viernes, 18 de septiembre de 2020

Sobre Peter Sloterdijk, Las epidemias políticas (Buenos Aires, Godot, 2020)

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Las epidemias políticas, de Peter Sloterdijk

Buenos Aires, Godot, 2020. Traducción Nicole Narbebury. 112 páginas.

Por Diego Bentivegna


Con la pandemia, el ímpetu de pensar la peste y sus efectos políticos y, digamos así, sociales arrastró a participar en la urgencia de pensar el acontecimiento a una porción considerable de intelectuales, sobre todo occidentales, o afincados en el occidente del mundo. Aparentemente, si nos dejamos llevar por su título, esta reciente compilación de artículos de Peter Sloterdijk (nacido en Kalsruhe, en cuya Escuela de Arte y Diseño es profesor, en 1947) participa, en parte, de esa voluntad de pensar lo inmediato. Sin embargo, los textos que se reúnen en Las epidemias políticas fueron escritos y publicados por el pensador alemán, en todos los casos, entre 2016 y 2018, en los años inmediatamente anteriores a la irrupción de la pandemia del Covid 19. En estos días de proliferación pandémica, y como efecto de un ejercicio editorial oportuno, los textos de Sloterdijk pueden leerse no solo como aproximaciones inquietantes a fenómenos de la época, sino también como admoniciones y presagios.


“La democracia – afirma el pensador alemán en el artículo que da nombre a la compilación- es la emergencia de la epidemiología”. Hechos como el calentamiento global, el surgimiento periódico de pestes ligadas con el avance de la frontera agrícola en todo el planeta, la destrucción generalizada de ambientes naturales, la consolidación de figuras como Putin o Trump, la difusión de “verdades” (o mejor, postverdades) a través de un aparato mediático e informático incomparablemente más eficaz (y, por lo tanto, más pernicioso) que cualquier otro sistema de información de la historia -cuestiones muchas de ellas que reaparecen en estos artículos de Sloterdijk- habían ya llevado a proyectar algo tal como una condición epidémica de la cultura, de la política y, en general, de la existencia contemporánea.


En los diferentes textos, Sloterdijk recurre a algunas categorías que, durante años, fue forjando en volúmenes que son ya clásicos del pensamiento contemporáneo, como la serie dedicada a Esferas, sus escritos sobre Heidegger, sobre la técnica, sobre el fin del humanismo, sobre la “cría” de lo humano o sobre el funcionamiento de la comunicación de masas. Si hay algo que articula esta revisión del propio archivo conceptual que emprende el autor es la recurrencia de un término y de una problemática: la del cinismo contemporáneo. Es una categoría -la del cinismo- que vuelve todo el tiempo en estas intervenciones y que Sloterdijk desprende de una reflexión más amplia sobre el lenguaje y sus relaciones con las construcciones simbólicas y con sus implicancias políticas.


Esta visión del lenguaje se puede encontrar sintetizada en el primero de los textos que aquí se presentan: el artículo “¿Dónde están los amigos de la verdad?”, publicado originalmente en la Neue Zürcher Zeitung, de Suiza, el 29 de diciembre de 2018. Como todos los textos que integran este volumen (además del nombrado,”Reflejos primitivos”, “Las epidemias políticas”, “Reflexiones de un apolítico” y “El largo camino hacia la sociedad mundial”), el artículo surge de circunstancias y coyunturas muy concretas, relacionadas en general, como es esperable, con la realidad política alemana, a partir de las cuales, Sloterdijk despliega una reflexión más amplia y genérica, pero siempre atenta a lo concreto y a lo específico. En este caso, forma parte de una discusión sobre la política inmigratoria del gobierno de Angela Merkel, desde la que Slotedijk piensa el estatuto del lenguaje como artefacto púbico.


El lenguaje, recuerda Sloterdijk en ese primer artículo, es mucho más que un mero medio de representación y de construcción de mitos o “habladurías”. En la experiencia fundamental del ser como hablante se inscribe, para el filósofo alemán, el uso del lenguaje para “distorsionar conscientemente y deliberadamente los hechos”. Existen, por supuesto, errores involuntarios. Pero en la vida pública se dan, sobre todo, otras dimensiones en las que el uso de la palabra se articula con la proyección de una imagen adrede distorsionada del mundo: la mentira, la superstición y, finalmente, el cinismo.


“Esto supone el relajamiento de las máscaras para ambas partes del pacto de ilusión que funda la ideología. Cuando los de arriba dejan caer la máscara, ya no ocultan su indiferencia ante la preocupación por el bien común que se les asigna oficialmente”, afirma el filósofo en otro ese mismo primer artículo. Es algo que Sloterdijk empezó a plantear con fuerza en un texto todavía juvenil, saludado por pensadores de diferente extracción (entre ellos, Jürgen Habermas, con quien en los años sucesivos el autor sostendría inquietantes y necesarias polémicas): la Crítica de la razón cínica, de 1983. Con la salida del siglo XX, que Sloterdijk demarca entre 1914 y 1989, pero, sobre todo, con las políticas del terror y de construcción del enemigo “terrorista” que estallan después de la caída en 2001 de las Torres Gemelas, el cinismo se reconfigura como actitud deshinibitoria generalizada en las elites gobernantes, pero también en las masas. Es una actitud cercana a la de la parrhesía que en su momento trabajó el Foucault tardío, pero que es su contracara en sus intenciones y en sus efectos: no desarma posiciones ni pone en riesgo al que la enuncia, sino que consolida estereotipos culturales, despliega intolerancia y naturaliza desigualdades sociales. Ello se consolida en los años que van del siglo XXI, con la conformación de movimientos “inconformistas” filiados en general en la extrema derecha, que en el léxico político europeo (y esto es una diferencia sustancial con el léxico político latinoamericano) quedan cubiertos bajo el paraguas del “populismo”. Y esa generalización de una guerra cínica total, asume, a través de los rebotes mediáticos y de la omnipresencia, casi de la omnsciencia, de las redes sociales, una dimensión desconocida, inabarcable, angustiante, estresante, peligrosa.


Hoy por hoy, afirma Sloterdijk, una nación parece no ser moldeada por las instituciones fuertes de la sociedad, como el ejército, sino que lo es, fundamentalmente, por los medios, sobre la base de la generación permanente de noticias y el imperativo de la “novedad”, con la difusión irresponsable de contenidos y de imágenes y al imperio de una suerte de cinismo generalizado. Ese cinismo -que se manifestó a lo largo del siglo XX en el programa bolchevique de Lenin y en Stalin, en las vanguardias, en el nazismo alemán y el fascismo italiano, en el discurso neoliberal de Reagan o Thatcher- se encarna, hoy, en figuras como Trump en Estados Unidos (una verdadera obsesión en Sloterdijk, como en muchas figuras actuales del pensamiento), Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Organ en Hungría o Erdogan en Turquía. Tales figuras, afirma Sloterdijk, sostendrían, no siempre de manera tan explícita, claro, que “la verdad es aquello que se puede hacer con la mentira”. Ante ello, no hay en rigor una salida, y menos aún, por supuesto, ningún camino alternativo seguro.


Sí, hay, en cambio, un antídoto “irónico” que contraponer a esos procesos. Es una posición que Sloterdijk piensa en relación a una actitud política, la propia, que se instala en una aparente paradoja, pero que algunos grandes pensadores del siglo XX (pienso, para dar solo un ejemplo que me es especialmente caro, en Pasolini, pero también en el Thomas Mann de las Consideraciones de un impolítico) habían de alguna manera planteado: una posición de “izquierda conservadora”, por la que Sloterdijk ha cosechado, junto con otros pensadores alemanes de su edad como Rüdiger Safranski, una serie de críticas de parte de comunicadores, en teoría al menos, “progresistas”.


Esa izquierda en la que se reconoce Sloterdijk sería, también, una izquierda “neurológica”, inspirada en el funcionamiento del hemisferio izquierdo del cerebro, como posibilidad de recuperar respuestas no del todo instintivas, como un “tranquilo e innegociable no a los golpes del otro lado”. Es una actitud humorista que tienda a ver lo más alto desde una perspectiva baja y lo bajo desde arriba, en la tradición de Diógenes y sus seguidores, que Sloterdijk llama “quínicos” para diferenciarlos de los prepotentes y violentos cínicos contemporáneos. Una posición, como la del viejo filósofo griego que deambulaba por las calles de Atenas, de apartamiento, pero dentro de las tensiones y de las luchas que atraviesan, en todo momento, la polis.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Dos poemas de Gabriele Galloni

 Dos poemas de Gabriele Galloni, nacido en Roma en 1995 y muerto recientemente, en este 2020.


Versiones de dos poemas de Gabriele Galloni, nacido en Roma en 1995 y muerto recientemente, en este 2020.


Los muertos cagan, mean como
los vivos. Solo que vacilan
en dar respuesta a todas las preguntas

que les van haciendo. Prefieren
acordarse de un nombre
descomponerlo en sílabas, darse cuenta de que es el suyo.

"I morti cagano, pisciano come
i vivi. Solamente che faticano
a rispondere a tutte le domande

che gli vengono fatte. Preferiscono
ricordarsi di un nome,
scomporlo in sillabe, accorgersi che è il loro."

Del libro "In che luce cadranno" (2017)

Ya no sabés decir cuándo volveremos.
Nosotros somos ya las últimas criaturas,
hemos crecido -y en el fondo ha sido breve
este descanso más allá de la tierra.

"Non sai più dire quando torneremo.
Noi siamo adesso le ultime creature,
siamo cresciuti – e in fondo è stata breve
questa vacanza al di là della terra."

Del libro "L´estate del mondo" (2018)

Versiones de Diego Bentivegna.

Morto suicida il poeta Gabriele Galloni - Il Giornale OFF



martes, 8 de septiembre de 2020

De Canto de los árboles, de Antonio Moresco

 Antonio Moresco, en sus días de confinamiento en la ciudad de Mantua (Mántova, Lombardía), su ciudad natal (que abandonó hace años) donde estaba por casulalidad al comienzo del encierro, escribió un libro que se llama "El canto de los árboles" y que acaba de ser publicado. Lo hizo a partir de las salidas nocturnas por la ciudad vacía y del encuentro imprevisto con los árboles urbanos.

Traduzco un pequeño fragmento.

"Nosotros, los árboles, en cambio, estamos hundidos en nuestro silencio, porque los pájaros cantan, los insectos chillan, los animales emiten sonidos, gritan cuando son degollados, mientras nosotros estamos mudos, incluso cuando somos despedezados, abatidos con las hachas, derribados, y caemos a tierra de un golpe, con todas nuestras ramas y nuestras copas que buscaban la luz. Ustedes no saben, no llegan ni siquiera a imaginar, las fuerza que se ahorra con el silencio, el crisol que es el silencio. Ustedes no saben qué sucede cuando no existen vías de fuga a través del proliferar abstracto del lenguaje y todo pasa por ell crecimiento indetenbile, ciego, infinitamente paciente, y el saber no es algo separado, sino que forma una sola cosa con los cuerpos sapientes y los modifica haciéndoles asumir mil diferentes formas silenciosas e inventadas. Ustedes no saben el ahorro de energías, la enorme defensa que es no tener una voz perceptible por distintos órganos de los sentidos. Porque nosotros tenemos una voz, pero es una voz que no se oye. Porque nosotros podemos hablar solamente con el que logra escucharnos, como estamos hablando ahora con vos, que aprendiste a oír nuestra voz como nosotros aprendimos a oír la tuya y a tenerte confianza, como habíamos aprendido a oír la de nuestro antigo poeta. Porque nosotros podemos hablar solo con los poetas y solo ellos pueden comprender nuestra silenciosa voz al final de las eras."

Antonio Moresco, Canto degli alberi, Aboca, 2020.

Versión: Diego Bentivegna.


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lunes, 31 de agosto de 2020

Un poema de Luciano Cecchinel

 

madre perdida



lejana oscura madre

por amplia leche

de extraños canturreos

en mí, como en perdido vientre,

cuántas vidas huidas

en el asonado limbo

de tantos otros

tiernos arrorrós


detrás de ti, madre, 

que ahora regresas de océanos de bruma,

con el banderín

y la tierna y asidua cantinela

my country ‘tis of thee,

grand land of liberty


por los relámpagos de venas deflagradas,

madre perdida y oscura,

donde todavía, espasmódicos cometas,

vidas perdidas,

se deshacen incandescentes en estrellas

como dentro de tus ojos en fisuras

tus pupilas 

encendidas, dilatadas.


madre perduta

lontana oscura madre
per lungo latte
di strane cantilene
in me come in mancato grembo
quante vite fuggite
nell’assonnato limbo
di tante altre
tinnenti ninnenanne

dietro a te, madre
che ora torni da oceani di bruma,
con la bandierina
e la tenera assidua cantilena:
my country ‘tis of thee,
grand land of liberty

per i lampi di vene deflagrate,
madre perduta e oscura,
dove ancora, spasmodiche comete,
vite perdute
si sfanno incandescenti in stelle
come dentro gli occhi a fessura
le tue pupille
accese, dilatate

7. Luciano Cecchinel - Scempi by phonodia on SoundCloud - Hear the world's  sounds

De libro Lungo la traccia (Einaudi, 2005). Versión de Diego Bentivegna

Luciano Cecchinel nació en Lago, en la provincia de Treviso de la región del Véneto, en 1947.

 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Un poema de Brianna Carafa

 Un poema de Brianna Carafa (Roma, 1924 - 1978)

Les pido perdón si sus voces
me llegan
como en la vigilia de un tren la noche,
o durante la fiebre.
Pero tengo una abeja en el oído, que zumba
y que me deja miel.


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Io vi chiedo perdono se le vostre voci
Mi giungono
Come in dormiveglia di treno, la notte,
o durante la febbre.
Ma un’ape ho nell’orecchio, che ronza
e vi depone miele.


del libro Poesie (1958).

Trad: Diego Bentivegna


lunes, 20 de julio de 2020

Nietzsche y Wagner en Sorrento

¿Se habrán cruzado Nietzsche y Wagner con mis bisabuelos? No veo "molto probabile" que hablaran alemán, ni que los dos germanos se desenvolvieran con fluidez en lengua napolitana.
El otro día hablaba de Sorrento, lugar de donde proviene mi familia materna.
Me olvidaba en el raconto de algo importante: Sorrento es el lugar donde Nietzsche cambia completamente de perspectiva vital,
Es allí donde se produce la rupura con Richard Wagner, que estaba pasando un tiempo en la ciudad y, por otro lado, volvéra a los pueblitos de la costa campana (Sorrento, Amalfi, Ravello) cuando componga uno de los grandísimos monumentos sonoros de la historia: el Parsifal.
Nietzshce se alojó durante su período sorrentino en la Villa Rubinacci.
Según me confirma mi mamá, memoria viviente, la familia de mi abuela vivía en la Via della Accademia, aunque no sé si en la década de 1870 vivían ahí. Lo cierto es que, según google maps, entre Villa Rubinacci, donde se alojaba Nietzsche, y la Via della Accademia hay solo 650 metros que se pueden caminar en solo ocho minutos.


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miércoles, 15 de julio de 2020

Erich Auerbach: perspectivismo y novela en el siglo XX

En estos días, traduje el cierre de la Introducción al estudio de la filología románica que Erich Auerbach escribió en francés durante su exilio en Turquía. Es un texto paralelo a Mimesis, por época y por intenciones. Aquí dejo el fragmento, que cierra con una referencia al perspectivismo de la novela del siglo XX, plasmado en Proust.

Erich Auerbach, Introducción a los estudios de filología románica (Introduction aux études de philologie romane, Frankfurt, Klostermann, 1949). 
Trad: Diego Bentivegna 

[…] El subjetivismo se introdujo, como es muy natural (y lo era ya en la tradición stendhaliana) en el arte realista, y produjo obras que daban imágenes muy personales de la vida humana, a veces extrañas; consideraban y agrupaban las personas y los hechos de manera insólita e imprevista, daban de ellos una imagen sociológica y psicológica desde un punto de vista particular, iluminaban fenómenos antes no percibidos o descuidados. Este desarrollo, favorecido por ciertas tendencias de la filosofía moderna, conllevó una desintegración de la concepción de realidad; se dejó de considerarla como objetiva y una, y se la empezó a entender cada vez más como función de la conciencia, de modo que la concepción de una realidad objetiva, común a todos, fue sustituida por la de realidades diferentes según la conciencia de los individuos o de los grupos que la contemplaban, y, ellos mismos, mutando según su humor y su situación, mutaban también su manera de ver los fenómenos de la realidad. La realidad una e indivisible fue sustituida así por diferentes capas de realidad, es decir, por un perspectivismo consciente; autores modernos nos han mostrado, en lugar de un fresco objetivo del fenómeno A -el fenómeno A tal como se presenta en la consciencia del personaje B en un determinado momento-, una visión totalmente diferente de A, ya sea en la consciencia de un personaje C, ya sea en la consciencia del personaje B mismo en otro momento de su vida. El primer escritor que ha presentado de una manera metódica y sostenida la concepción del mundo como función de la consciencia fue el novelista Marcel Proust (1871-1922), en la serie de novelas que a titulado En busca del tiempo perdido. Otros escritores, en Europa y en América, han seguido el mismo camino, y encontraron a su manera modos de perspectivismo muy diferentes del de Proust. Ahora bien, el ensanchamiento de nuestro horizonte, que comenzó en el siglo XVI y que fue progresando a un ritmo cada vez más veloz, y que abrió a nuestros ojos una masa cada vez más mayor de fenómenos, de formas de vida y de actividades coexistentes, nos impuso el perspectivismo, con todo lo subjetivista que es en sus orígenes, como el método más eficaz para llegar a una síntesis concreta del universo en el que vivimos; ese universo que es, como ha dicho Proust, verdadero para nosotros y diferente para cada uno. El cine, cuya técnica nos llega a dar en algunos casos toda una serie de imágenes que constituyen un conjunto simultáneo de fenómenos que se relacionan con el mismo tema, dio al perspectivismo uno de los nuevos medios de expresión, adecuados a la realidad múltiple de nuestra vida. El arte de la palabra no puede alcanzar resultados semejantes; pero si no está en condiciones de llevar el perspectivismo y los fenómenos exteriores tan lejos como el cine, es, en cambio, el único capaz de expresa un perspectivismo sintético de la consciencia humana y de reconstruir de este modo la unidad. 
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