viernes, 13 de mayo de 2022

Varia pasoliniana: Fragmentos de Empirirismo eretico, Milán, Garzanti, 1972. De “Dal Laboratorio (Appunti en poète per una linguistica marxista)” [1965]

 Fragmentos de Empirirismo eretico, Milán, Garzanti, 1972. De “Dal Laboratorio (Appunti en poète per una linguistica marxista)” [1965] 

Trad: Diego Bentivegna



    ¿De qué cosa se hablaba antes de la guerra, es decir, antes que todo sucediese, y la vida se presentara como eso que es? No lo sé. Se hablaba de esto o de aquello, es cierto, se hablaba de pura e inocente fabulización (affabulazione. La gente, antes de ser eso que realmente es, era igualmente, a pesar de todo, como en los sueños. De todos modos, lo cierto es que yo, en aquel balcón, o estaba dibujando (con tinta verde o con el tubito del ocre de los colores al óleo, sobre el celofán), o estaba escribiendo versos. Cuando resonó la palabra “rosada”. Era Livio, el muchacho de los vecinos de la otra parte de la calle, los Socolari, quien hablaba. Un muchacho alto y de grandes huesos… Un campesino, por cierto, de esas tierras… Pero gentil y tímido, como lo son ciertos hijos de familias ricas, lleno de delicadeza. Porque los campesinos, se sabe, lo dice Lenin, son unos pequeños-burgueses. Sin embargo, Livio hablaba de cosas simples e inocentes. La palabra “rosada” pronunciada aquella mañana de sol no era más que una punta expresiva de su vivacidad oral. En verdad, aquella palabra, en todos los siglos de su uso en el Friuli que se extiende de este lado del Tagliamento, no había sido escrita nunca. Había sido siempre y solamente un sonido. Sea lo que fuere que estuviese haciendo aquella mañana, pintando o escribiendo, lo interrumpí por cierto de manera abrupta: esto forma parte del recuerdo alucinatorio. Y escribí de pronto unos versos, en aquel dialecto friulano de la rivera derecha del Tagliamneto, que hasta ese momento había sido solo un conjunto de sonidos: empecé, en principio, haciendo gráfica la palabra “rosada”. Esa primera poesía experimental ha desaparecido: sobrevivió la segunda, que escribí al día siguiente: 

Sera imabarlumida, tal fossàl 

a cres l´aga…. …………….. 

(…)


 En aquel período de Belluno, precisamente a los tres años y medio, experimenté los primeros accesos del amor sexual: idéntica a las que experimentaría luego y hasta ahora (atrozmente agudas desde los dieciséis a los treinta años): esa dulzura terrible y ansiosa que toma las vísceras y las consume, las quema, las contorsiona, como un vientito cálido, atormentadas, ante al objeto del amor. De ese objeto de amor recuerdo, creo, tan sólo las piernas –y, más precisamente, el hueco detrás de la rodilla con los tendones tiesos- y la síntesis de sus facciones de criatura distraída, fuerte, feliz y protectora (pero traidora, siempre convocada por otro). Así, un día fui a buscar a ese objeto de mi tormento, tierno-terrible, a su casa, subiendo por las escaleras de una casita de Belluno –que puedo ver todavía delante de mí- y golpee a la puerta, y pregunté por él: escucho todavía las palabras negativas, que me decían que no se encontraba en casa. Yo naturalmente no sabía de qué se trataba: sentía tan sólo al fisicidad de la presencia de ese sentimiento, tan densa y ardiente que me retorcía las vísceras. Me encontré entonces con la necesidad física de “nombrar” ese sentimiento, y en mi estado de hablante solamente oral, y no de escribiente, inventé un término. Ese término era, lo recuerdo perfectamente, “teta veleta”. 

    Narré en una oportunidad toda esta anécdota a Gianfranco Contini, que descubrió que se trataba, antes que nada, de un “reminder”, de un fenómeno lingüístico típico de la prehistoria: y luego que se trataba del “reminder” de una palabra del griego antiguo, “Tetis” (sexo, sea masculino o femenino, como todos saben). “Teta veleta” formaba parte absolutamente de mi “langue”, de la institución lingüística oral que usaba. Creo que en ese momento no confesé ese término a nadie (porque sentía que el sentimiento que definía era maravilloso, pero vergonzante): quizá sólo intenté preguntárselo a mi madre durante algún paso por el Piave, pero no estoy seguro de ello…. Siempre en la línea de la liberación en laboratorio del elemento puramente vocal en cuanto realidad histórica pasada, pero todavía presente en la lengua.

jueves, 5 de mayo de 2022

Varia pasoliniana: Anexos de La Divina Mímesis

 

Anexos de La Divina Mimesis


En Pasolini. Romanzi e racconti. Vol. II, Walter Siti y Silvia De Laude (eds), Milán, Mondadori, 1998. Las notas a pie de página son de Pasolini.

 

¿De qué otra cosa hablan entrando en el verdadero reino

de los hijos de Cam,

oliendo en la ciudad el destino

de los jóvenes delincuentes, cultivando su amistad,

los muchachos poetas?

Los de su edad, que todavía velan

bajo fuertes estrellas,

orgullosos de sus músculos serviciales,

levantando estacas para la fiesta

o árboles de Navidad,

hoscos y violentos como los padres,

que no son sino hijos traidores de la juventud:

van en pareja o en grupos

como fascistas, los inocentes: su elección

está hecha, y hablan

en las entradas o por largos pórticos

o en los primeros prados geométricos junto a las fábricas,

donde un rosetón está solo como en el fondo del mar, hablan

de aquello que hace felices a los felices. Pero ellos,

los hijos infelices,

hablan en cambio de literatura.

Han hecho un pacto con los patrones de la oscura noche

que las familias temen, conocen sus palabras obscenas,

como por una ciencia de más[1], del corazón,

pero, casi paternos,

con esos padres del pueblo, y con sus hijos fuertes,

y casi confortados por su procaz amistad,

con paso seguro por el adoquinado de los patíbulos

y de las procesiones, hablan de literatura.

También ahora, nuevos hijos poetas,

con el cabello largo,

hacen demostraciones anti-mundo[2], con un pie

en Pigalle o Trastevere y el otro en las cinematecas

o en los conservatorios, cantando sucios como changarines,

los cinturones que sostienen panzas de bárbaros,

y los flancos de enamorados de madres, los vientres

que imitan los de los obreros, pesados, con desesperado

pudor; cantan:

“Por la muerte de ese padre nuestro >barrigón<,

de esa puta pequeñoburguesa de nuestra madre,

de esos sucios burgueses[3] de nuestros hermanos,

de esos cerdos de nuestros abuelos, patrones de la industria,

que mantienen bajos los salarios manteniendo artificialmente

elevada la desocupación,

por la muerte de quien nos ha dado la vida,

desciende con tus tanques de guerra,

Arcángel, mano secular,

expulsa a los inocentes de sus hábitos,

del cine, de las cenas de Irrealidad,

de los paseos higiénicos,

de los domingos,

pon el desorden en los horarios de sus ciudades,

hazlos permanecer con la nariz en alto

horas y horas, esperando la llegada de los bombarderos,

hazlos estar noche y día en los sótanos,

esperando quedar sepultados en vida, 

en lugar de ir al teatro,

hazlos contemplar los hijos colgados de los ganchos

en lugar de esperar el resultado de la partida, etc., etc.

Lo sabemos, los primeros que serán muertos seremos nosotros,

jóvenes poetas que tal vez no serán jamás poetas,

que no sabrán sino hablar de literatura,

con el mismo amor de las bestias salvajes por el sol;

por lo pronto, ¡los más sorprendidos serán ellos!

¡Hitler, nuestro ejecutor, a menos que

nuestras maldiciones no sean sino verbales!”.

Y mientras hablan,

la luciérnaga cuyos ancestros conocieron tantos amores,

no sabe nada, y vuela como por primera vez en lo creado,

poliniza amores áridos

como su luz, 

en las tétricas noches de primavera.


Trad: Diego Bentivegna

 

 

                                                           [1965]



[1] <…> y simple

[2] contra la vida

[3] bienpensantes

sábado, 30 de abril de 2022

Varia Pasoliniana: Propósito de escribir una poesía titulada “Los primeros seis cantos del Purgatorio”

 

Pier Paolo Pasolini,

Propósito de escribir una poesía titulada “Los primeros seis cantos del Purgatorio”

 

 


 

Se volvió a presentar el Ángel del Falsete.

 

La Virgen es un hombre volador, como un chico de dieciocho años

que ignora todavía la autoridad militar.

 

Pasando, para la crónica, junto al Mar Rojo-

todo lo que sé

sigue, como decirlo, una inclinación

científicamente indeterminable.

Es una potencialidad desordenada; una tintura;

un mensaje privado.

 

La ecolalia sería por lo tanto su forma real

(dice el Ángel).

 

Y voy así hacia el balbuceo

-que contiene toda lengua-

Riendo.

 

La risa de María en el Mar Rojo,

y luego, allá, el escritorio asqueroso

 

Allá, entre papeles devaluados y despreciados

 

Todo lo que sé es identificarme

deshonestamente, con toma de posición,

 

en una ciencia de la luz

………………….

 

Bien, los tipos de luz son, en la práctica, tres:

luz llana, luz de corte, contraluz

 

se deba agregar que entre falsete y poesía didáctica

nos chocamos con Brecht:

que sin embargo, sobre el tema de la luz, yo diría que no sabe nada,

como sugiere el Ángel Mistificador,

el saber que se vuelve ontológico consistiría, por lo tanto,

en mi querido caso

en una experiencia de luz.

 

De ahí el motivo

 

por el que el arbitrario por su naturaleza suele plantar raíces

sobre lo experimentado. El parásito irreal

disfrutará, así, para confirmarse

-con sus nervios mal dispuestos-

de un terreno real.

 

En suma, la embarazada María parirá un hijo ya nacido.

 

De “poeta por encargo” a “poeta parásito”,

prolijo pájaro en simbiosis con el paquidermo divino…

 

(La perspectiva de mi “saber como ser”

es irreproducible en el exégeta

si no con la condición de ser heurística)

 

La certeza de ser es “la movida de la puta”

su afirmación como originalidad

es preconstitución de misterio, bluff…

 

Estoy cansado de ser honesto.

 

Ataúd, María.

 

¡Sé muy bien, sé muy bien,

que la honestidad, y su sonido,

me perseguirá de cerca

con el acento de la buena fe maldita!

La inclinación no inclinada de mi saber-ser

encontrará luego un eje cualquiera

a causa de mi oscura voluntad de ser claro.

 

De los primeros seis cantos del Purgatorio

sé por ahora solamente que tratan mucho sobre luz

(¡en mi memoria!)

 

Depositados mis huevos de parásito

en los lugares donde eso es más explícito,

los dilataré creciendo en sus tejidos como un cáncer:

y con eso seré fiel a mi educación literaria.

 

Sé también que en Dante la luz

es toda contraluz y de corte.

Si hay algún momento de luz “plana”,

ella es sin embargo rasante, con las “sombras largas”

(la cámara que filma

cargada al hombro en plena mañana,

es más, al alba,

para estar en lugar a las ocho,

con el fresquito, y en el cuerpo la alegría).

 

Las experiencias matutinas medievales

vuelven artificialmente

(si hay acaso alguna cosa artificial):

muchos son todavía los lugares del mundo

donde no hay palos de luz y peajes.

Donde canta Filomena, concentrada, ignorante,

colmada de su certeza.

Donde la brisa es olida por sabinos y leones.

 

Las horas en la que se alzan los que viajan cada día y los guerrilleros.

 

Hay también luz rasante a la noche,

con un profundo color de glicinas;

los toques de queda son virgilianos;

Filomena retoma el hilo del canto interrumpido

 

y las aguas, las melancólicas pendientes.

 

De estrellas, en este proyecto, se calla.

 

En Trasumanar e organizzar, Milán, Garzanti, 1971.

Versión: Diego Bentivegna

Varia Pasoliniana: "Topografía sentimental del Friul" (II)




 (Rosa). El camino estaba en silencio, las luces escasas, y algunos grupos de jovencitos volvían a San Vito. ¿Había terminado entonces el baile? Sí, efectivamente, y por intervención del párroco, como nos dijo una muchacha interpelada ansiosamente. Rosa se encontraba en una situación extraña: el aborto de la fiesta daba un aire todavía dominical al tristísimo lunes. Grupos de muchachas que cantaban, provocando a los jóvenes forasteros, como nosotros, caídos ahí desde los caseríos vecinos en bicicleta. En la plataforma desierta, invadida ya por la noche, se habían sentado los muchachos, que pisoteando el tablado, hacían retumbar todo el lugar de esa loca exaltación. Luego llegaron algunos jovencitos que entraron también en la plataforma y empezaron a cantar una canción obscena, una canción romañola que yo había aprendido de muchacho. Cantaban a los gritos pelados, invisibles; los muchachos, cuyo batifondo había sido interrumpido, comenzaron a rodear a aquellos impíos, y con no menor falta de piedad, aprendieron bien rápido el ritornelo, agregando la frescura de sus voces, culebritas de plata, a los tambores de los jóvenes borrachos. “Yo tengo una pistola cargada… cargada con bolitas de oro”. Mientras le decía a N: “¿No parece García Lorca?”, creía que me estaba cayendo, golpeado por las balitas de esa pistola afortunada: era la juventud, era la noche de un Friul de amor.

(...)


De “Topografía sentimental del Friuli”, publicado en Avanti cul Brun, Údine, 1948.

Trad: D. B.

viernes, 29 de abril de 2022

Varia Pasoliniana: "Topografía sentimental del Friul" (1948)

 Pier Paolo Pasolini

De “Topografía sentimental del Friul”, publicado en Avanti cul Brun, Údine, 1948.

 

 


(Villotta). Lo inesperado comenzó pasando las Toratis. Hay que decir que toda la gran llanura que se extiende entre el Tagliamento y el Livenza es el lugar de mi vida, y que en consecuencia tiene para mí el sentido de un dato elevado a la enésima potencia, cargado de memoria. La zona de esta llanura que tiene su centro en Casarsa y sobre cuyo perímetro se colocan Spilimbergo, Domains, Zoppola, Bannia, San Vito, Cordovado, Portogruaro y el Tagliamento, a esta altura se me presenta como carente de misterios geográficos; el misterio ha cambiado de dimensiones y asume la configuración de una tectónica sentimental. En los márgenes de esta zona vive un mundo… ¿Cómo llamarlo? ¿De qué manera definirlo? Es un pre-mundo, un purgatorio adormecido, un pasillo que conduce a aquellos lugares de Italia o de Europa que tienen para mí sólo una imagen convencional: lo verde o lo de color oscuro en el Atlas. Más allá de San Vito, en dirección a Pravisdomini y a Chions, cuyo descubrimiento yo postergaba desde hacia ya dos lustros, el campo presentaba esa mutación imperceptible, pero tan significativa, que hacia que me pareciera distinto, “otro” con respecto al que me es familiar. ¿Algo que ya era del litoral o de los pantanos, algo quizá demasiado silencioso o demasiado reciente, no flotaba acaso por sobre aquella llanura de verde esmeralda?  Con un asomo de terror, pensé en el boscaje prerománico o románico… Y como para dar cierta solidez y forma a ese terror, apareció ante mí justo en ese momento un rebaño amarillo e inmenso, con perro y asnos, y un pastor encapotado, recostado en el pasto. Ni un suspiro se elevaba de esa horda hambrienta, ni un sonido, ni un murmullo. El pastor me miró: fue la mirada que Cristo intercambia con Lázaro en el fresco de Giotto. Una mirada de silencios.

Qué estupor cuando llegué a Villotta. Es un pueblo fresco y nuevo, un pueblo de la California construido con el gusto cementerial de hace cincuenta años. Agucé el oído: allí se hablaba un dialecto que no era véneto, aunque tuviese la vena lanzada de éste: era la máscara fúnebre del friulano. Mientras tanto, yo miraba a mi alrededor, preguntándome si acaso no vería revolotear todavía, un poco cansada, la paloma del diluvio.


(...)

Trad: Diego Bentivegna

 

sábado, 9 de octubre de 2021

Otro poema de Milo de Angelis

 Eselarga


En el trajín de los carritos, cerca de la caja, apareció

-como un sobreviviente tembloroso, como una figura

devastada por sí misma- el poeta que fue hermoso y jovencísimo,

el muchacho de los versos secos, breves, taxativos, el poeta

arrastrado después por un juego de flechas envenenadas,

que ahora se le clavan en el rostro:

busco en vano una espiral adolescente y quedo quieto,

perdido en las líneas de su cuaderno,

sollozos quebrados que no superaron la edad.

 

Con la hora de las grandes lluvias llegan los otros,

y es justo volver a verlos acá, todos juntos,

en el garage de las voces gastadas

donde giran los cuerpos, huellas y trozos de namda,

ruedan las columnas y la tinta se mufa

en el piso. Silencio. Llegan en silencio,

como una patrulla de despertado,

con la brea en la mano y los huevos de luz que tiembla.

 

Un twist nombrado por Daniele Limonta.

Y luego Guido, el taciturno de los pasillo.

Y Stefanella, ella todavía me llama por ni nombre:

“nadie sabrá, amigo mío,

de esa antigua carrera, nueve puros sobre los ochenta,

de una palabra para nosotros, no te quedes

mudo vos también”.

 

.


ESSELUNGA

Nel traffico dei carrelli, vicino alla cassa, appare

– come un superstite tremante, come una figura

devastata da se stessa – il poeta che fu bello e giovanissimo,

il ragazzo dai versi secchi, brevi e tassativi, il poeta

travolto poi da un gioco di frecce avvelenate

che ora si conficcano nel viso:

cerco invano uno spiraglio adolescente e resto fermo,

perduto nelle linee del suo quaderno,

singhiozzi spezzati che non varcarono l’età.

Con l’ora delle grandi piogge arrivano gli altri

ed è giusto ritrovarli qui, tutti insieme,

nel garage delle voci tarlate

dove si aggirano corpi, orme e pezzi di nulla

ruotano le colonne e l’inchiostro ammuffisce

sul pavimento. Silenzio. Giungono in silenzio,

come una pattuglia di risvegliati,

con la pece nella mano e le uova di luce scossa.

Un twist accennato da Daniele Limonta.

E poi Guido, il taciturno dei corridoi.

E Stefanella, ancora lei, mi chiama per nome:

“nessuno saprà, amico mio,

di quell’antica corsa, nove netti sugli ottanta,

di’ una parola per noi, non restare

muto anche tu.”: D. B.

Milo De Angelis (Milán, 1953). El poema pertenece al libro Lina intera, linea spezzata (Milán, Mondadori, 2021).

lunes, 4 de octubre de 2021

Un poema de Andrea Zanzotto

 Al vuelo, un poema de Andrea Zanzotto. El poema es "Nuevos otoños" y está incluido en el libro Vocativo, de 1957.

Zanzotto (Pieve en 1921, en la región de las Venecias - 2011).
Nuevos otoños
Pocas hojas a veces el cerezo
va a esparcir en el prado, en el monte,
líquidos recintos va a tener la casa,
conmociones y despojos matutinos.
Pocas, dulces apariciones me rodean
en los despertares puros del otoño.
Curado, certeros los párpados y los pasos,
me voy a abrir desde la noche.
Almizcle, almizcle va a querer restaurarme,
movimiento espléndido, audaz de los torrentes,
¿conoceré la floración de las cosas
que se irradian desde mi mano:
de la ardilla las estrategias,
o el agudo manto del bosque
o la nota rosa del cielo
y en su reflejo vos, rubia, volviendo?
El aire, imagen tuya, pinchará mi corazón desnudo
y la lengua suprimida por ser muda.
De mí, sentidos y miembros serán
una melodía abierta al sol.
Versión: D. B.
Poche foglie per volta il ciliegio
verserà sul prato e sul monte,
acquei recinti avrà la casa
e brividi e spogli mattini.
Poche, dolce parvenze a me dintorno
nei risvegli puri d’autunno.
Guarito, certe le palpebre e i passi,
mi svilupperò dalla notte.
Musco e musco vorrà ristorarmi,
moto splendido audace di torrenti
m’aggirerà da lungi, oltre il tintinno
di vetri e venti ch’io lasciai fuor di casa.
Al di là dei pensieri distrutti
dall’instabile acerbo me stesso
conoscerò il rigoglio delle cose
che s’irradiano dalla mia mano:
dello scoiattolo gli stratagemmi
o l’arguto manto del bosco
o la nota rosa del cielo
nel cui riflesso tu bionda a me torni?
L’aria immagine tua pungerà il nudo cuore
e la lingua rimossa dall’esser muta.
di me, sensi e membra saranno
Una melodia disposta dal sole.