Ulises volvió todo el tiempo a las clases de este año de Siglo XX. Partimos de Auerbach, de la tensión entre Ulises e Isaac, de las dos formas de supervivencia que allí se configura, y llegamos al Ulises desastroso de Homero, que perece en la tormenta y que sigue naufragando en las páginas más memorables de Si esto es un hombre, que es también un canto, tal vez un poco ingenuo, a la condición mediterránea.
El sábado le compramos a Nica su primera Odisea para niños en la feria del libro infantil, al lado de la Facultad de Derecho.
No teníamos idea de que se estaba estrenando la película de Nolan sobre el poema homérico. No la vi y no sé si la veré porque me da una enorme fiaca meterme en una sala y porque en general huyo de las adaptaciones.
De Nolan no pude ver Oppenheimer porque me perdía en el relato y, para mí gusto, había demasiada información y demasiado estímulo.
Por otro lado mi Grecia, que no es un país sino una zona de la existencia, tiene más que ver con la pobreza pasoliniana y con los vuelos de Hölderlin que con otro cosa, y prefiero preservarla.
Me recuerdo, a los 18, leyendo en voz alta los versos de El archipiélago en la cuesta de nuestra casa en las sierras, con el cielo que amenazaba una tormenta terrible.
Mi padre me contó varias veces que recordaba mucho el episodio de Polifemo que había visto en una película cuando todavía vivía en Italia, en los años 50. Su familia le alquilaba un espacio abierto, no sé si un hueco que había quedado de la guerra, que estaba justo frente a su casa, en un pueblo de las montañas de Sicilia Justamente Sicilia era la tierra monstruosa de los cíclopes, que vivían en las cuevas con su economía rudimentaria y arcaica hasta que fueron perturbados por la astucia y por la voluntad de supervivencia.
Sorrento, la tierra de mis ancestros maternos, es según algunas tradiciones el país de las sirenas. Uno de los grandes templos dedicados esos seres del canto estaba en las costas de Sorrento ya desde la época de la fundación de la ciudad por los griegos.
Ayer estuvimos todo el día con Nica y con mi madre, su abuela, de 89 años. Mi madre recordó en un momento, bajo el sol del jardín, que el día parecía de otoño y que se cumplía un aniversario de la muerte de Eva Perón, que ella llegó a ver en algunos actos en un estado casi terminal. Se acordó también de que era el día de Santa Ana, patrona de los pescadores de Sorrento. La pequeña iglesia blanca que da al mar está, según se cree, cerca de donde se rendía el antiguo culto marítimo a las sirenas.