sábado, 1 de agosto de 2015

En Ñ, Sandra Contreras lee La república posible (Bentivegna - Niro, eds.Buenos AIres, Cabiria)

Un recorte de la literatura en democracia

Ensayos. Treinta “lectores profesionales” eligen el libro más significativo publicado de 1983 hasta hoy.

Por Sandra Contreras

Los editores del libro, Diego Bentivegna y Mateo Niro, advierten enseguida, y lo reafirman apenas pueden, allí mismo en el prólogo y en la contratapa, que La República posible. 30 lecturas de 30 años de democracia no es un mapa, ni una antología, ni una guía, ni una bitácora, sino “un recorrido crítico posible” por ese espacio literario complejo que se abre en la Argentina en 1983, una “colección de lecturas” que “encuentra regularidades e imagina puentes donde hay heterodoxia y dispersión”. La advertencia es en principio precautoria, tendiente a evitar rápidamente que la serie sea examinada desde el punto de vista de los criterios puestos en la selección. Pero también es liberadora: nos exime de entrada, a los lectores del volumen, de toda preocupación por el valor representativo de la muestra y nos invita en cambio (lo vamos reconociendo retrospectivamente) a asistir a un experimento crítico y editorial. Los compiladores convocan a 30 lectores –”voraces y profesionales”, dicen, entre poetas, novelistas, traductores, académicos, periodistas culturales y editores– para que escriban un texto ensayístico sobre un libro (novela, cuento, poesía) que, entre los publicados durante la democracia, consideren, objetiva o subjetivamente, “significativo”.
Ninguno de ellos sabrá de la elección de los otros, ni tendrá ninguna otra regla que observar, y los editores –que por un momento, siquiera idealmente, se expusieron a que todos, o muchos, eligieran un mismo título o un mismo autor, o a que se concentraran en los mismos años– ordenan cronológicamente los libros elegidos. Fueron afortunados. Hubo quien eligió Los pichiciegos de Fogwill, de 1982-1983, hubo quien eligió El gran surubí de Pedro Mairal, de 2013, y las tres décadas se recorrieron a través de una serie tan amplia como laxa en su composición.
La distribución de los 30 títulos de un modo relativamente equitativo a lo largo del ciclo es uno de los aspectos más interesantes del experimento. Podrá decirse que no hay allí otra cosa que regularidad estadística pero, además de un mapa de lecturas (de hecho, si no de la literatura de los últimos 30 años, la colección de ensayos admitiría ser leída como un mapa de modos de leer en el presente), lo cierto es que ese reparto temporal en la elección traza a su vez un diagrama, o tan sólo un muestrario, de las variaciones de la memoria.
La República posible es también un experimento con la memoria. Hay memorias de larga duración, que vuelven a un libro publicado en los primeros años del retorno a la democracia para resignificarlo, en el presente, desde las continuidades de nuestra historia cultural (los anuncios de supervivencia que Jorge Aulicino saluda en Violín obligado , de Joaquín Giannuzzi) o a partir de su transformación (la fuerza de la lengua del deseo que, subraya Gonzalo Aguilar, ya no se puede leer igual en Alambres de Néstor Perlongher). Hay memorias que, al revés, identifican un libro de publicación reciente que, reunión de una obra de cuatro décadas ( Estación Finlandia del mismo Aulicino para Angel Faretta) o primera novela ( El colectivo de Eugenia Almeida para Betina González, se proyectan sobre la historia o abren interrogantes sobre la comunidad. Hay memorias –las más– para las que lo “significativo” se traduce en la articulación del libro con un “acontecimiento” como cifra de la época: la crisis de 2001 (anticipada en El aire de Sergio Chejfec, según María Pía López, o representada en El trabajo de Aníbal Jarkowski según Soledad Quereilhac), la guerra de Malvinas (así Las islas , de Carlos Gamerro, leída por Beatriz Vignoli), o los legados de la dictadura en la década menemista ( Vivir afuera de, otra vez, Fogwill, en la lectura de Diego Erlan). Hay otras para las que el acontecimiento –una de las categorías más recurrentes del volumen– es el libro mismo o el hecho de su publicación: uno de los mejores libros de poesía de este medio siglo y, por exceso, dice Daniel Molina, una novela excepcional (El affair Skeffington de María Moreno); un relato de una excentricidad siniestra con cuyo autor, según Daniel Link, “murió la ficción” ( El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza); una novela que abarca toda la literatura argentina (así, para Luis Chitarroni, Tartabul de David Viñas) y también un monumental libro de memorias de tempo novelesco (el Borges de Bioy Casares, según Enrique Butti). O bien, del lado de los poetas, la irrupción imprevista y perfecta de una poética que fue para Jorge Monteleone Poemas 1960-1980 de Hugo Padeletti, el descubrimiento de una obra de gravitación subterránea que Carlos Battilana encontró en Poesía completa de Juan Manuel Inchauspe, la revelación del vínculo casi secreto de una escritura con el mundo que Daniel Freidemberg lee en Antología de César Mermet, la epifanía de ese libro verídico que parece mentira que es, según registra Silvio Mattoni, El vespertillo de las parcas de Arturo Carrera.
Hay también memorias, podría decirse, más individuales, que a partir de un ínfimo episodio privado o de una entrañable identificación personal se concentran en libros de amargos desalientos (El fervoroso idiota , de Julio Llinás, en la elección de Laura Isola) o de lenguas tan familiares como enrarecidas (La italiana, de Patricia Suárez, en el relato de Eduardo Muslip). Y están, además, las memorias de los narradores que inscriben la lección del libro en la historia de su escritura y formación: la lenta revelación que fue para Juan Terranova Los años 90 de Daniel Link, esa novela que –dice– hoy nos sigue preguntando qué vamos a hacer con nuestro deseo; o la línea horizontal y fraterna que en la experiencia de Félix Bruzzone Rapado , de Martín Rejtman, tendió con los narradores de 2001 y que ahora, conjetura, es una buena forma de pensar literatura y democracia.
El fragmento de El dock de Matilde Sánchez, que antecede el ensayo que se le dedica, dice así: “Algunos años atrás, no podría decir cuántos años hace exactamente, comenzó una historia. En rigor dos historias o tres, tal vez más historias, una historia por cada uno de nosotros”. Es cierto que, entre la “llaga” de la violencia que para Martín Kohan Fogwill “toca sin atenuaciones” en la transición democrática y la “pesadilla nacional” que para Gabriela Cabezón Cámara hoy cristaliza Mairal con renovada eficacia, predomina en el libro una mirada situada en el cruce entre el material literario y la historia de estos 30 años (la palabra “república” debe haber orientado las lecturas en esa dirección). Pero no menos cierto es que lo atraviesan también intereses, preferencias y amores individualísimos. Me pareció por esto al leerlo, hacia la mitad del libro, que el fragmento de esa novela que, dice Paola Cortés Rocca, anticipó debates y formas de ver que apenas despuntaban en los 90, adelantaba también una imagen del relato mismo en que se iba convirtiendo La República posible : una colección de memorias personales, de sensibilidades y de afectos, de modos de recordar. O, para usar la precisa fórmula de Franco Vaccarini cuando recuerda Guiando la hiedra de Hebe Uhart: la puesta en acto de la memoria como “otra manera de releer, con sus riesgos, con su propia y acaso caprichosa edición”.
Por esto, si no tiene ningún sentido discutir las elecciones y las ausencias, uno no puede menos que entrar en conversación con ese colectivo de relatos, con esa serie –por qué no pensarla así– de instantáneos clásicos personales. Después de todo, eso es lo que se habían propuesto los editores: hacer de la lectura de los textos publicados en la democracia una lectura compartida. Si me hubieran preguntado a mí, lo primero que habría aparecido en mi mente habría sido Una novela china , la rareza de esa primera página que tuve que releer una y otra vez para atravesar el contacto con una nueva lengua, o Glosa , la conversación santafesina de Juan José Saer a la que cada tanto vuelvo, aunque seguramente habría optado por Cómo me hice monja , el acta de nacimiento del monstruo César Aira.
Sandra Contreras es investigadora y autora del ensayo Las vueltas de César Aira.

miércoles, 29 de julio de 2015

Reseña de La república posible (Bentivegna, Niro, eds.) por Adriana Mancini


La república posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia, Diego Bentivegna y Mateo Niro (eds.).
Buenos Aires, Cabiria, 2014, 272 págs.



La literatura, hemos aprendido en este país agraviado por cruentos Golpes de Estado en el pasado, cargó sus espaldas con la no siempre posible tarea de mostrar el revés de la trama de la historia oficial. Censurados en su momento, los textos literarios, desafiantes, guardaron silencio en los años dictatoriales, pero acumularon los hechos en la memoria de la escritura clandestina. “La memoria, […] no se plantea en la literatura como lo dado, sino como aquello que tiene que ser trabajado” aseguran los editores en el excelente prólogo de La república posible. Los estragos del exilio, desapariciones, tortura, abuso de poder, la guerra del Cono Sur y la muerte en todas sus manifestaciones fueron emergiendo en los albores de la democracia. Lenta pero implacable, la literatura de esos años hasta el presente no sólo trabaja sobre un material que desde diferentes perspectivas sigue sorprendiendo, sino que permite a la crítica que la aborda una lectura montada en la paradoja del futuro perfecto; es decir  “[…] imaginar cómo habrá sido la literatura de un mundo futuro”.
Los treinta ensayos que componen esta original edición remiten a treinta obras publicadas en treinta años de democracia. Treinta críticos, escritores, poetas (los géneros habrán tendido a fundirse) eligen sin condicionamientos su obra dilecta posibilitando una bienvenida república, en las letras. No sorprende que el primer artículo sea sobre Los Pichiciegos de Fogwill; tampoco desentona la lectura presente de una novela escrita en sincronía con una guerra arbitraria y sangrienta que signó el destino de los militares del poder: “Contada como farsa de guerra, Los pichiciegos revela lo que la guerra tuvo en sí misma de farsa”. Otra línea se desprende de Las islas de Gamerro, novela que resuelve la dificultad de contar una guerra sin caer en una gesta patriótica, subrayando grietas sociales y la represión militar. En Alambres de Perlongher se enfoca el legado de la dictadura –“Cadáveres”–  y el concepto teórico de desterritorialización adoptado para representar el desarraigo “de la  patria, lengua, […] del cuerpo vivo”.  La lectura de El aire de Chejfec (aunque opacada por el error en el título de un reconocido cuento de Cortázar) rescata una sugerente anticipación de ciertos hechos económicos y sociales. Asimismo, en El dock de Sánchez y Rapado de Rejman hay rastros de ese “futuro perfecto”: ambos serían referentes de la “ficción política” por venir. De Cortázar y Dunlop se eligió Los autonautas… porque  “lo programado como poética aparece ya transformado en escritura”.
Los desplazamientos migrantes son los ejes en La italiana de Suarez y Stefano de Andruetto; la tecnología en riesgo de arcaizarse surge de las múltiples facetas de Los años 90 de Link; la sobredimensión  –“una carcajada homérica”– en el “espíritu de los años 60” en consonancia con los 80 en El fervoroso idiota de Llinás. Desde el Borges de Bioy, donde “ambos están haciendo literatura”, hasta la sensibilidad revelada en Los cuentos del sapo de Villafañe; desde Tartabul de Viñas, “capaz de medirse con toda la literatura argentina”, a  El desierto y la semilla de Baron Biza en la que el “cuidadoso trabajo sobre el habla de los personajes” no ensombrece su “siniestra  excentricidad”; desde El trabajo de Jarkowski donde la tensión entre lo erótico y lo social sucumbe en enamoramiento (de una lectura comprometida con un “nos” inclusivo); y la extrañeza sobre lo cotidiano en la creación de Uhart y la mediocridad del pensamiento burgués desnudado en Vivir afuera de Fogwill; incluso, la posibilidad de “hablar de la dictadura sin mentarla” en El colectivo de Almeida: todos son senderos que aunados arman La república posible.
A su vez, las lecturas de los poetas escanden las travesías de la memoria e insertan rastros más sutiles aunque no menos corrosivos. Una “poderosa” vuelta a la gauchesca, en El gran surubí de Mairal; “una zona de reflexión” en Estado de Reverencia de Godino; la puesta en abismo en El affair Skeffington de Moreno. En Violín obligado de Gianuzzi se afirma “no hay cadáveres. Hay una presencia ominosa de la muerte”; y en la contracara, la elección de Los conjurados por ser “el más sereno y más alegre” de los libros de Borges; Escribanía de vivos y muertos de Martínez transfigura la humillación en la infancia y vejez; la Antología de Mermet reafirma que “la relación de la escritura con el mundo es el feliz juego de una tensión”; El vespertillo y las parcas de Carrera exalta “las palabras contadas por la vitalidad de esas mujeres” y Finlandia de Aulicino “consolida una expresión poética que participa tanto de la evocación histórica con acento coral como del doliente yo”. 


Hay entre las lecturas dos reflexiones que configuran ese espacio donde el libro y su propósito –la literatura– se repliegan y encuentran su mínima expresión, su matriz. Padeletti, concluye su crítico, entrega sus Poemas 1960/1980 “gestándose con ese estilo de semillas que siguen su ruta cifrada” y otro lector de esta “república posible” apunta, sobre la Poesía completa de Inchauspe, que la osadía de “reunir palabras, juntarlas pacientemente, combinar vocablos, resulta un tipo de tarea que procura detener una imagen en el curso del tiempo”.

miércoles, 15 de julio de 2015

Antología in italiano (Las reliquias - La pura luz)

    Comparto una selección de poemas traducidos al italiano de Las reliquias y de La pura luz, que está por salir en breve, en el sitio de la revista Nuovi argomenti, que dirigieron en su momento Moravia, Sciascia, Pasolini. Estoy muy feliz y agradecido. Acá, la antología.

viernes, 10 de julio de 2015

De En el magma, de Mario Luzi (en Hablar de poesía, 31: Córdoba-París, 2015)

Mario Luzi: En el magma

Nota preliminar de Milo de Angelis
Selección y traducción de Diego Bentivegna


Breve viaje entre las sombras de Mario Luzi. [1] Para quien ha pasado gran parte de su vida leyendo versos, manuscritos mecanografiados, libros de poesía, manifiestos literarios que se refieren unos a otros en un movimiento perpetuo, es inevitable tener tres o cuatro puntos cardinales de referencia, literalmente; puntos cardinales que reúnen en sí esa densa trama de experiencias, tres o cuatro caminos consulares que atraviesan la ciudad de la poesía y te conducen allí donde deseas llegar, a un cúmulo de calles que llevan el nombre de un poeta y que coinciden con las que teníamos dentro de nosotros. Mario Luzi es una de esas calles. No es la que encontré primero. Antes, había encontrado a mis semejantes. Encontré a Pavese, a Montale, a Benn, a Celan, a los autores trágicos. Luego, hubo otros poetas, muy pocos, y entre ellos Mario Luzi.

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viernes, 3 de julio de 2015

Hablar de poesía nro. 39 (Córdoba-París: junio de 2015)

    Salió el nuevo número de Hablar de poesía, ahora coeditado en Córdoba y en París. Traducciones de Montale de Herrera, de Ted Hughes por Alejandro Crotto y Diego Alfaro, poemas de Laura Wittner, ensayo de Mallarmé sobre Wagner, traducciones de Mario Luzi a cargo de un servidor, entre otras lecturas.

     http://hablardepoesia.com.ar/tapa/numero-31/

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la Obra poética de Joaquín Giannuzzi (Ediciones del Dock, 2015)


Obra completa. Compleja y contradictoria, la voz de Joaquín Giannuzzi interpeló a su época y se erigió como antecedente de la poética de los 90.

Por Diego Bentivegna, acá.

martes, 23 de junio de 2015

En portugués

Vejo uma cabeça
cheia de eletrodos.
Não é a cara de outro?
...
Tenho oito anos

estou com a cabeça

repleta de eletrodos.

É a cara de outro,

com seus traços

desenhados numa lâmina de papel,

que se dissolvem numa superfície branca.

A mente se dilui como um rio;

É uma sinuosidade,

um vestígio, um fosso, um naufrágio.

***

Diego Bentivegna, "La pura luz" (Cabiria ediciones, Buenos Aires, 2015)
{trad. davi pessoa}

imagem: Claudio Parmiggiani, sem título, 1944