miércoles, 15 de agosto de 2018

sobre Metraje encontrado, de Germán Carrasco (Buenos Aires, N direcciones, 2018).

Uno de los mejores libros que leí en lo que va del año es Metraje encontrado, de Germán Carrascado, publicado por N direcciones. Es un gran libro y recomiendo a todes su lectura su relectura. El domingo salió publicado en el suplemento de Perfil un textito en el que digo unas palabras sobre el libro. Solo quiero agregar que siento una estrecha cercanía con la poesía de Germán. Acá les copio el texto, porque sé que la nota no se sube al sitio del diario. Abrazos!
PD: Gracias a Guillermo Piro por la edición.
Germán Carrasco
Metraje encontrado.
Buenos Aires, N direcciones, 2018. 106 páginas.
Metraje encontrado se construye a partir de la búsqueda y el hallazgo más o menos fortuito de viejas cintas en fílmico en las ferias de Santiago que en Chile se suelen llamar “mercados persas”. Los textos van explorando modos posibles de inscribir lo que esas cintas, halladas muchas veces en un estado de conservación lamentable, dejan entrever: fragmentos de vida de las clases medias y de los sectores acomodados de Chile capturados por las cámaras caseras que en algún momento fueron significativos (nacimientos, bautismos, cumpleaños, casamientos), documentos fílmicos que, por la lógica misma de los modos de captura de lo real y de su archivo y por el carácter precario de esas técnicas, terminaron confinados en el lugar de los restos, de los objetos en desuso.
Como esos metrajes que la lógica de renovación de las técnicas documentales ha dejado a un costado, puede pensarse que todo el libro de Carrasco gira en torno a la poesía misma como un ejercicio de escritura levemente anacrónico, levemente desfasado, una gimnasia de la memoria que sostiene su potencia en el hecho de no identificarse jamás con un pasado monológico, cerrado en sí mismo, convertido en objeto de veneración vana y de nostalgia.
Los poemas de este libro son, a su modo, percepciones nómadas, cámara en mano, que vuelven sobre uno de los ejes de la escritura de la poesía contemporánea: las relaciones entre ver y escribir, enunciar y mostrar, narrar y exhibir. Los límites de lo escrito, dicen estos poemas, se tocan con los límites de otras maneras -fílmicas, fotogramáticas- de construir sentido. En definitiva, en los poemas de Carrasco las formas de la escritura y las formas de la mirada se tocan sin fundirse en la medida en que ambas se despliegan en el tiempo. En la medida en que ambas, imagen y palabra, fluyen -y sobreviven- en él.
Diego Bentivegna

viernes, 10 de agosto de 2018

Violencia (discursiva) de género

Nuestro amigo José Rodríguez Ferla nos hace llegar esta circular "aberrante" (él uso esa palabra, que me parece más adecuada) del Ministerio de Educación de la provincia de Corrientes cerca del uso del llamado "lenguaje inclusivo". Es un texto interesante porque muestra cómo las intervenciones correctivas y conservadores que surgen de la RAE -como el informe firmado por Bosque, a quien yo califiqué, cosa que ratifico, como repudiable, desinformado, desde el punto de vista histórico y político, parcial y reduccionista desde un punto de vista teórico- son utilizadas con fines absolutamente regresivos, como en este caso. Lo mismo se hace con observaciones que vienen del campo de algunos sectores con vocación imperialista de la lingüística (subrayo, algunos sectores, el campo de estudio de las lenguas es heterogéneo y conflictivo), que plantean una idea de cambio que puede ser interesante, pero que por supuesto es absolutamente discutible y que, desde mi punto de vista, es también una concepción reduccionista y parcial (se dice que el cambio nunca es producto de la iniciativa consciente de los hablantes; por supuesto que muchos de los cambios no lo son, pero eso no quiere decir que no haya cambios que surgen de posiciones políticas conscientes, críticas y afirmativas, que no haya algo del orden de lo agentivo que en cierto momentos surge con fuerza. En fin, un documento triste, pero riquísimo para analizar y, sobre todo, para repudiar. Lo copio.


miércoles, 8 de agosto de 2018

machirulos

Adoro La invención de Morel (Bioy, 1940), idolatro Ficciones (Borges, 1944). En cambio, no me gustó mucho nunca Olmedo, aunque siempre me pareció engimático el sketch en el que hacía de Borges junto con Portales, en el papel de Álvarez. La condición de posibilidad de ese evento es, sin duda, la monumentalización de la obra borgeana durante la dictadura y las relecturas complacientes que en los 80 un sector de la crítica que estaba abjurando del marxismo llevaba adelante. Creo que ese episodio de la cultura televisiva argentina solo adquiere su sentido pleno después de la publicación de un libro penoso como el Borges de Bioy. Olmedo crea a sus precursores. Si quieren leer las pavadas de dos machirulos decadentes no pueden dejar de recorrer su páginas. Es de un machismo obtuso, primitivo, básico, casi tan básico como las opiniones partidarias de ambos.

sábado, 4 de agosto de 2018

Las sesiones de Clara S.

Teoría del quehacer/ Las sesiones de Clara S., de Naranja Milano Cuesta

t_naranja_milanoLas sesiones de Clara S.Naranja Milano Cuesta
Buenos Aires
N direcciones
2017


Por Diego Bentivegna

Texto leído en la presentación del libro en el Centro Cultural San Martín de la ciudad de Buenos Aires en diciembre de 2017
Al final de los dos volúmenes que forman Las sesiones de Clara S hay un pequeño epílogo firmado por Naranja que habla de un texto que de alguna manera contendría los fundamentos teóricos del proyecto que allí se plasma. Ese texto tiene un título transparente y seco: la Teoría del quehacer actoral cotidiano para intérpretes. Ese escrito existe. Lo leí en un estado avanzado de redacción. Me lo acercó la propia Naranja hace un tiempo, luego de contactarse con la pequeña editorial de la que formo parte, Cabiria, y de plantearme si era posible publicar el libro en nuestra colección de ensayos. Mientras subrayaba el manuscrito de Naranja -que he leído, insisto, en un estado de redacción avanzada pero no cerrada del todo- iba esbozando algunas cuestiones en un cuadernito negro que acá, en parte, reproduzco.
Lo teatral como lo piensa Naranja no es una acción, sino en sus propias palabras, un quehacer. Creo que el desplazamiento de una idea fuerte, moderna si se quiere, de acción, a una idea que en apariencia es más débil y tradicional, la del quehacer, es indicativa de un desplazamiento mayor. La Teoría del quehacer actoral cotidiano para intérpretes se trata de un texto que se presenta como teórico, pero que pide ser leído, al menos yo lo fui leyendo como una especie de teoría representada o una representación de una teoría.
t_naranjaUna infiltración es la introducción de un elemento que viene de otro lugar, que en este caso es una infiltración de lo teatral en lo teórico. En definitiva, Teoría del quehacer actoral cotidiano para intérpretes no se ubica por afuera ni por encima del teatro que la misma teoría propone. Naranja, en realidad, nunca me habló de sus lecturas. Algunas, sin embargo, se explicitan en el manuscrito. Resumo: lo central en la teoría es que el intérprete o el actor se infiltra en un marco que ignora su condición de espectador. No se trata tanto de un público, en un sentido habitual, sino más bien de un medio que se torna público. El lugar en el que opera  no es, o no lo es tanto, el de la producción de lo teatral, como plantean las teorías heredadas, las poéticas del teatro desde Aristóteles al siglo XX de Brecht, Artaud o Beckett, sino el lugar en que un público adquiere existencia . Digo de manera deliberada “adquiere existencia” y no “es construido”, porque Naranja no busca producir ese púbico por recorte y por montaje, como sucede con las poéticas de la modernidad teatral en Brecht.
No es la “mirada del otro” la que construye la representación, sino que es el público el que queda involucrado en la representación sin saberlo, sin quererlo y sin quizás nunca darse cuenta.  No hay una operación de shock ni de disrupción, sino de contagio. Hay, en consecuencia, un modo de pensar desde la irrupción actoral lo político.
La poética de Naranja interroga en cambio otro estatuto de la producción del sentido y de la generación de imágenes. En el mundo de Naranja, Pessoa, y esto sí me lo dijo ella misma, tampoco cotiza. Su mundo asemeja el del último capítulo de Amerika, de Kafka, entendido t_naranja2no como un relato de formación o Bildungsroman, sino más bien como un proceso de transformación de la subjetividad, como un relato de esas mutaciones. Me refiero a la aparición en el relato de Kafka del Teatro integral de Oklahoma, el teatro más grande del mundo, el teatro en el que cualquiera puede ingresar en cualquier momento, que no exige ninguna capacidad específica. Que no pide talento. En italiano, Questa, el segundo apellido de Naranja, es un término que coincide con un deíctico de distancia, que, como el castellano “esta”, puede ser usado para designar a alguien en un sentido general y se utiliza a menudo con un fuerte matriz despectivo hacia el sujeto al que eventualmente designa. Esta es, en definitiva, cualquier cosa, es un cualquiera. Como cualquiera puede ser parte del Teatro integral de Oklahoma, es un teatro que no tiene límites y que no reproduce en rigor el mundo, porque en última instancia coincide con él.
A cien años de Amerika, en un mundo en el que cada cual está obligado a dar forma a su propia imagen, a exhibirla como tal y a hacer de ella un valor en el mercado,  el interés, no está tanto en mirar esas imágenes, sino en generarlas. Cae la idea de espectador, que es lo que la teoría de Naranja subraya: importa que el otro participe en el acto como entorno, no que sea consciente de él. Un poco como el que mira noticieros o el que siente que participar de una acción épica o de una fiesta que se parece más a una fiesta que a un acto político porque mira el proceso electoral en la televisión y sigue minuto a minuto los resultados de un escrutinio. La épica consiste en quedar expuesto a esas imágenes.
Cualquiera puede operar en el mundo de los medios, y el arte y la literatura como parte de esa lógica. No se exige ningún rasgo específico, no es necesario poner en juego una pericia o algún talento, sino más bien exhibir una condición, infiltrarla, hacerla circular. En un momento, al final de su recorrido, Clara S. es sometida a una de las prácticas más frecuentes de la psicopolítica, una práctica que hoy se implementa tanto en el mundo laboral privado como en la administración pública y que es decisiva en el momento de determinar el ingreso o la expulsión de alguien del sistema laboral: el test. Allí Clara S., que no está feliz con su trabajo, le responde a la psicoanalista que quisiera ser el planeta: porque podría serlo todo. De alguna manera, podría ser algo y al mismo tiempo ser cualquier otra cosa. No exactamente su contrario, sino otra cosa. Podría desplazar su subjetividad, hacer que su subjetividad surja precisamente en ese desplazamiento.
Puede pensarse, también, en un trabajo de Naranja sobre la psiquis, en una operación sobre la mente. No es un dato aleatorio que el relato que despliegan los dos volúmenes de Las sesiones de Clara S. sea el relato de dos largos tratamientos psicoanalíticos. En este punto, creo que la dimensión en la que opera Naranja, desde su Teoría del quehacer actoral, plantea como perentoria la relación entre vida  y política también desde lo psicopolítico.
Lo que prima en los recorridos de Clara S. no es tanto el progreso de un relato, sino el modo en que una narrativa de vida se produce como efecto de la repetición. En este punto, la pregunta que me quedaba flotando mucho después de leer los mails de Naranja, y que afortunadamente no admite una respuesta certera, no es tanto la pregunta acerca de cómo narrar una historia, una determinada fracción de un relato que involucra un personaje o un carácter (Clara S. en relación a Naranja, y Naranja, por supuesto, en relación a otra instancia narrativa, que permanece oscura o nebulosa), sino más bien acerca de qué es una vida y cómo es la relación que una vida plantea con otra instancia, con una instancia donde hoy se juega lo político como cruce de subjetividad y conocimiento: la mente.


Fragmento: Sesión 4 del volumen I

–Es que… tampoco es que preferiría quedarme en mi casa.
–Mjm… pero ya, entonces… cualquier “preferiría” sería ya preferiría “hacer” alguna cosa… –dice, acentuando las palabras.
–No, que esté en un lugar no significa que tenga ganas de estar en ese lugar. Estoy porque en algún lado tengo que estar… –digo con cierta ironía–. Porque estoy, pero no es que lo prefiera a otra cosa.
–Mjm… pero por ejemplo, si vos dijeras “preferiría no estar en mi casa…”
–Bueno, no… preferiría no estar en ningún lugar, no hacer nada –me mira el pelo, entonces me apuro a decir algo–. ¡No sé! De repente pasa toda una semana en la que estoy haciendo cosas como si fuera una máquina.
–Mjm.
–Como si hubiera una especie de… de cosa que… en la que estoy metida y que funciona y… que dispone de mi… energía… –me trabo entre aproximaciones que no dicen bien lo que quisiera expresar.
–Mjm… de tu vida, digamos.
–Para que funcione –sigo hablando sin escuchar–, y es como… esa cosa pareciera que se llama Clara, porque va, trabaja, vuelve. De vez en cuando va, visita a algún familiar –digo “familliar”, y esas i con la ll sumadas al gesto exagerado provoca una sonrisita en ella–, porque hay que ir a visitar al familiar… y estar ahí, como estaría en cualquier lado… Me da exactamente igual.
–Mjm, ¿y porqué va y visita a algún familiar?
–Es como un personaje así…
–¿Personaje?
–Le falta alma.
–Mjm. Podríamos decir…
–¡Nada! –la interrumpo– ¡Es como parte de toda esa maquinaria! Es como el paquete. Como un círculo: trabaja, con eso paga su poder estar en un lugar para existir… después la otra maquinaria que es la familia, que de vez en cuando solicita un poco de presencia. Entonces va, cumple con eso…
–Digamos que hacés los deberes familiares.
–Yo podría no ir más, pero… eso trae más problemas. Porque después tenés los llamados, los reclamos… entonces una va un rato… qué se yo.
–Mjm.
–Lo mismo cuando salgo a tomar algo con mis compañeras de trabajo. De vez en cuando salen y me dicen de ir. Y voy porque sino después tengo el problema de que se ponen todas juntas en un costadom –la voz nasal va apareciendo de a poco– y me miram asím… entonces de la otra maneram… nada, me ahorro eso.
–Mjm. Digamos que entonces las acciones llevadas a cabo son como para ahorrarse otras… desagradables.
–O para pasar más desapercibido digamos, porque de la otra manera les parece como agresivo entonces ya empiezan a molestar. En cambio de esta manera… no me tienen en cuenta, pero estoy ahí… entonces ya está, como que…
Mi voz se va apagando hasta que quedamos en silencio.
–Pero todo esto que vos decís, hecho absolutamente a desgano…
–Y… a mí me da igual… ir o no ir, verlos, no verlos… ¿la verdad? Me chupa un huevo. Perdón la expresión, pero…
–Mjm. No te hagas problema –dice seriamente, y agrega algo que no escucho.
–¿Cómo…? Bueno, es una expresión. Es como si toda esa gente no existiera…
–¡Mjm!
–Y yo para ellos tampoco. Y es toda como una combinación, no sé… da la casualidad de que somos familia, así que de vez en cuando hay que verse. Porque a ellos tampoco es que les interese mucho, me parece.
–Mjm.
–O mis compañeras de trabajo, que tampoco. Trabajamos en el mismo lado y de vez en cuando hay que salir “bué…”. Y salgo. O saludar al portero… o lo que sea.
–Mjm.
Me mira en silencio, estamos muy serias.
–Y dentro de eso no hay nada que te… –deja la frase en suspenso, pero tardo en responder.
–No, entonces yo me imagino que lo que hay que hacer para que haya algo de todo eso es generar… creo que lo que movería… a esa… cáscara… es como tener una especie de… alma… me imagino que… tener… interés por algo… eso ya es como tener una especie de alma.
Afuera golpean algo. Ella levanta la voz para que la escuche.
–¿Y eso dónde se conseguiría?
–No sé… acá, por ejemplo, vine a buscar eso.
–Mjm… “un alma”.
–Llamémoslo así. ¿O mejor llamarlo un “interés por algo”?
–Claro, pero por algo vos lo llamaste “un alma”. ¿Por qué ya lo querés despojar de un alma?
–Y… no… porque lo llamo así para que… th… porque estábamos hablando de un personaje, de una cáscara que no tiene alma, no tiene espíritu, como que no tiene algo adentro. En cambio de esta otra manera yo diría que… nada, vine a buscar un interés. O… vine a buscar el poder hacer que algo me interese.

lunes, 30 de julio de 2018

La eficacia literaria en la red de la UBA

NOTICIAS

Imagen ilustrativa UBAHOY

Puede verse acá:http://www.uba.ar/noticia/18582 
30 de Julio de 2018




| CULTURA

La Eficacia Literaria

La Editorial Universitaria de Buenos Aires – Eudeba – publicó “La Eficacia Literaria. Configuraciones discursivas de literatura nacional en manuales argentinos (1866-1947)” de Diego Bentivegna.
Imagen de la noticia La Eficacia Literaria
La Editorial Universitaria de Buenos Aires – Eudeba – publicó “La Eficacia Literaria. Configuraciones discursivas de literatura nacional en manuales argentinos (1866-1947)” de Diego Bentivegna.
¿Qué es la literatura nacional? ¿Cómo se determinan las obras que la integran? El autor basó su tesis de doctorado en estos interrogantes, para luego dar lugar a este libro. Se propone investigar si una literatura nacional está configurada sobre la base de un consenso más o menos espontáneo, o en su constitución obran decisiones de grupos que, respaldados por tradiciones y prestigios, van consolidando un conjunto de textos que estarán llamados a representar las letras de un país y a distinguirlas de otras series contemporáneas y de territorios cercanos con los que quizás comparten un pasado lingüístico y cultural.
A partir de la indagación de un corpus de textos claramente definidos por patrones genéricos y objetivos precisos, los manuales de enseñanza de la literatura, este libro se propone recorrer esta problemática para examinar de qué modo ha sido construido nuestro canon literario.
Acerca del Autor
Diego Bentivegna es doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), casa de estudio donde también inició su profesión. Realizó su especialización en la Universitá Ca´Foscari de Venecia (Italia). Desde marzo de 2010 es investigador en el CONICET.
Es profesor en materias del Ciclo Básico Común (UBA), y materias grado en la UBA y la Universidad de San Martín.

martes, 24 de julio de 2018

Sexismo y lenguaje

Hola a todes. Por cuestiones de trabajo volví a leer el informe que hizo en su momento Ignacio Bosque sobre sexismo lingüístico para la Real Academia Española, informe que se gira en torno a la tesis, hoy por hoy creo que muy cuestionada por razones políticas, de que existe un masculino neutro y ya. Hay algo horrible, para mí indignante, que hace Bosque en ese informe que es dar como un ejemplo de "usos ridículos" del desdoblamiento de género (del tipo "todos y todas", que a él le suena mal) con un fragmento de la Constitución de la República Boliviariana de Venezuela. Hablé del tema en otro lugar. En pocas palabras, creo que hay que recalcar que es indignante que se extraiga un enunciado de una constitución de un país latinoamericano, una constitución que surge de una serie de debates muy amplios y complejos que Bosque ignora y en cuya superficie aparecen las marcas de esos debates (por ejemplo, en el desdoblmiento de género que surge de una reivindicación histórica de grupos políticos concretos). Creo, y lo digo sinceramente, que todes deberíamos pedir una explicación pública de un acto aberrante de esas características a Bosque y la Academia. Debemos hacerlo porque es una actitud prepotente, neocolonial, imperialista y desubicada. Pero esto no es todo. En un momento Bosque ejemplifica la cuestión de las dificultades del desdoblamiento con SUSTANTIVOS PARA DESIGNAR ANIMALES. Les juro que lo hace. Para mí es el equivalente al discurso absurdo de la diputada que decía que se oponía al aborto porque cuando una perrita tiene cachorros se los puede dar en adopción. Acá copio el párrafo para que vean que no miento: "Consideremos, a título de ejemplo, el caso de los animales. ¿Debemos entender tal
vez que es correcto discriminar a las hembras en expresiones tan comunes como los
perros, los gatos, los lobos o los jabalíes, o hemos de interpretar, por el contrario, que no
es preciso que el género tenga aquí correspondencia con el sexo? Los que elijan esta
última opción ¿habrían de argumentar tal vez que los animales no tienen dignidad, y que
este es el factor que determina la visibilidad morfológica? De nuevo, ¿cuál es el límite?"

miércoles, 25 de abril de 2018

En ocasión de la partida de Armando Petrucci

Lamento mucho la partida de Armando Petrucci. Pude hablar mucho con él cuando fue mi orientador en Pisa. Era una persona cálida, afable, muy interesada por lo que estaba sucediendo en la Argentina por entonces, era el 2001, además, por supuesto, era uno de las personas que renovó el modo en que nos enfrentamos con la lectura de los textos, con la escritura, con su espesor histórico. Petrucci era romano, pero vivía en Pisa desde hacía unos años, porque había sido contratado como profesor de Paleografía en la Escuela Normal. Muchas veces, a la tarde, se lo podía ver paseando por las calles del centro histórico de la ciudad, del brazo de su esposa. Y siempre, cuando me veía, la misma pregunta: ¿cómo están las cosas en la Argentina? En los últimos años, escritos suyos fueron publicados en la Argentina por la editorial Ampersand, que viene haciendo un trabajo hermoso y sostenido en toro a cuestiones relacionadas con la cultura material, con la tradición escrita y con la imagen, temas que se cruzan en la obra de Petrucci. Si lo leen van a entrar en un viaje en el que se cruza el análisis detallado de la letra manuscrita en la edad media, las prácticas de lectura en los países del bloque socialista y el canon como un orden del discurso. Aquí el texto de una nota en su memoria publicada en el diario Il manifesto:

Por Corrado Bologna
I libri sono creati dalle mani degli uomini, e si muovono per il mondo sulle loro gambe», diceva spesso Armando Petrucci, forse il più grande paleografo del nostro tempo, scomparso lunedì a Pisa, dove aveva a lungo insegnato alla Scuola Normale Superiore dopo un importante magistero alla Sapienza di Roma.
L’idea era profondamente umanistica e politica, come ogni parola e ogni pensiero di Petrucci. Non c’è nulla, nella storia dell’uomo, che possa ricondursi solo al pensiero: conta in primo luogo la fisicità degli oggetti che mettiamo al mondo lavorando con il cervello, la materialità dei gesti che gli individui compiono per lasciare traccia durevole della propria esistenza e per trasmettere alle civiltà future le proprie conquiste, le proprie fatiche, i propri sogni.
IN QUEL CAPOLAVORO della storiografia moderna che è l’Apologia della storia o Mestiere di storico Marc Bloch scrisse che «il buono storico somiglia all’orco della fiaba: là dove fiuta carne umana, là sa che è la sua preda». Così possiamo dire oggi, con la memoria ancora ferita dalla notizia della morte di Armando Petrucci: dietro le carte, le pergamene, i libri, i documenti, i monumenti letterari, come pochi altri maestri lui ci ha insegnato a riconoscere l’altissima disposizione culturale che Dante, nel De vulgari eloquentia, definiva humana sequi, «seguir virtute e conoscenza». Come ogni storico di grande classe Petrucci fiutò e cercò sempre «carne umana»: cioè creature, uomini e donne in carne e ossa che furono vivi su questa terra e dei quali, dopo il loro svanire materiale, conserviamo ancora lo spirito, i segni, le idee, l’arricchimento della civiltà tradotto in segni grafici.
In questa prospettiva Marc Bloch, nella dedica del suo libro a Lucien Febvre, indicava la rotta dell’umanesimo di ogni ricerca storica: «A lungo e concordemente abbiamo lottato per una storia più ampia e più umana». E Petrucci condivise nei fatti la definizione del lavoro di storico che lo stesso Bloch cesellò con grande umiltà: «il memento di un artigiano che ha sempre amato meditare sul proprio compito quotidiano, il taccuino di un operaio che, pur avendo a lungo maneggiato tesa e livello, non si crede, per ciò, un matematico».
Un operaio della cultura è stato, davvero, Armando Petrucci. Un intellettuale fine e colto, capace di innovare come pochi non solo il proprio settore scientifico, ma molti altri contigui, con un rigore e una passione che solo i grandi umanisti sanno immettere nella fatica della ricerca.
Soprattutto, Petrucci fu sempre attentissimo a cogliere nel proprio tempo l’eco di una vicenda antica e ininterrotta. Fu maestro nello scovare il significato simbolico della disposizione sulla pagina di un testo classico. Nel cogliere il valore di «scritture avventizie» giunte fortunosamente come messaggi affidati a una bottiglia nell’oceano del tempo: prove di penna, impulsi a incidere il proprio «io» su supporti non destinati alla scrittura come un muro o un affresco, indovinelli con cui si avviava un volgare fino ad allora mai scritto.
NELL’ESAMINARE il sistema delle «scritture esposte» con cui in ogni tempo il potere ha esibito la propria forza e la propria vana volontà di sconfiggere la morte. Nel restituire il senso storico-letterario della sequenza con cui si alternarono molti scribi per comporre un fondamentale canzoniere delle origini liriche italiane. Nel ridar vita alle più quotidiane impronte della mano umana in un libro di conti o di memorie mercantili. Addirittura nel cogliere il senso antropologico dei «pizzini» mafiosi vergati da semianalfabeti per trasmettere ordini criminali.
In ognuno di questi passaggi dalla mente alla mano Petrucci vide con lucidità la testimonianza di maniere di vivere che si traducono in modi di scrivere, di forme culturali calate in modelli grafici. Non a caso «Scrittura e Civiltà» si intitolava la rivista che fondò e diresse a lungo, e che aprì prospettive originalissime sulla storia delle scritture e sul gesto dello scrivere, sempre in equilibrio intelligente e coraggioso fra la storia, la letteratura, l’antropologia.
Come Giorgio Raimondo Cardona, magistrale etnolinguista e glottologo troppo presto strappato via dal destino, la cui Antropologia della scrittura (Mondadori, 1982) Petrucci ripropose per Utet nel 2009 con una intensa prefazione, anche Armando ci ha insegnato a ripercorrere il movimento dalla mente alla mano con cui l’idea si fa azione e cosa, testimonianza e eredità. Come Cardona, su altri piani, anche Petrucci ha messo in luce i più segreti aspetti antropologici, sociologici, letterari, artistici, celati nei sistemi di comunicazione grafica, e ha fatto risaltare l’importanza del rapporto fra il pensiero istantaneo e il lento moto della mano che, inseguendo quel flusso fulmineo, crea semplici manufatti e opere d’arte, allinea lettere per dare corpo di parola alle idee.
Con un’attività formidabile di riflessione sul metodo e di studio specialistico applicato alla storia materiale dei libri, Petrucci ha contribuito come pochi a fare della paleografia una scienza dello spirito incarnato nel movimento della scrittura, dimostrando come le strutture del pensare si riflettono nell’invenzione di modi di produzione e di organizzazione dei testi, nella forma materiale dei libri, nell’architettura segreta delle pagine.
I suoi molti, fondamentali saggi dedicati alla letteratura italiana nell’arco lunghissimo di un millennio di storia, raccolti un anno fa presso Carocci con il titolo Letteratura italiana: una storia attraverso la scrittura, ci hanno insegnato a riesaminare la storia letteraria come somma delle tracce di innumerevoli mani di altri operai della cultura: autori celebri e oscuri, copisti spesso anonimi, editori capaci di costruire un libro come un edificio del pensiero, lettori che spinti dal desiderio di dialogare con il «loro» scrittore hanno depositato una postilla, un appunto, un nome, su un foglio destinato a restare nel tempo, e poi a svanire, come ogni altra cosa terrestre.
RESTARE, FAR MEMORIA, agire nella storia, scomparire. È la vicenda umana, che la scrittura riassume per sineddoche. Credo che nessuna frase si addica a sintetizzare il prezioso lavoro di questo grande storico della cultura quanto la celebre definizione con cui Galilei, nel Dialogo sopra i due massimi sistemi, definisce la scrittura come la somma invenzione umana, assai più rilevante del telescopio o degli strumenti di raffinata tecnologia: «Sopra tutte le invenzioni stupende, qual eminenza fu quella di colui che s’immaginò di trovar modo di comunicare i suoi più reconditi pensieri a qualsivoglia altra persona, benché distante per lunghissimo intervallo di luogo e di tempo? parlare con quelli che son nell’Indie, parlare a quelli che non sono ancora nati né saranno se non di qua a mille e dieci mila anni? e con qual facilità? con i vari accozzamenti di venti caratteruzzi sopra una carta».