvidó este pueblo en sus entierros
De aquellas ceremonias tan antiguas 1880
Que en sacros funerales se observaban:
Andaba todo él sobresaltado,
Y en este general abatimiento
Cada cual enterraba a quien podía:
Y la necesidad y la indigencia
Horrorosas violencias inspiraron;
Porque algunos gritando colocaban
A sus parientes en la pira ajena,
Y poniéndola fuego por debajo,
Con mucha sangre a veces pendenciaban 1890
Antes que los cadáveres soltasen.  De rerum natura: el poema atomista que alumbró la modernidad ... Fragmento final de De rerum natura, de Lucrecio. Traducción castellana: De la naturaleza de las cosas, Traducción de Abate Marchena, Madrid, Cátedra, 2004.