martes, 6 de octubre de 2020

Modos de leer: notas tucumanas de Benvenuto Terracini sobre la prosa de Pirandello

 Una nota de Benvenuto Terracini sobre Pirandello, escrita al dorso de una tarjeta de invitación a un ciclo de conferencias sobre planificación en la Universidad de Tucumán, septiembre de 1944.

La tarjeta se conserva en el Archivo de Manuscritos de Autor de la Universidad de Pavía. El texto original está en italiano y se encuentra reproducido en Guido Lucchini, 2019. La versión castellana es mía (D. B.).


"La estilización de las situaciones es clara, pero se funde con la tendencia descriptiva precedente y está más enfatizada por el cerebralismo -tal vez es eso lo que conduce a la tragedia, más Pirandelliana; pero formalmente se funda en la interpretación de la palabra, mientras la otra es la relatividad de la palabra situada en una situación determinada, opuesta a la comprensión madura: es la dialéctica del lenguaje".




domingo, 4 de octubre de 2020

viernes, 2 de octubre de 2020

Sobre el método. Carta de Leo Spitzer a Benvenuto Terracini, 1942.

 

Fragmento de una carta de Leo Spitzer del 25 de octubre de 1942, dirigida a Benvenuto Terracini.  En ese entonces, Spitzer residía en Estados Unidos, y Terracini, en la Argentina, más concretamente en Tucumán.

La carta fue redactada en francés, publicada por Maria Corti en “Una lettera di Leo Spitzer a Benvenuto Terracini”, en Studi di filologia medievali offerti a D’Arco Silvio Avalle, Milán y Nápoles Ricciardi, 1996, pp. 121-23.y se encuentra reproducida en Guido Lucchini, Tra linguistica e stilistica. Percorsi d´autore: Spitzer, Auerbach, Terracini, Padua, Esedra, 2019, versión que consultamos para esta traducción.

 

Trad. de Diego Bentivegna.

 

 

 

(…)

Y es que yo me opuse en el fondo tanto a Vossler como a Saussure-Bally. Concretamente, no entendí nunca en qué radica la grandeza que se ha convenido en otorgar a Bally: ¿llegó alguna vez a esclarecer algún fenómeno, no importa cuál? Él aplica criterios de clasificación muy externos a los fenómenos de lengua y a las lenguas – no ha estudiado jamás desde adentro de una lengua, de un fenómeno. Es uno de esos falsos lógicos que imponen tanto respecto a los lingüistas – y porque él es ciego y de carácter dulce se lo declara grande…

¿Y Vossler? También él es una persona afable, de una gracia de espíritu inexpresable. Pero, en definitiva, su gran error es el “psicologizar” el detalle lingüístico. Y es realmente un impresionista, en estética y también en literatura.

Lo que yo querría encontrar siempre es un principio interno que la base de (que “informa”) el todo de una lengua individual, de una lengua en general (no lo he intentado sino de manera somera), de un fenómeno lingüístico y literario. Vea, si le place, mi último trabajo en la revista Italica (desgraciadamente, yo no tengo la separata) sobre ‘Language and speech in Dante’s Pier delle Vigne”: hay allí un principio que da forma al todo, el motivo literario y la lengua. Para encontrar ese principio se debe recurrir al método preconizado por Schleiermacher y Dilthey, es decir al ‘philologischer Zirkelschluß’: se extrae de algunos detalles una idea y se reaplica esa idea a los detalles, para ver si el principio encuentra en verdad lugar en los hechos. Es lo que se debe hacer con la obra entera de un gran poeta, con el todo de una civilización, es el método filológico -es también el método lingüístico, piense en el etimólogo o en el filólogo. Zirkelschluß es el más gustosamente aplicado. Pero, para llegar a resultados probados, es necesario establecer un conjunto de hechos, relacionar entre sí y luego hacer irrumpir un principio espiritual informador -eso que no hizo jamás Bally, que aplica ideas que viene de afuera, y que no hizo jamás Vossler, porque él encuentra siempre un hecho psicológico en todo detalle. El término “innere form” está bien allí, solo que esa “innere Form” deber ser ella misma presentada como una fuerza, una Energeia, nunca un Ergon, geprägte Form, die lebend sich entwickelt.

(…)

 



Un poema de Attilio Bertolucci

 


Pensamientos de casa


No puedo más escribir ni vivir

si este año la nieve se disuelve

no seré su testigo impaciente

por sentir en el aire las primeras violetas.


Como si estuviese muerto me acuerdo

de nuestra primavera, de su luz

exultante que dura todo un día,

la maravilla de un día que pasa.


Tal vez a nosotros, últimos hijos de la época

impresionista no nos es dado sino

copiar lo verdadero, mientras gotea

la nieve sobre los gorriones agrupados.

                                            Roma, 1952.



Pensieri di casa


Non posso più scrivere né vivere

se quest'anno la neve che si scioglie
non mi avrà testimone impaziente
di sentire nell'aria prime viole.


Come se fossi morto mi ricordo
la nostra primavera, la sua luce
esultante che dura tutto un giorno,
la meraviglia di un giorno che passa.


Forse a noi ultimi figli dell'età
impressionista non è dato altro
che copiare dal vero, mentre sgoccia
la neve su dei passeri aggruppati.
                                Roma, 1952.


Del libro La capanna indiana, 1955.

Versión de Diego Bentivegna.

Attilio Bertolucci nació en Parma en 1911 y murió en Roma en el 2000.



viernes, 18 de septiembre de 2020

Sobre Peter Sloterdijk, Las epidemias políticas (Buenos Aires, Godot, 2020)

https://glotopolitica.com/2020/09/17/las-epidemias-politicas-de-peter-sloterdijk/?fbclid=IwAR05zISlnkrvcFrQCZ5bgvSQRC8xz1mnDh-CWnFCcCvGdWllECeX4pzQRUk 



Las epidemias políticas, de Peter Sloterdijk

Buenos Aires, Godot, 2020. Traducción Nicole Narbebury. 112 páginas.

Por Diego Bentivegna


Con la pandemia, el ímpetu de pensar la peste y sus efectos políticos y, digamos así, sociales arrastró a participar en la urgencia de pensar el acontecimiento a una porción considerable de intelectuales, sobre todo occidentales, o afincados en el occidente del mundo. Aparentemente, si nos dejamos llevar por su título, esta reciente compilación de artículos de Peter Sloterdijk (nacido en Kalsruhe, en cuya Escuela de Arte y Diseño es profesor, en 1947) participa, en parte, de esa voluntad de pensar lo inmediato. Sin embargo, los textos que se reúnen en Las epidemias políticas fueron escritos y publicados por el pensador alemán, en todos los casos, entre 2016 y 2018, en los años inmediatamente anteriores a la irrupción de la pandemia del Covid 19. En estos días de proliferación pandémica, y como efecto de un ejercicio editorial oportuno, los textos de Sloterdijk pueden leerse no solo como aproximaciones inquietantes a fenómenos de la época, sino también como admoniciones y presagios.


“La democracia – afirma el pensador alemán en el artículo que da nombre a la compilación- es la emergencia de la epidemiología”. Hechos como el calentamiento global, el surgimiento periódico de pestes ligadas con el avance de la frontera agrícola en todo el planeta, la destrucción generalizada de ambientes naturales, la consolidación de figuras como Putin o Trump, la difusión de “verdades” (o mejor, postverdades) a través de un aparato mediático e informático incomparablemente más eficaz (y, por lo tanto, más pernicioso) que cualquier otro sistema de información de la historia -cuestiones muchas de ellas que reaparecen en estos artículos de Sloterdijk- habían ya llevado a proyectar algo tal como una condición epidémica de la cultura, de la política y, en general, de la existencia contemporánea.


En los diferentes textos, Sloterdijk recurre a algunas categorías que, durante años, fue forjando en volúmenes que son ya clásicos del pensamiento contemporáneo, como la serie dedicada a Esferas, sus escritos sobre Heidegger, sobre la técnica, sobre el fin del humanismo, sobre la “cría” de lo humano o sobre el funcionamiento de la comunicación de masas. Si hay algo que articula esta revisión del propio archivo conceptual que emprende el autor es la recurrencia de un término y de una problemática: la del cinismo contemporáneo. Es una categoría -la del cinismo- que vuelve todo el tiempo en estas intervenciones y que Sloterdijk desprende de una reflexión más amplia sobre el lenguaje y sus relaciones con las construcciones simbólicas y con sus implicancias políticas.


Esta visión del lenguaje se puede encontrar sintetizada en el primero de los textos que aquí se presentan: el artículo “¿Dónde están los amigos de la verdad?”, publicado originalmente en la Neue Zürcher Zeitung, de Suiza, el 29 de diciembre de 2018. Como todos los textos que integran este volumen (además del nombrado,”Reflejos primitivos”, “Las epidemias políticas”, “Reflexiones de un apolítico” y “El largo camino hacia la sociedad mundial”), el artículo surge de circunstancias y coyunturas muy concretas, relacionadas en general, como es esperable, con la realidad política alemana, a partir de las cuales, Sloterdijk despliega una reflexión más amplia y genérica, pero siempre atenta a lo concreto y a lo específico. En este caso, forma parte de una discusión sobre la política inmigratoria del gobierno de Angela Merkel, desde la que Slotedijk piensa el estatuto del lenguaje como artefacto púbico.


El lenguaje, recuerda Sloterdijk en ese primer artículo, es mucho más que un mero medio de representación y de construcción de mitos o “habladurías”. En la experiencia fundamental del ser como hablante se inscribe, para el filósofo alemán, el uso del lenguaje para “distorsionar conscientemente y deliberadamente los hechos”. Existen, por supuesto, errores involuntarios. Pero en la vida pública se dan, sobre todo, otras dimensiones en las que el uso de la palabra se articula con la proyección de una imagen adrede distorsionada del mundo: la mentira, la superstición y, finalmente, el cinismo.


“Esto supone el relajamiento de las máscaras para ambas partes del pacto de ilusión que funda la ideología. Cuando los de arriba dejan caer la máscara, ya no ocultan su indiferencia ante la preocupación por el bien común que se les asigna oficialmente”, afirma el filósofo en otro ese mismo primer artículo. Es algo que Sloterdijk empezó a plantear con fuerza en un texto todavía juvenil, saludado por pensadores de diferente extracción (entre ellos, Jürgen Habermas, con quien en los años sucesivos el autor sostendría inquietantes y necesarias polémicas): la Crítica de la razón cínica, de 1983. Con la salida del siglo XX, que Sloterdijk demarca entre 1914 y 1989, pero, sobre todo, con las políticas del terror y de construcción del enemigo “terrorista” que estallan después de la caída en 2001 de las Torres Gemelas, el cinismo se reconfigura como actitud deshinibitoria generalizada en las elites gobernantes, pero también en las masas. Es una actitud cercana a la de la parrhesía que en su momento trabajó el Foucault tardío, pero que es su contracara en sus intenciones y en sus efectos: no desarma posiciones ni pone en riesgo al que la enuncia, sino que consolida estereotipos culturales, despliega intolerancia y naturaliza desigualdades sociales. Ello se consolida en los años que van del siglo XXI, con la conformación de movimientos “inconformistas” filiados en general en la extrema derecha, que en el léxico político europeo (y esto es una diferencia sustancial con el léxico político latinoamericano) quedan cubiertos bajo el paraguas del “populismo”. Y esa generalización de una guerra cínica total, asume, a través de los rebotes mediáticos y de la omnipresencia, casi de la omnsciencia, de las redes sociales, una dimensión desconocida, inabarcable, angustiante, estresante, peligrosa.


Hoy por hoy, afirma Sloterdijk, una nación parece no ser moldeada por las instituciones fuertes de la sociedad, como el ejército, sino que lo es, fundamentalmente, por los medios, sobre la base de la generación permanente de noticias y el imperativo de la “novedad”, con la difusión irresponsable de contenidos y de imágenes y al imperio de una suerte de cinismo generalizado. Ese cinismo -que se manifestó a lo largo del siglo XX en el programa bolchevique de Lenin y en Stalin, en las vanguardias, en el nazismo alemán y el fascismo italiano, en el discurso neoliberal de Reagan o Thatcher- se encarna, hoy, en figuras como Trump en Estados Unidos (una verdadera obsesión en Sloterdijk, como en muchas figuras actuales del pensamiento), Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Organ en Hungría o Erdogan en Turquía. Tales figuras, afirma Sloterdijk, sostendrían, no siempre de manera tan explícita, claro, que “la verdad es aquello que se puede hacer con la mentira”. Ante ello, no hay en rigor una salida, y menos aún, por supuesto, ningún camino alternativo seguro.


Sí, hay, en cambio, un antídoto “irónico” que contraponer a esos procesos. Es una posición que Sloterdijk piensa en relación a una actitud política, la propia, que se instala en una aparente paradoja, pero que algunos grandes pensadores del siglo XX (pienso, para dar solo un ejemplo que me es especialmente caro, en Pasolini, pero también en el Thomas Mann de las Consideraciones de un impolítico) habían de alguna manera planteado: una posición de “izquierda conservadora”, por la que Sloterdijk ha cosechado, junto con otros pensadores alemanes de su edad como Rüdiger Safranski, una serie de críticas de parte de comunicadores, en teoría al menos, “progresistas”.


Esa izquierda en la que se reconoce Sloterdijk sería, también, una izquierda “neurológica”, inspirada en el funcionamiento del hemisferio izquierdo del cerebro, como posibilidad de recuperar respuestas no del todo instintivas, como un “tranquilo e innegociable no a los golpes del otro lado”. Es una actitud humorista que tienda a ver lo más alto desde una perspectiva baja y lo bajo desde arriba, en la tradición de Diógenes y sus seguidores, que Sloterdijk llama “quínicos” para diferenciarlos de los prepotentes y violentos cínicos contemporáneos. Una posición, como la del viejo filósofo griego que deambulaba por las calles de Atenas, de apartamiento, pero dentro de las tensiones y de las luchas que atraviesan, en todo momento, la polis.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Dos poemas de Gabriele Galloni

 Dos poemas de Gabriele Galloni, nacido en Roma en 1995 y muerto recientemente, en este 2020.


Versiones de dos poemas de Gabriele Galloni, nacido en Roma en 1995 y muerto recientemente, en este 2020.


Los muertos cagan, mean como
los vivos. Solo que vacilan
en dar respuesta a todas las preguntas

que les van haciendo. Prefieren
acordarse de un nombre
descomponerlo en sílabas, darse cuenta de que es el suyo.

"I morti cagano, pisciano come
i vivi. Solamente che faticano
a rispondere a tutte le domande

che gli vengono fatte. Preferiscono
ricordarsi di un nome,
scomporlo in sillabe, accorgersi che è il loro."

Del libro "In che luce cadranno" (2017)

Ya no sabés decir cuándo volveremos.
Nosotros somos ya las últimas criaturas,
hemos crecido -y en el fondo ha sido breve
este descanso más allá de la tierra.

"Non sai più dire quando torneremo.
Noi siamo adesso le ultime creature,
siamo cresciuti – e in fondo è stata breve
questa vacanza al di là della terra."

Del libro "L´estate del mondo" (2018)

Versiones de Diego Bentivegna.

Morto suicida il poeta Gabriele Galloni - Il Giornale OFF



martes, 8 de septiembre de 2020

De Canto de los árboles, de Antonio Moresco

 Antonio Moresco, en sus días de confinamiento en la ciudad de Mantua (Mántova, Lombardía), su ciudad natal (que abandonó hace años) donde estaba por casulalidad al comienzo del encierro, escribió un libro que se llama "El canto de los árboles" y que acaba de ser publicado. Lo hizo a partir de las salidas nocturnas por la ciudad vacía y del encuentro imprevisto con los árboles urbanos.

Traduzco un pequeño fragmento.

"Nosotros, los árboles, en cambio, estamos hundidos en nuestro silencio, porque los pájaros cantan, los insectos chillan, los animales emiten sonidos, gritan cuando son degollados, mientras nosotros estamos mudos, incluso cuando somos despedezados, abatidos con las hachas, derribados, y caemos a tierra de un golpe, con todas nuestras ramas y nuestras copas que buscaban la luz. Ustedes no saben, no llegan ni siquiera a imaginar, las fuerza que se ahorra con el silencio, el crisol que es el silencio. Ustedes no saben qué sucede cuando no existen vías de fuga a través del proliferar abstracto del lenguaje y todo pasa por ell crecimiento indetenbile, ciego, infinitamente paciente, y el saber no es algo separado, sino que forma una sola cosa con los cuerpos sapientes y los modifica haciéndoles asumir mil diferentes formas silenciosas e inventadas. Ustedes no saben el ahorro de energías, la enorme defensa que es no tener una voz perceptible por distintos órganos de los sentidos. Porque nosotros tenemos una voz, pero es una voz que no se oye. Porque nosotros podemos hablar solamente con el que logra escucharnos, como estamos hablando ahora con vos, que aprendiste a oír nuestra voz como nosotros aprendimos a oír la tuya y a tenerte confianza, como habíamos aprendido a oír la de nuestro antigo poeta. Porque nosotros podemos hablar solo con los poetas y solo ellos pueden comprender nuestra silenciosa voz al final de las eras."

Antonio Moresco, Canto degli alberi, Aboca, 2020.

Versión: Diego Bentivegna.


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