jueves, 3 de julio de 2025

De la Cárcova

 No conocía la Escuela de Bellas Artes que lleva el nombre de Ernesto de la Cárcova, hoy parte de la UNA. En Costanera Sur, muy cerca de las fuentes de las Nereidas de Lola Mora, a pasos del barrio Rodrigo Bueno.

Fuimos esta tarde a la inauguración de una muestra de María Guerrieri y Paula Castro. Además de reencontrarnos después de mucho tiempo con varias caras amigas, disfrutamos muchísimo del lugar, que me pareció uno de los más agradables de esta ciudad. Nica encontró además el carro del señor Invierno, con su manivela para producir copos de nieve, una pieza fundamental de las historias de la Bebé Alberta, en las que nos internamos todas las noches antes de dormir. Hermoso espacio. Muy lindas piezas para recorrer la historia del arte. Y una huerta deliciosa. Nos prometimos vovler, bajo un clima más amable.



Nevadas

 No puedo rememorar la primera vez que vi la nieve. La vi, pero no la recuerdo.

Fue en julio del 73. Yo tenía cuatro meses (soy del 8 de marzo). Fue en nuestra casa familiar en Córdoba, en el Valle de Calamuchita, en la casa que hicieron mis padres, la casa en la barranca, tierra de infancia y de ese recuerdo inmemorable.
Mi madre debe tener la foto en la que estoy yo, bebé, y ella dándome un beso, con un muñeco de nieve en el capot del Fiat verde que en ese época teníamos.
Sí, mi madre debe tener esa foto.
Foto: nevada en la localidad de La Cruz, un lugar que visitábamos todos los años para disfrutar de su agua. Los pastelitos que vendían en el balneario eran un delirio!

29.06.25



Napolitanas

 Ayer mi mamá, jóvenes 88 años, me mandó esta foto por correo de F. Es una toma de 1976 de la casa en que vivió Giácomo Leopardi sus últimos días en Nápoles, Vico del Pero, 2, no lejos del Museo Arqueológico Nacional.

"Como vos siempre lo nombrás...", me dijo.
Gracias, ma.



Venecianas

 Venecia. Vuelven de pronto a mi cabeza las mañanas de frío mientras cruzaba caminando los canales para llegar a horario a las clases de Severino, en la otra punta, casi sobre el canal de la GIudecca. Vuelven de pronto los gritos de los vendedores de pescados o el din don de las las campanas, esas campanas de las que hablaba Luigi Nono, un sonido que casi podía tocarse en la caja de resonancia de la laguna. Había un fragmento de un documental sobre Nono en el que el compositor habla de la resonancia de esos sonidos. Un documental que vi una noche de Navidad, a las tres de la mañana, de regreso a mi casa después de los festejos, en una noche de calor y de resaca. Esa misma semana fui a Towers Records, una gloria, en Cabildo y Juramento, donde pasábamos horas, y conseguí la cajita con los dos cds de Prometeo.

Esas campanas de las que hablaba Nono son las que vuelven todo el tiempo, cuando las escuchamos con Nica a la distancia, en Youtube. Tragedia de la escucha, como en el Prometeo montado por él y por Cacciari.
¿Se puede volver a esos lugares?
La vulgaridad de haber transformado a Venecia en una versión degradada de Miami o de Las Vegas -esos lugares que son las mecas del consumismo argentino- con los modelos de riqueza y de aparente belleza: todo muy grotesco, todo muy desagradable, todo muy primitivo. No en vano una figura como Messi, el equivalente de la IA en el fútbol, termina sus días en esas ciudades mortuorias, chapoteando en el plástico y en los plasmas. Es una vulgaridad que no debería leerse sino en relación con el exterminio programático (Gaza), la política de la agresión y de la muerte y los discursos el odio. Como decía Gramsci, hay que insistir en la conexión de los problemas. Tal vez hoy más que nunca.
30.06.25



Aniversario

 En ocasión de un aniversario de la muerte de Perón:

Lo dije mil veces y lo repito: si hay alguien que entendió que la tradición argentina es el conjunto de la cultura occidental ese alguien fue Perón. Antes, lo había hecho Lugones (a quien Borges, no en vano, llamaba "nuestro Quevedo", y esto en los 20: no sólo denostaba algunos de sus poemas -no todos-, sino que lo reconocía como la figura máxima de las letras argentinas: Quevedo para Borges era lo más alto) de la mano de Rubén Darío.
Con respecto a Perón y su modos de entrar y salir de una tradición que conocía muy bien (lector de Tácito, pero sobre todo de Plutarco), basta leer sus discursos y sus escritos. Cuando Borges creía hacer antiperonismo, lo que hacía en realidad -sin proponérselo, como pasa siempre- era describir de la manera más eficaz el modo en que operaba Perón. De un modo que, según creo, ningún autor peronista llegó a definir con tal precisión.
He dicho.
1.06.25

miércoles, 18 de junio de 2025

Manifiestos

 Cien años después, leo que se retoma el Manifiesto de los intelectuales antifascistas de 1925. Sería bueno que se recordara que la réplica de los intelectuales "no fascistas" fue redactada e impulsado por Benedetto Croce, una de las figuras de pensamiento más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Lejos del marxismo y de las posturas de izquierda, Croce era básicamente un gran señor liberal, un teórico del liberalismo como postura vital. De ahí, tal vez, su presencia en Sur. Gran parte de Borges no se entiende sin Croce, ojo, y Croce, sin quererlo, explica la facilidad de las lecturas europeas, sobre todo en Italia, del argentino. Tampoco se entiende a Gramsci sin Croce.

El texto era, además, la respuesta a la carta de los intelectuales que sostenían a Mussolini, redactada por Giovanni Gentile, examigo de Croce y seguramente el filósofo italiano más potente de la época (Negri dice algo así: a principios de siglo, estaba Husserl, estaba Bergson, estaba Gentile) y la figura intelectual más prominente y reconocida (también por sus opositores) del régimen.
Gentile, además, fue un lector muy inteligente de Marx, reconocido incluso por Lenin. Veía, además, en el fascismo la culminación del proceso histórico y político del Risorgimento, por el que Italia había logrado la unidad en el siglo XIX y había iniciado su historia como nación independiente y soberana. Mondolfo, bastante maltratado por Gramsci y refugiado en la Argentina luego de la implementación de la legislación antisemita en 1938, reconoció en varias oportunidades el sostén de Gentile. En fin. Nada es lineal.



lunes, 9 de junio de 2025

Filología y opinión


Filología: leer lentamente, atender al texto, a sus voces y a sus respiros, a sus puntos y a sus silencios. No llenarlos, sino escucharlos.
Quitarles, en lo posible, la hojarasca, la interpretación mediática, con su violencia de sentido y su voluntad de encontrar en los textos aquello que se quiere encontrar. Opacar la otra voz, la voz otra, que los habita.
Estoy revisando bibliografía para trabajar algunos textos de Primo Levi.
Encuentro varios errores, atribuibles, en parte, a momentos donde la filología se opaca.
Judith Butler, por ejemplo, en su artículo "Primo Levi y el presente", que forma parte del volumen "¿A quién le pertenece Kafka?" publicado hace un tiempo por la editorial Palinodia de Santiago de Chile repone la siguiente, supuesta cita de un artículo de Levi:
"Todos son el judío de alguien. Y hoy por hoy los palestinos son los judíos de Israel".
Bien, la frase pude ser justa o no, pero lo cierto es que esa no es una frase de Levi.
Levi escribió, sí, "Todos son el judío de alguien". "Ognuno é l´ebreo di qualcuno". Cada uno es el judío de alguien.
Cada uno es otro de otro uno. Algo así.
No es, en rigor, una frase fácilmente asignable a él, sino tal vez a alguno los personajes de la novela en la que aparece, Si no ahora, cuando, de 1982, que narra un episodio de resistencia armada de partisanos judíos en Bielorrusia. La frase sigue, sin embargo, sin ninguna referencia a Palestina y a los palestinos, sino a las poblaciones de Europa centro-oriental, concretamente a los polacos, de quienes se dice que en ese momento del relato son los judíos de alemanas y de rusos. Alude a las políticas destructivas contra la nación polaca, implementadas con odio y rigor por ambos totalitarismos.
La fuente del error de Butler es un artículo del diario Il manifesto, un periódico que yo sigo con atención, que en un artículo sobre Levi, también de 1982, repone la frase correcta de Levi, con todas las comillas del caso. El comentario sobre los palestinos es un agregado del autor de la nota. Eso está bien claro. El problema que el enunciado empezó a circular sin las comillas, atribuido directamente a Levi, lo cual es una monstruosidad filológica. Una monstruosidad iniciada con la publicación de la cita defectuosa nada menos que en el New Yorker.
Al parecer, muchos críticos y pensadores leen más el New Yorker y a aquellos que citan el New Yorker, acaso sin saberlo, que las fuentes en las que en teoría trabajan.
Levi pensó en varios momentos de su vida la fundación del Estado de Israel, la relación con el mundo árabe y, en especial, con los palestinos. Comprendió y entendió la necesidad de la fundación de un estado judío, y fue también un crítico certero y furibundo de sus políticas, sobre todo a partir de 1967, hasta que en un momento, un poco cansado de las apropiaciones mediáticas (antes de la idiotización generalizada de Internet y las redes) decidió no hablar más del tema.
Pero nunca pronunció esa frase.
Como decía Karl Kraus, más o menos, poner bien las comas, en este caso las comillas, es una cuestión ética, responsable y profunda.
A quien le interese el tema: en el sitio de la Fundación Primo Levi hay un artículo de Doménico Scarpa que trata específicamente este caso.




D.B.

https://www.primolevi.it/sites/default/files/documenti-correlati/Scarpa-%20Soave%20Sole%2024%20ore%20.pdf?fbclid=IwY2xjawKztQxleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETFRbW5INHhXRmlicVZzYVo0AR6g8lJieXPnZwL1svbZ6JvMTDTg3nRxeINfDw8v5Bcx7p7jl7DG90bMQCqNLg_aem_Gwy0WtlPRdkP2D-RwXt-HA