viernes, 27 de junio de 2014

Auerbachiana

El otro día me referí a Leo Spitzer durante la primera guerra. Erich Auerbach, su gran amigo, el otro gigante de la critica en lengua alemana del siglo XX, fue como voluntario al frente de batalla en 1914 (abajo en le post hay fotos de la guerra). Por sus acciones en el frente de combate, Auerbach fue condecorado con la Cruz de Hierro, la más alta (creo) condecoración militar alemana. Muchos años más tarde, esa condecoración le permitió a Auerbach, que como Spitzer era judío, continuar dando clases en Marburgo, en los primeros años del nazismo. Eso hasta 1935, cuando la situación en Alemania se hizo insostenible y partió hacia el exilio en Turquía. Auerbach volvió del frente de batalla con una herida en la pierna, como la herida de Ulises con la que comienza Mímesis.

jueves, 19 de junio de 2014

Spitzer y los italianos

Leo Spitzer, el enorme crítico austríaco, fue destinada durante la primera guerra mundial a una dependencia del ejército del austro-húngaro encargada de controlar las cartas que los prisioneros de guerra italianos enviaban a sus familias. Aprovechó la ocasión para adentrarse en el estudio de la construcción de la afectividad en la lengua italiana contemporánea. Muchos años más tarde, en 1960, en la última conferencia que pronunció, a pocos días de su muerte, y que fue precisamente en Italia y en lengua italiana, se refiere a ese trabajo y dice algo que no me dejarme pensando y que también me conmueve un poco. Dice Leo: "lo que más aprecio en la poesía italiana de la Edad Media, como en las humildes cartas de los prisioneros italianos, es aquello que en alemán llamaría offene Weltsinn, la disposición a amar la vida, el sabio humor que la gobierna, el equilibrado evitar los extremos tanto en el egoísmo como en el altruismo, la espiritualidad templada por el sentido de realidad...".

jueves, 5 de junio de 2014

Poetas y preguntas

1-Cual fue tu primer contacto con la poesía? D. Bent: Escuchar hablar en dialecto a mis parientes mayores. Fue el primer contacto con una palabra rara, que venía de otro lugar, con cierta familiaridad de sonido o de léxico pero, al mismo tiempo, con un grado de lejanía muy marcado, muy fuerte. Una lengua que era poesía en la medida en que era al mismo tiempo cotidiana y extranjera, entrañada y distante, un poco como el canto de los pájaros que oía en las sierras, a la siestas, en verano. En mi casa había algunos libros de poesía, que eran de mi madre y de mis hermanas. Recuerdo con cierto placer la lectura de algunos poemas de Amado Nervo y de Lope de Vega, así como de una antología de poesía universal del Centro Editor de América Latina, donde había un poco de todo, desde Safo a Ginsberg, y que me encantaba. Ahí leí por primera vez a alguno de los poetas que hoy considero insoslayables, como Vallejo o Hölderlin o Leopardi. Pero lo que me deslumbró como poesía en esa época, tendría nueve o diez años, fue la lectura del Martín Fierro, que creo que alguna de mis hermanas estaba leyendo en la secundaria. Recuerdo muchas horas en una especie de depósito que había en mi casa de infancia, con ese libro amarillento, en una edición muy antigua y precaria. Era una lectura hipnótica. Creo que, como poesía, fue el primer contacto fuerte, arrebatador con el verso, con el ritmo machacador y narrativo de la sextina. Quizá por eso para mí la poesía hoy sea eso: la búsqueda de una forma, la escucha de un ritmo... Competa, aquí.

viernes, 18 de abril de 2014

Gabo (+2014) (de algunos poeas civiles)

El gobierno de la república popular socialista de participa de, el directorio de editorial sudamericana participa de, el ex presidente de participa de, la cámara mexicana del libro participa de, la feria del libro de buenos aires participa de, los representantes del banco ambrosiano-véneto participan de, la academia de la lengua participa de, fidel castro participa de, obama participa de, su santidad participa de, angela merkel participa de, las autoridades de participan de, el comité permanente de homenaje a participa de

jueves, 10 de abril de 2014

Pasolini y la poesía popular

ENSAYO / ESCRITURAS Pasolini y la poesía popular 09/04/2014 / POR DIEGO BENTIVEGNA En este erudito ensayo, el crítico recorre el devenir teórico y poético de Pasolini para afirmar el sentido colectivo y comunitario de la poesía popular. I Guido Pasolini, el hermano menor de Pier Paolo, había nacido en 1925. A los dieciocho años se integra a las formaciones partisanas que luchan contra la ocupación alemana y contra las tropas de la República mussoliniana de Saló, con un ejemplar de Lorca o de Montale en la mochila. Participa a partir de entonces de varias acciones armadas en la región del Friuli, en el norte de la península, en los límites con Austria –como consecuencia del Anschluss, parte del Tercer Reich- y con el complejo y violento mundo balcánico. Fue fusilado en febrero de 1945, a pocas semanas del fin de la guerra, por miembros de la Brigada Garibaldi, formación partisana adscripta al Partido Comunista, en la localidad de Porzûs, a las puertas de Yugoslavia. Era la consecuencia violenta y traumática de las tensiones entre los grupos de la resistencia italiana, en la que confluían sectores comunistas, liberales, socialistas, monárquicos y católicos. A la memoria de Guido está dedicado uno de los textos de Pasolini menos abordados por la crítica, sobre todo por la crítica en torno al autor que se produce fuera de Italia: El Canzoniere italiano publicado en 1955 en la editorial Guanda de Parma. “A mi hermano Guido –dice la dedicatoria, impresa en letras cursivas en la primera página del volumen-, caído en los montes de Venecia Julia, por una nueva vida para el pueblo italiano”. Texto completo, en Espacio Murena.

domingo, 6 de abril de 2014

Angel Faretta / Lontana III

a Diego Bentivegna Soñé por años que viajaba hasta vos. El sueño era inquietante, una pesadilla; perdía el avión o me perdía en un lugar desierto y en un páramo; luego no era reconocido al llegar. Mutaban los actores y partiquinos cumpliendo diversos roles oníricos; a veces hacían muecas y befas al recién llegado que era yo. Todo se fundía y encadenaba en un palimpsesto de pesadilla; luego no podía ni articular una sola palabra. Prego, ciao. Nada salía de mi boca y garganta; me quedaba mudo, estulto, me mareaba en ese desierto de neblina que no podía ser Italia. Todo salía mal. El visado. ¿Pero por qué visado? decía ese yo de sueño y niebla. Salía mal, me trababa, mudo, carente de voz y de voto a quien dirigirme. Fiumicino era el Sahara con médanos que caían a pique hacia un mar furioso que no podía ser el mío. ¿Mío? Digo, el que fuiste a buscar y que ahora no encontrabas. Eran olas de escayola chocando contra un farallón de cine. El desierto se hacía una selva, abigarrado bosque hiperbóreo. No podía ser mi llanura y colina Pero ¿eran esas tales las mías? Donde estoy, me dije todavía y creí, lo juro, decirlo en italiano. ¿Qué busco acá? ¿El vino, Dante Capri, Horacio o el Campari? Daba vueltas en la cama y la cama era la nave que me llevaba sobre las olas de ese mar de escayola. Sabía que dormía y sabía que durmiendo estaba allá. Al despertar no tenía una rosa; solo un puñado de tierra entre las manos. La tierra olía a rosas. Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito