jueves, 26 de diciembre de 2013

Herrera: sobre Las reliquias, en Hablar de poesía, nro. 28, diciembre de 2013

(Diego Bentivegna: Las reliquias - Alción Editora) Que nuestra vida comienza antes de nuestro nacimiento es algo que percibimos en la infancia misma, cuando la avidez de leyenda echa a volar nuestra imaginación por los caminos de las historias laboriosas de nuestros abuelos, últimos náufragos de la ola migratoria europea. Que nuestra vida no concluirá con la muerte, lo constatamos a medida que transmitimos las formas de amor que nos han sido legadas, ya sea al educar a un hijo o al escribir un libro. La vida de todo ser humano se extiende más allá de los límites que señalan su nacimiento y su muerte; ascendientes y descendientes aumentan nuestros años y nuestra experiencia, añaden aventuras del pasado y sueños del futuro a nuestros días. De idéntico modo opera la poesía que veneramos, la poesía que memorizamos: trae voces de otros tiempos y de otras lenguas a la nuestra, ahonda nuestro horizonte intelectual, dilata nuestra percepción del mundo. Si bien este tipo de conjeturas autobiográficas y nemotécnicas no son muy frecuentes en la literatura de nuestros días, la poesía del tiempo sentido (esa que trabaja con la memoria) siempre le ha reservado una zona a la ensoñación de los orígenes, tanto ancestrales como literarios. La palabra “nostalgia” encierra en su etimología el secreto de ese proceder: regreso y dolor son las dos voces griegas que la configuran, nóstos y algia. Tal la sístole y la diástole que impulsa la escritura de Las reliquias. Sorprende la calidad de este primer libro tardío de Diego Bentivegna, sorprende tanto por la entrañable potencia del sentimiento que impulsa su imaginación como por la enjundia de la escritura que lo realiza. Atrapa la índole de su inspiración, la singularidad de su “dictado de amor”, que nada tiene que ver con el arrebato, con los automatismos psíquicos o dialécticos. Las reliquias, en efecto, es un libro construido, pensado y elaborado a la manera clásica: tallado lenta y amorosamente en la madera del árbol de la memoria, árbol genealógico podríamos decir, tanto en lo que hace a vínculos de sangre como a afinidades literarias. “Es como entredormirse en la madera”, afirma el autor, “es el viento que gime / como legión de muertos que rodean la casa”. Esos muertos son sus abuelos italianos y las voces de algunos poetas de la misma lengua, especialmente dos de ellos, quienes redescubrieron con mirada pura y dolorosa la Italia humilde: Ungaretti y Pasolini. Al igual que Ungaretti, Bentivegna podría decir: ben nato mi sento / di gente di terra. También podría hacer suyo un verso de Pasolini: Io sono una forza del Passato. Sin líneas superfluas, con una coherente organización del material imaginativo, el volumen se impone como un todo concebido con inteligencia y realizado con arte. Seis capítulos configuran la obra: I. Las travesías, II. Rebaño místico, III. Un mundo que flota, IV. Las trincheras, V. El texto sembrado y VI. El niño expósito. Detengámonos en algunas de las escalas que pautan la odisea de sus mayores, los cuatro abuelos que emigraron de Italia hacia la Argentina en el siglo pasado. El primer capítulo evoca la travesía Nápoles-Buenos Aires. La obertura despliega la visión de la amplitud marina con el aliento propio de la oda. De hecho, pensé en Lugones, el Lugones de la oda “A los ganados y las mieses”, al leer los primeros versos: “El barco ahueca con su peso el agua / bajo las sombras ferrosas de la noche; / deja su surco sobre la masa blanda”. La inspiración se sostiene a lo largo del centenar largo de versos que continúan a los tres citados. Endecasílabos, alejandrinos y heptasílabos, alternándose con otros de sílabas pares, pautan el ritmo remansado de la expresión. Las imágenes se presentan como fragmentos de un gran mosaico de colores esmaltados, en el que se mezclan (sin llegar a unirse) los solares destellos del pasado italiano y las áridas sombras del presente argentino, imágenes “que arman sobre el agua su precaria patria”. El segundo capítulo (Rebaño místico) hinca la palabra poética en el desamparo interior de los abuelos exiliados. Los fantasmas de Domenico, Vittorio, Rosaria y Santina deambulan en una zona híbrida y gélida, hecha de turbios retazos de suburbio porteño y de luminosas reminiscencias de la tierra natal. Se destaca en este capítulo una dramática y conmovedora plegaria que libera el dolor de los emigrantes: “Ah, tómame del todo, Padre, / bébeme hasta el fondo, rápido: / siento que me desgarro en los olivos, / que escribo sin saberlo un poema con mi sangre…” El tercer capítulo (Un mundo que flota) está dedicado a Venecia, “la ciudad batracio”, según reza una bella imagen. Allí Bentivegna muestra su propio perfil atónito de sobreviviente: el de un nieto en el que se prolonga el dolor del exilio, “un extraño; / también él, un anfibio en esa tierra”. En los capítulos IV y V (Las trincheras y El texto sembrado), la pobreza, el “ascetismo hambriento”, los dialectos, el “sacro comunismo campesino”, el “culto de las madres”, la “cosecha colectiva” y otras mágicas semillas arcaicas germinan en la memoria nostálgica de Bentivegna, arraigan en su texto, dándole vida a piezas líricas de gran poder evocativo. Valga de ejemplo un fragmento, un pequeño cuadro que incorpora otro en su interior, en el que un chico “en su pureza meridional señala / desde el ícono una tierra / completamente bella: // la tierra manuscrita // regada por la luz / que cae desde lo alto / como el oro…” L’Italia, la tierra manuscrita ? espléndida metáfora del terruño trabajado a mano, surco por surco ? es la tierra legible, vale decir: la tierra con significado; opuesta, claro está, a la nuestra, indescifrable por el momento. En el capítulo final (El niño expósito) las evocaciones del pasado se concentran en un nudo de dolor en el que orfandad y poesía se funden. Dice por boca de su nieto el abuelo Vittorio: “En medio de la noche me abandonan / y soy apenas nada, / ni siquiera soy voz, soy solamente / un gemido…” Inmediatamente después de esta página, en un poema dedicado al “exterminador Vesubio” (“profeta formidable”), la imagen del abandono se hace extensiva a todo el mundo visible. La posibilidad de un mundo borrado por el fuego, la tierra baldía de la que habló Leopardi antes que nadie, se muestra en “visiones de Marte o de Saturno, / que bajan con las bombas a la tierra”. Completa la katábasis el relato del destino de su abuelo Vittorio durante la Primera Guerra Mundial: la clasificación de los cadáveres que llegan del frente. “Los organizo en filas; son como maniquíes / que por un encanto, por un soplo, podrían tener vida; / reviso la boca de muchachos ignotos / en los que tal vez persiste algún resto de tierra, / sus naranjos, su miel, su leche generosa”. Como puede observarse, no obstante la experiencia atroz, la esperanza no muere. Las últimas notas del libro son claras; prevalece el amor por la luz del “país de los limones”, “la tierna, dulce tierra de Italia, / con sus poetas tassos melancólicos”. Del conjunto de citas que, a manera de señales de amistad, Diego Bentivegna distribuye por sus textos, quiero copiar una de A. de Lamartine que de algún modo condensa la sensación que dejan en la memoria del lector muchas de las poesías de Las reliquias: “Cuando el horizonte de la mañana estaba límpido, veías brillar la blanca casa del Tasso, suspendida como un nido de cisne de un acantilado de roca amarilla, cortado a pico por las aguas”. Ricardo H. Herrera

jueves, 5 de diciembre de 2013

Mi Gramsci

Leído ayer, en la presentación de los Escritos sobre el lenguaje de Antonio Gramsci en la Universidad de Tres de Febrero. Mi Gramsci ¿Para qué? ¿Por qué Gramsci? Diría, en principio: porque es un lugar en el que algunas cosas se entrecruzan y resisten. Diría: también, porque algo en sus textos sobrevive. Es resistencia y es supervivencia. Comencé a pensar el problema del lenguaje en Gramsci hace añares, “hace mil años”, cuando Elvira, mi maestra, que ahora está frente a nosotros para presentar el libro, lo cual es para mí y para muchos que estamos acá objeto de alborozo, me llevó a investigar, en un proyecto de adscripción para su cátedra, las relaciones entre lenguaje y nación en el idealismo de Croce y de los estilistas y en sus derivaciones políticas explícitas, en especial en Gramsci. Después de muchos años, me interesa, en este libro que ahora, gracias al otro maestro mío, a Daniel, que confío en este proyecto para integrar su Biblioteca de Teoría, puedo presentar ante ustedes, pensar qué es lo que sobrevive de Gramsci, pensar, en un trabajo que atraviesa el tiempo, que hay un punto que en Gramsci sigue interrogándonos y que ese punto pasa, de manera sustancial, por el lenguaje. Es un problema el del lenguaje, que comienza a armarse en los primeros escritos del pensador sardo: los primeros documentos que nos llegan son los apuntes que, como asistente, el joven Gramsci prepara para los cursos de lingüística de su maestro, el profesor Matteo Bartoli, en la Universidad de Turín. Gramsci, que, como el gran poeta romántico italiano, Giacomo Leopardi, era muy enfermizo y jorobado (medían ambos, al parecer, no más de un metro con cincuenta) había llegado a la ciudad del Piamonte, la ciudad de Levi, de Einaudi y de Pavese, hacía muy poco, como en una novela del siglo XIX, con una beca especial que el rey otorgaba a los estudiantes sardos más aventajados, Turín era la universidad, pero también era por entonces la antigua capital del reino desde donde salió la unificación de Italia, y era, sobre todo, la sede de las grandes fábricas del nuevo reino y uno de los centros obreros más activos de Europa. Allí, entre los talleres mecánicos y las aulas, madurará la convicción política de Gramsci en quien Bartoli veía no sólo a un alumno diligente sino más bien a un “Arcángel” en las guerras -teóricas y políticas- por el lenguaje. El último texto de Gramsci, su último cuaderno, escrito cuando su salud había empeorado de manera palpable, entre la prisión y las salas de hospital, está dedicado de manera íntegra al lenguaje (Gramsci llama a ese cuaderno, más puntualmente, “Notas sobre la gramática”). El libro que presentamos vuelve, así, a un Gramsci diferente que es, sin embargo, un Gramsci primordial que lo atraviesa todo: Gramsci, como lingüista, o mejor, como un mancato lingüista. como algo que en sus escritos es siempre un esbozo y, en este sentido, permanece así, en su estado de proyecto, en su potencia. Gramsci, además, es como un nudo entre dos grandes continentes de la reflexión lingüística del siglo: Bartoli, su maestro, lo conectaba con la lingüística como ciencia histórica, atenta a las variedades dialectales, a la selva de los lenguajes italiana. Era la neolingüística, que más tarde, cuando Gramsci esté en la cárcel se transformará en una lingüística areal en la que espacio y tiempo, geografía e historia, extensión y diacronía, aparecen imbricados. Pero Gramsci se conecta también con el futuro en su manera de pensar el lenguaje: Piero Sraffa, un amigo a quien confiaba a veces los cuadernos que escribía de la cárcel, le habrá hablado seguramente de su amigo sardo a su otro amigo, a Ludwig Wittgenstein, durante su exilio en Londres, y algo del modo en que Gramsci piensa el lenguaje, -como un montaje de lo viejo con lo nuevo, como una ciudad con construcciones flamantes y con ruinas- está, quizá, presente en el segundo período del filósofo de Viena, con sus juegos, sus gestos y su economía del lenguaje. Pasolini dijo en sus últimos años que la literatura de Borges era para él, sencillamente, horrible. Y en eso, creo, hay algo de gramsciano, pero también hay algo de tensión con el modo en que Gramsci entiende la literatura: Cuando el sardo, en la cárcel, lee a Dante y a Pirandello, es decir proyecta una lectura futura, otro proyecto trunco, sobre el fundamento de la literatura italiana, Dante, y sobre quien sería, en la época en que Gramsci escribe, lo más cercano seguramente a un clásico, Pirandello, (en cierto sentido, podemos decir, su Borges) Gramsci no emite juicios de valor sobre esas obras: no son, en rigor, ni buenas ni malas, sólo son obras (como enseñaba de manera lúcida la estética de Croce), y no tiene sentido juzgar si son “muy buenas”, si son “excelentes” o si son “maravillosas”, como suelen hacerlo las melancólicas lecturas canónicas. Lo que hace Gramsci es ver cómo esas obras funcionan, cómo se insertan en procesos hegemónicos, cómo operan en el lugar en que se cruzan, pero también se escinden, los lenguajes. cómo están atravesadas por el poder y sus disputas. En el libro verán también cómo Gramsci defiende la enseñanza del latín en los liceos y cómo le recomienda a su familia, a su hermana, que le hablen a su sobrino en la arcaica lengua de Cerdeña, con sus plurales en s, con sus persistencias latinas. Verán cómo el pequeño jorobado piensa la norma como una construcción política, cómo el arcángel piensa, de manera proyectiva una lengua futura, una lengua nacional-popular en condiciones de ser habitada por la tradición literaria, plurisecular italiana, desde Dante a Ungaretti pero abierta también, como en la Comedia misma, a las variedades más amplias, a los registros más intensos. Una lengua no retórica, ni altisonante, una lengua arraigada en su condición de objeto histórico y complejo, variable y heterogéneo, múltiple y conflictivo. Es a este Gramsci el que este libro, ahora, después de todo, explora. Diego Bentivegna

domingo, 29 de septiembre de 2013

El oficio de la memoria, por Mateo Niro

El oficio de la memoria Por Mateo Niro, para
Poesía argentina</blockquote>. Libro Las reliquias Diego Bentivegna Córdoba, Alción, 2013, 68 páginas Las reliquias es un poemario hecho de memoria. No es justo esto, no. El poemario, más bien, hace la memoria, la construye. Así lo dice como rezo el verso inaugural (“Trabajo la memoria”) y así, verso tras verso, se van tallando los recuerdos. El verbo “trabajar” en sus acepciones transitivas carga con la ambigüedad semántica de, por un lado, quien emprende la tarea artesanal, quien cincela, pero también de quien mortifica. Nos detendremos en ciertas huellas del libro que permitan justificar estos sentidos expuestos. Por ejemplo, la marca de la dedicatoria a sus abuelos, con sus nombres musicales, Domenico y Vittorio; Rosaria y Santina, que no están, pero que este poemario los trabaja. “Los veo”, dice al final de la dedicatoria, como sentencia, como revelación por solo decirlo. Parecen recuerdos que se materializan por la evocación, por la performatividad de la palabra poética que los levanta y los echa a andar. Como una revancha al no somos nada de velatorio, este libro pareciera sostener que somos el eco de los muertos que ahí están, que, como dice uno de los poemas, rodean la casa. Otra huella es la de ese primer poema antes citado que funciona como un catálogo de principios, aquello que definirá orden y jerarquía a lo largo del texto, que suscribe que el antónimo de la memoria no es el olvido sino el silencio. Como un grupo de niños que gritan en la catacumba para sentir el rebote de la propia voz deformada, y que si no se la exige, sino se la fogonea, se va apagando y queda la nada. La primera vez que se escucha la palabra “reliquia” en el libro está en los albores de lo que se constituiría como cuerpo del poemario, cuando ya se acabaron los principios y sobreviene la duda, modalidad que se acerca más a lo imposible de la resurrección de nuestros muertos, que sirve para interpelar al contemporáneo que somos y le exige respuesta: “¿Podremos esta vez aferrar aquellas fotos?/ ¿rescatar de la arena resabios de reliquias?/ ¿llevarnos a los labios ya ningún crucifijo?/ ¿clavar en los baúles ajadas estampitas?”, dice el poema. “Reliquia” es una muy bella palabra que pareciera gozar de cierta recursividad, ser ella misma lo que nombra. ¿De qué están llenas en este poemario esas reliquias? No lo sabemos en su totalidad, porque como esos trastos que recién se rescatan de los naufragios, aún no es tiempo de la disección y de separar la paja del trigo. ¿Para qué nos serviría, también, si este libro no nos empuja a hacer un museo de la memoria sino una factoría que amasa pasado? Algunos de los retazos que la componen, eso sí, son las plegarias, el murmullo en lengua italiana, algunos nombres propios, el yugo proletario de los antepasados, los cuerpos lacerados de la guerra y una novedad letrada que se cuela como paratexto, nos guía e interpreta. Valga como botón de muestra unas breves y heterogéneas oraciones de una página cualquiera: (Vittorio, Munro o Florida, 1956 o 1957; fábrica de Gránix; capilla y convento de San José) Donde hay un puentecito o una hilera de piedras para facilitar el cruce, es obra de los vecinos. R. Walsh, Operación masacre. No es el Isonzo, no, eso que guardi, Es sólo un arroyo donde vierten las fábricas su líquido, desperdicios de agua moribunda la atraviesa el puente de metal que por la tarde cruzan las ovejas de la Gránix, el rebaño sumergido en su silencio luterano: es agua que se escurre en los canales en un humano barrio de extranjeros, con sus rusos, gallegos, italianos, sus pequeñas venecias o salónicas: poblaciones traídas en carcasas por el Paraná o el Plata, con su austera aspereza, sus hablas de una plácida tierra románica, de una llanura mística y eslava; sus carbonerías, su madera en capillas palotinas de apóstoles lustrosos con manos carpinteras: dispersos oratorios de suburbio donde Cristo se retuerce en la noche como un verme. A propósito de la cita, otro tópico del poemario es el agua que fluye, que se detiene, que hace barro. Todos estos versos están mojados como los pies del pescador que no sólo al arriar las redes se confunden con el agua, sino también cuando aman, cuando sueñan y se despiertan en colchones de lana. Esos pies están hechos de agua. Así, un rosario de mares y olas, orillas y escolleras, archipiélagos y estuarios, barcos y sirenas riegan la memoria que estos poemas trabajan, la nutren para que crezca sana. Son los fantasmas que arman sobre el agua su precaria patria. Por último, y para terminar esta reseña, de vuelta acá, podemos exigirnos un ejercicio de lectura inverso al que trabaja el poemario: así, deconstruir ese pasado, deshistorizarlo, que el hilo de Ariadna regrese a su ovillo. ¿Qué queda, entonces? Soy lo que resta, dice el poeta. Tal vez, como él mismo se llama en sus Reliquias, quede el hijo de la espuma. Poemas de Las reliquias (Doménico, frente de Los Alpes, 1917) Camino por la nieve como un ciego, un molusco que se asoma del agua en la luz blanca: deambulo por los caminos que siguen el Isonzo, el Piave, el Tagliamento (¿son ahora éstos mis ríos?), senderos que bordean tranquilos la corriente, se internan entre manchas de casas que podrían dormitar ahora mismo en un suburbio quieto: en silencio, en apagadas manzanas donde nacen patios con albahaca, macetas de cemento con pasto mitigado, menta que crece en las hendiduras de los techos, hierba que se duerme con luz en las terrazas; parras donde las uvas se enternecen, se hacen moradas, negras, con el calor de marzo. (Plegaria) Poi s`ascose nel fuoco che li affina. Dante, Purgatorio, 148. Ah, tómame, Padre, bébeme hasta el fondo, rápido: siento que me desangro en los olivos, que escribo sin saberlo un poema con mi sangre, con el agua de vida que se abre paso por mis venas. Ignoro desde dónde brota mi agua. Rubrico con una sola letra esta, mi muerte, que no llega, que se esfuma como, cuando atardece, se vuelven impalpables los zorzales. Soy un cuerpo exiliado que se purga, que se afina dentro de una llama.

martes, 24 de septiembre de 2013

Jornadas “RELIGIÓN Y POLÍTICA EN LA FILOSOFÍA E HISTORIA DE LAS RELIGIONES”

ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS DE BUENOS AIRES CENTRO DE ESTUDIOS FILOSÓFICOS EUGENIO PUCCIARELLI SECCIÓN DE FILOSOFÍA E HISTORIA DE LAS RELIGIONES CUARTAS JORNADAS 2, 3 Y 4 DE OCTUBRE DE 2013 PROGRAMA MIÉRCOLES 2 DE OCTUBRE 14.00 hs. Apertura 14.15 hs. Dr. Francisco García Bazán (CONICET-ANCBA-FUNDTARD): “Autoridad espiritual y poder temporal en la tradición cristiana”. 14.45 hs. Dra. Hanna Ch. de Chelmicki (ex-profesora USAL): “Economía y política en la historia de las religiones”. 15.15 hs. Prof. Rodrigo Nuñez Bascuñan y Lic. Rodrigo Cabrera Pertusatti (FFyL UBA): “Arquetipos de la vía negativa como preceptos del ‘deber-ser-para’: las antiguas ‘instrucciones’ (sbAyt) egipcias y las ‘lamentaciones’ (er2-sa2-ne-sa4) mesopotámicas” 15.45 hs. Mg. Horacio Correa (UAI): “Hipótesis de una teoría política en los textos junguianos. Estrategias e ideologías” 16.15 hs. Descanso. 16.30 hs. Dra. María J. Binetti (CONICET): “La ideología del des-madre en el falogocentrismo cristiano”. 17.00 hs. Dr. Juan C. Alby (UNL-UCSF-UADER): “El Oráculo de Histaspes y el mesianismo de Jesús”. 17.30 hs. Dr. Sergio Falvino (UCA-UNSTA): “Los presupuestos de un cambio de Paradigma. Religión y política en la cultura helenista”. 18.00 hs. Mg. Graciela Ritacco (CONICET-ANCBA): “¿Eres tú el dueño del Helenismo? Gregorio de Nacianzo Carta 4 Contra Juliano – La educación literaria según el Emperador Juliano y Basilio de Cesárea”. 18.30 hs. Dr. José M. Nieva (UNTucumán-UNSTA) “Dionisio Areopagita y el poder de las imágenes”. 19.00 hs. Discusión. 19.15 hs. Fin de Jornada. JUEVES 3 DE OCTUBRE 14.15 hs. Dr. Fabián Ludueña Romandini (CONICET-UBA): “La teología política de Tommaso Campanella (1568-1639) y el nomos de la Modernidad”. 14.45 hs. Dr. Emmanuel Taub (CONICET-UNTREF): “Política presente o política por venir: las implicaciones mesiánicas en el pensamiento de Yehuda Halevi (1085-1141) y de Maimónides (1135-1204)”. 15.15 hs. Prof. Cristina Simeone (CONICET-ANCBA): “San Agustín: La guerra como conquista de la paz y efecto del orden”. 15.45 hs. Dra. Emilce Cuda (UCA-UNArturo Jauretche): “Entre la secularización de la teología y la teologización de la política: de Eusebio de Cesárea a Francisco de Roma”. 16.15 hs. Descanso. 16.30 hs. Lic., Laura Bizzarro (UCA) “Las Parábolas de Henoc: examen de sus ideas Político-Religiosas”. 17.00 hs. Dra. Marta Alesso (UNLPampa): “Mesianismo y política: la construcción histórica de la trascendencia”. 17.30 hs. Lic. Laura Perez (UNLPampa): “La dimensión política en la exposición de las leyes bíblicas de Filón de Alejandría”. 18.00 hs. Dra. Paola Druille (CONICET-UNLPampa): “Razones cívicas y morales del matrimonio en el Pedagogo de Clemente de Alejandría”. 18.30 hs. Pablo Williams (Archivo Amancio Williams;Fundación Psicoanalítica Argentina): “Imágenes bizantinas en Dante: Teología política. Historia. Subjetividad”. 19.00 hs. Discusión. 19.15 hs. Fin de jornada. VIERNES 4 DE OCTUBRE 14.15 hs. Lic. Leandro Pinkler (UBA-Malba - Centro de Estudios Ariadna): “Autoridad espiritual y poder temporal en el pensamiento de Guénon y Évola”. 14.45 hs. Lic. Diego Gerzovich (Fac.Cs.Soc. UBA): “San Pablo secularizado. Lugar y objeto de la política. Fragmentos sobre ‘teología política’ paulina” 15.15 hs. Lic. Valentín Romero (Fundación Vocación Humana): “Política y espíritu de la profundidad. Aportes de la teoría junguiana”. 15.45 hs. Dr. Diego Bentivegna (CONICET-UNTREF-UBA): “Arturo Marasso, Ricardo Rojas, Leonardo Castellani: tres lecturas político-religiosas de Cervantes: entre lo utópico y lo profético”. 16.15 hs. Descanso. 16.30 hs. Lic. Pablo Dreizik (UBA):”El problema de la relación entre mito y política en los últimos trabajos de Ernst Cassirer. Una revisión crítica”. 17.00 hs. Lic. Hernán Scholten. (UBA) “El poder pastoral en la obra de Michel Foucault”. 17.30 hs. Juan Bautista García Bazán (FUNDTARD): “El enigma y lo enigmático en Homo sacer de Giorgio Agamben”. 18.00 hs. Dra. Viviana Suñol (CONICET- IdiHCS-UNLP): “Vida política versus vida filosófica. Reflexiones sobre la génesis y evolución del debate sobre los bioi”. 18.30 hs. Dra. Matilde García Losada (CONICET-UCCuyo-UCA) “La Filosofía en su integración a la Mística. El filósofo, sujeto integrador”. 19.00 hs. Discusión. 19.15 hs Fin de Jornada

martes, 17 de septiembre de 2013

Lily

Mi nombre verdadero es Lenke Süllös. Soy Húngara, nací en Budapest, capital de Hungría, el 27 de septiembre de 1928. En el año 1944, en plena guerra, salí de Hungría, junto con mis padres y con mi hermanito de 6 años. Terminé mis estudios secundarios en Alemania (Austria) donde comencé a estudiar medicina y simultáneamente Astrología. A los 20 años llegé a la Argentina, donde continué mis estudios de medicina, aunque sin poder terminar la carrera por falta de recursos. Seguí pues haciendo práctica en la Asociación Mundial de Investigaciones Astrológicas, entidad dependiente de la Facultad de Astrología en Londres. Mi verdadera vocación era (y sigue siendo) escribir. Jamás pude desprenderme de mi patria abandonada. La literatura, historia de Hungría, su destino, sus tierras, sus tesoros culturales y naturales seguía siendo mi principal interés. Por la invasión de los soviéticos no pude retornar a Hungría. Tampoco escapaba de mi interés y amor mi segunda patria, la Argentina, cuya historia, costumbres, geografía, literatura me han servido como campo de investigación, fuente de datos estadísticos valiosos para mi trabajo como astróloga. Para costear mis estudios, sacaba fotos en los años sesenta. Mi actuación en el medio periodístico comienza en el año 67-68, en Editorial Korn, en las revistas VOSOTRAS, LABORES, con colaboraciones de temas astrológicos, históricos, etc. Más tarde, en el año 1976, sale mi primer libro titulado LIBRO ASTROLOGICO DEL AMOR, que llegó a cinco ediciones en diversas editoriales. En el 78-79 salen mis libritos individuales de cada signo. En el año 80 me vinculo con Editorial Perfil, colaborando con 4-5 revistas: PERFIL, MIA, TAL CUAL; en este último salieron cada semana mis cuentos de ciencia-ficción. En la misma editorial, desde el año 1982 hasta el año presente, han salido mis anuarios astrológicos; con el del año 2006 suman 25 ediciones. En el año 1984 actué en Canal 13 en el noticiero "Realidad 84" con Ramón Andino. En el mismo año comenzaron a salir mis fascículos semanales: "El Mundo de la Astrología de Lily Sullos", con gran éxito, ya que enseñaba las bases de la Astrología. En vez de los 24 planeados, estos fascículos llegaron a 48 por el pedido del público. Otros libros editados: "Astrología y Salud" junto con el Dr Orencio Ojeda; "La Reencarnación, una ley de la Naturaleza" (Editorial Perfil); "Algo se mueve en la Luna" y "Las Aventuras de los Lagartogatos", (ciencia-ficción, Editorial Beas.) Mis versos en húngaro, casi todos de temas patrióticos, han sido publicados en los más diversos periódicos en inmigración y últimamente también en Hungría. Un libro, inédito aún, cuyo título es: "Nannar, la Resplandeciente" escrito en húngaro, que considero como "la obra de mi vida", tiene el tema del Continente Hundido que estaba en el océano pacífico, y sus últimos años. Egiptología, sumerología, historias antiguas son mi pasión. Astrología y medicina es mi trabajo y misión. Y mi pasión, objeto de mi adoración encima de todo, es Hungría. Además, tengo otras pasiones: los gatos siameses, la cocina, la jardinería. En un tiempo, practicaba la navegación en el río, pero ahora pasé a la navegación por Internet. En el año 2004 edité mi primer disco compacto (CD) de música. En el año 2006, el segundo CD. En ambos grabamos melodías mías y de mi hermano. Se los puede escuchar en aquí.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

Textos cruzados: sobre R. H.

por Diego Bentivegna, para Espacio Murena: "Tal vez los archivos no sean sólo depósitos de palabras muertas, cementerios de textos envejecidos. Quizás sean también, como insiste Foucault en La arqueología del saber, el lugar donde se dirimen las condiciones mismas de posibilidad para la generación de enunciados actuales, que nos convocan hoy, que nos interpelan ahora, que nos hablan en este momento. Los archivos son, leídos en esta clave, espacios que proyectan presencias tangibles. Los dos libros recientemente publicados de Ricardo H. Herrera, representan, ante todo, dos gestos que se piensan, al mismo tiempo, como recorridos por aquello que fue dicho, pero también como exploraciones en torno a aquello que, en un momento determinado, el actual, puede ser enunciado. Estamos pues ante dos caminos posibles que no se presentan en absoluto como subproductos de una mera lógica de la compilación y del coleccionismo." Texto completo, acá.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Entre dos orillas

Por Renata A. Bruschi, para Tribuna italiana. "L'opera poetica di Diego Bentivegna costituisce un capitolo non secondario nella storia dell'influenza letteraria italiana nella cultura argentina. Una storia ancora tutta da compilare, perchè manca uno studio sistematico che ne renda conto in modo esaustivo, sebbene siano stati esaminati già alcuni periodi e autori. Tanti sono gli spunti che Bentivegna spesso prende dichiaratamente da alcuni poeti italiani ed anche dalla tradizione latina. Il titolo Las reliquias, che mutua da Tasso, è evocativo, allude a quel bagaglio affettivo ma anche reale, formato da selezionati oggetti che agli occhi degli emigrati possono servire a mantenere vivo e sacro il legame con la loro tradizione. Sono ricordi fossilizzati nella memoria quando il legame si affievolisce e la linfa vitale dell'esperienza quotidiana svanisce. Perciò l'arrivo in Italia diventa un viaggio di scoperta, in cui alla distanza geografica misurabile in fusi orari si somma la distanza tra l'oggi e l'ieri, una breccia che si allarga spesso nella distrazione reciproca." texto completo, acá.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Una lengua sin distracciones

Por Pablo Milani, en revista Damasco Las reliquias Diego Bentivegna Alción Editora 68 páginas Son palabras sin descuido que incesantemente deja deslizar Diego Bentivegna (Buenos Aires, 1973) en su poemario delicadamente llamado Las reliquias. Implícitamente dedicado a sus abuelos, recorre la primitiva tierra de sus mayores alegando sus osadías “en un espacio sin nombre más allá de la palabra”. Describe los albores desde una mirada desarmada y sustanciosa. Debacle entre el pasado que vuelve a ser presente desde otro lugar. No es un recorrido airoso, más bien es un “rumor que persiste” y del cual no se va a desprender en todo el libro. La Italia de principios del siglo XX no es un lugar cualquiera, es un campo que quiere conocer a través de sus ancestros. Bentivegna parece diagramar su propio laberinto, “es el muchacho que ahora mira fijo desde el ícono”. Leer Las reliquias propone un viaje sobre el modo en que lo testimonial implica una lectura marcada por un espacio biográfico propio del autor. Acerca al lector a creer en aquellos sucesos que fueron imaginados desde un lugar restringido y no menos real. Esa tierra manuscrita de la que habla Bentivegna es un collage que asume sus propios riesgos nutridos de una lengua que avanza sin distraerse. Encamina “algo que tiembla” en una afinada premonición que nuca llega a ser descubierta, pero que ruega ser particularmente justa e incipiente. Instala versos sobre un valle donde dialoga con el pasado y al mismo tiempo, antecede un tiempo para la reflexión, “en medio de la noche me abandonan / y soy apenas nada”. El libro se mueve en su propia lengua. Hospeda una incidencia metafórica en sus palabras que dejan entrever un estallido propio. Se posa frente a la Primera Guerra Mundial rescatando relatos de un combate sin tregua que parece liberarse adentrándose en ella. “La muerte en la trinchera era / un simple resultado de la técnica / su mera consecuencia”. La revelación en Las reliquias se advierte desde un descubrimiento hacia atrás sumergido en un misterio que transcurre silencioso sobre tierra firme.

lunes, 5 de agosto de 2013

Reseña de A. Fanjul a El poder de la letra en la Revista de la Asociación Brasileña de Hispanistas

BENTIVEGNA, Diego. El poder de la letra. Literatura y domesticación en la Argentina. La Plata: UNIPE. Editorial Universitaria, 2011. Adrián Pablo Fanjul Las reseñas no necesariamente acompañan el dossier de la revista en la que aparecen, pero sin duda la obra que comentaremos (BENTIVEGNA 2011) establece un bienvenido diálogo con las temáticas propuestas para el presente número de abehache, ya que, aunque su título no lo deje inferir directamente, se trata de un libro sobre diversas políticas educativas, abordadas principalmente desde la especificidad que cobraron como políticas literarias. El autor reúne en este volumen cuatro ensayos que había publicado anteriormente en medios de alcance más restricto, pero los amplía y articula de un modo que justifica plenamente el formato libro y su edición por la editorial de la Universidad Pedagógica, reciente emprendimiento del estado bonaerense en la enseñanza superior Texto completo: acá.

jueves, 1 de agosto de 2013

Mario Perniola, "Berlusconi ou o 68 realizado" (Mimesis, Milán, 2012)

Berlusconi levou até o fim um projeto revolucionário que havia sido teorizado já na segunda década do século XX pelo movimento austríaco "Sexpol": tirar a educação dos filhos por parte dos pais e atribuí-la à sociedade. Isso aconteceu através da televisão que reflete o modo comum de sentir as coisas; isso para Berlusconi é exemplificado por aquele que, levantando-se da cama, de manhã, e olhando-se no espelho, vê um "idiota". Berlusconi, assim, representa o ápice de um processo que entregou à televisão toda tarefa educativa e instrutiva, transformando-a totalmente num entretenimento que transforma os espectadores em verdadeiros idiotas. Em outros termos, não humilha aquele "idiota", não esperando dele nenhum esforço mental e psíquico, fazendo com que ele se sinta em perfeita harmonia com o mundo. [...] * tradução Davi Pessoa.

martes, 30 de julio de 2013

Poemas elegidos: Ana Ajmátova

Por Diego Bentivegna: Requiem, de Ana Ajmátova Yo tendría unos dieciséis, tal vez unos diecisiete años. "Requiem", el poema de Ana Ajmátova, figuraba en una antología de poesía rusa del siglo XX que todavía conservo, compilada y traducida por Irina Bogdaschevski en la colección de literatura universal del Centro Editor de América Latina. Ese librito representaba entonces la apertura hacia una estepa que en mi mente estaba atravesada por tártaros y otros nómades peligrosos, como se veía en algunas películas históricas que miraba en la tele los sábados a la tarde (La rebelión de los cosacos, Taras Bulba, Miguel Strogoff). Texto completo, acá.

domingo, 28 de julio de 2013

"El teatro del misterio"

Por Diego Bentivegna, en Tiempo argentino
(domingo 28 de julio de 2013).Un ojo puede ser, a veces, el producto de un trazo, algo que se relaciona con lo cortante, como dice Bataille en un ensayo que dedica al órgano ocular. Es ese trazo, ese corte, lo que nos asalta cuando vemos el lugar vaciado del ojo en una de las calabazas que en las tradiciones nórdicas se iluminan con velas en la "noche de brujas". Una calabaza, si se la trabaja con precisión, si se la vacía con ternura, si se la seca con dedicación, puede volverse un objeto diferente: una cabeza que se forma, tan sólo, a través de un ejercicio de extracción (hay que sacarle la pulpa, retirarle todas las semillas) y que traza un esquema abstracto que no remite a ninguna cara en particular porque puede ser la de cualquiera. Al fin y al cabo, hasta bien entrado el siglo XIX, cuando se produce la difusión de los espejos portátiles, las personas, en su mayoría, ignoraban sus propios rasgos, solo veían los rostros de sus semejantes. Si en la calabaza festiva no hay plenitud del rostro, es, probablemente, porque en sus huecos no hay mirada posible. La calabaza teatraliza el misterio del ojo como órgano. No es más la masa cristalina, blanda, blanca, en la que cualquier coloración parece posible (ojos verdes, negros, turquesas): es un corte puro sobre una superficie vegetal. Quizá, más que señalar al rostro, la calabaza remita más bien a aquello que lo sostiene pero que al mismo tiempo lo niega. No ya semillas, sino osamenta; no ya calabaza, sino calavera; no ya la fiesta de las brujas celta sino el culto mexicano de los muertos. D.Bentivegna es ensayista, poeta y traductor.

jueves, 25 de julio de 2013

"Generalmente son de pequeña estatura y de piel oscura..."

«Generalmente sono di piccola statura e di pelle scura. Molti puzzano perché tengono lo stesso vestito per settimane. Si costruiscono baracche nelle periferie. Quando riescono ad avvicinarsi al centro affittano a caro prezzo appartamenti fatiscenti. Si presentano in 2 e cercano una stanza con uso cucina. Dopo pochi giorni diventano 4, 6, 10. Parlano lingue incomprensibili, forse dialetti. Molti bambini vengono utilizzati per chiedere l'elemosina; spesso davanti alle chiese donne e uomini anziani invocano pietà, con toni lamentosi e petulanti. Fanno molti figli che faticano a mantenere e sono assai uniti tra di loro. Dicono che siano dediti al furto e, se ostacolati, violenti. Le nostre donne li evitano sia perché poco attraenti e selvatici, sia perché è voce diffusa di stupri consumati quando le donne tornano dal lavoro. I governanti hanno aperto troppo gli ingressi alle frontiere ma, soprattutto, non hanno saputo selezionare tra coloro che entrano nel paese per lavorare e quelli che pensano di vivere di espedienti o, addirittura, di attività criminali». Fonte: Relazione dell'Ispettorato per l'immigrazione del Congresso degli Stati Uniti sugli immigrati italiani, ottobre 1919.

miércoles, 24 de julio de 2013

Correspondencia: Nicolás Peyceré sobre Las reliquias

Diego, Antes leí una crítica de Ñ. Después recibí tu libro. Lo leí, veces. Lo puse entre mis libros de cabecera. Note preliminari, quattro nonni appresso, guerra Austria-Italia. Sigue, Parténope, Nápoles, Parthénos, virgen matada por Ulises que se arrojó al mar y llegó a la costa de Campania. Al sur del golfo está Salerno, primera escuela de medicina de Europa (S. XIII) , en sus alrededores nacieron los abuelos de la parte de mi madre, y muchos tíos y primos que emigraron a la Argentina. Yo a mis treinta años viví un año en Roma, otra vez unos días en Venecia y tres meses en Torino. Estudiaba y vagaba. Tu libro de varios modos me emocionó. Me hizo volver a esos tiempos. Me volvió a los escritores italianos que amé. A la historia de Italia con cariño. Volví a Eugenio Montale, que quiero. A la retaguardia del frente italiano donde estuvo preso (1° guerra) el artillero austríaco Wittgenstein, y donde escribió las primeras sentencias en un cuaderno de filosofía. Volví a ese labriego que dejó a Dido para inventar a Roma. Tú eres un labriego, de una tierra caliente, de un Sorrento y otras ciudades, de una literatura. Un italiano, oculto en la extranjería de Buenos Aires. Lo sé, algunos varones migrantes, guardan como reliquias, su poesía. Tu poesía tiene metáforas inteligentes, también una brevedad, una dicción directa, casi epistolar. También usas unas frases muy simples, es decir muy sabias, Así, después de la desolazione de Montale, paralelamente escribís, Miramos desde el barco una ciudad barrosa. Siempre hay una ubicación de la simpleza que enuncia, lo inesperado. Seguiría conversando, lo haremos en algún encuentro. Gracias, Diego.

lunes, 22 de julio de 2013

jueves, 18 de julio de 2013

Carlos Schilling: "El trabajo de la memoria", sobre Las reliquias (La voz del interior, jueves 18 de julio de 2013)

El trabajo de la memoria Carlos Schilling Por si el título no fuera suficiente, el primer verso de Las reliquias es toda una declaración de principios. “Trabajo la memoria”, dice Diego Bentivegna. Y en los siguientes poemas se verá que ese trabajo es una especie de exploración submarina en un pasado que tiene una profundidad mayor que el linaje familiar, aun cuando el libro esté dedicado a los cuatro abuelos italianos del autor y Doménico y Vittorio sean protagonistas de varios textos . Ese pasado, literalmente, se hunde en el mar, y es devuelto por este en forma de “huesos tristes,/ escamas, resto, espina consumida”. Claro que el mar de este libro no es cualquier mar, es el mar de la mitología y de la literatura occidental, el Mediterráneo (no nombrado, pero presente en las alusiones a las sirenas y a la ciudad de Nápoles). Pero aun con el susurrante acompañamiento de voces griegas, latinas e italianas que se dejan escuchar como un rumor de olas cercanas, la materia que pasa por los versos de Bentivegna es mucho más informe que el ideal de belleza meridional: “Ácido, agua industrial/ que se diluye en una aguada quieta/ polvo que desagota en pozos de agua extinta”, y en esa sustancia degradada, sin embargo, “cada fragmento es, él mismo, una reliquia,/ un trozo de sí mismo irreductible”. Dividido en seis secciones (“Las travesías”; “Rebaño místico”; “Un mundo que flota”; “Las trincheras”; “El texto sembrado” y “El niño expósito”), el libro parece ir desplegando un mapa sentimental de Italia donde es posible seguir la deriva de los antepasados y, también, claro, las lecturas de Bentivegna: Montale, Leopardi, Ungaretti, Virgilio, Pound, Seferis, Pasolini. Lo que no implica, en absoluto, un lastre de erudición sino, al contrario, la estratificación de un paisaje cultural que los abuelos viven a la vez como patria, tierra de trabajo o campo de batalla: “La muerte en la trinchera era/ un simple resultado de la técnica,/ su mera consecuencia;// un estallido de tierra en los ojos/ un verso que se tritura entre los dientes/ un espacio sin nombre más allá de la palabra,/ el campo inexpresable de la ética”. Si hubiera que buscar alguna filiación posible entre estos poemas “italianos” de Bentivegna y otros libros de poetas argentinos, podrían mencionarse Tímida hierba de Agosto, de Roberto Raschella, Lo que trae y lleva el mar, de Pablo Anadón o Hilos, de Silvio Mattoni, libros que con temas y tonos propios tienen en común un mundo perdido que vuelve en leyendas familiares, en palabras aisladas, en traducciones, en viajes reales o imaginarios, en un sostenido trabajo de la memoria. Las reliquias Diego Bentivegna Alción Editora Córdoba 2013

sábado, 13 de julio de 2013

"Decir el corazón de las palabras", Cecilia Romana sobre Las reliquias, en el diario El litoral

Por Cecilia Romana “Las reliquias”, de Diego Bentivegna. Alción Editora. Córdoba, 2013. Éste es el primer libro de poemas de un pensador. Un ensayista, un traductor, quien está más acostumbrado a razonar que a dejarse guiado por la intuición, escribe poesía con la sangre, porque hay allí un compromiso más específico que el del poeta puro. Diego Bentivegna ha experimentado la tensión y el miedo del clavadista antes de saltar, pese a que su libro tiene un tono más bien calmo. Cuánto le habrá costado llegar a esa calma. Las reliquias es un volumen de puro trabajo. Primero, sobre la memoria personal, sobre el recuerdo de la propia vida. Después, en relación con el lenguaje que, en este caso, no es otra cosa que la traducción en palabras de un sentimiento muy profundo, de uno que habría que rastrear hasta las raíces primigenias del autor, un doctor en Letras, investigador del Conicet, traductor de Pasolini, y cuántas cosas más. Las influencias son notorias, más en una tonalidad que en el ambiente: Ungaretti, Montale, algo de la italianidad expectante de Europa y la puramente extasiada de América. La de sus padres y abuelos, la que anda pivoteando entre el sueño y la realidad, entre lo que podría ser y lo que es. Trazos de la ensoñación de Viel Témperley, quien podría haber sentido en los corderos de Bentivegna su propia patria. Y siempre, la limpieza formal, porque a través de la claridad es donde se lee la total sorpresa del autor. La experiencia poética de Diego es el paso firme de un adolescente a la juventud, ya que no hay pasmo infantil en el libro ni, mucho menos, reconcentración de viejo ante los hechos. Para quien escribe de barcos que llegan transportando su sangre al continente, para el que cuenta cómo era esa Argentina que los recibió, los barrios del suburbio, los gajes de sus ancestros, siempre vistos desde el interés filial y, por qué no, antropológico, escribir un libro de poemas no es algo de todos los días. A Bentivegna se le fue la sangre en cada verso, se le fue la piel. Todo tamizado por su observación intensa de conocedor de una lengua y quien dice conocedor, dice amante-. Esperamos el vuelo de pájaros que migran sobre nuestras cabezas, de las lentas bandadas que se arrojan de pronto en los sembrados de una isla. Como en una ruleta arreglada, en el único destino que cree Bentivegna es en el que marca el trabajo, la fe extrema en una vida mejor, la esperanza. Siempre la esperanza, como un faro, no sólo de su familia que llegó de Italia, sino de él mismo, de su literatura que, al convertirse en poesía, apuesta. Porque la poesía, a pesar de ser la más vieja de todas las literaturas, es la más viva, la que no depende del valor de cambio, la que renace cada día bajo voces nuevas que, por intuitivas, al menos, se alzan a nivel de las antiguas. Hay una pequeña nostalgia en Las reliquias. Una pregunta más bien, pero de esas que se hacen para responderse a sí mismo y afirmarse en lo único que hace al poeta algo diverso del resto: ¿dónde estoy y por qué? ¿Este es mi primer paso o el último? En esa tensión camina el libro de Bentivegna, pero siempre bajo el auspicio de la providencia, que alimenta todo, hasta las noches más oscuras de un escritor.

jueves, 11 de julio de 2013

D. Freidemberg, sobre Las reliquias (en facebook)

Daniel Freidemberg Hace 40 minutos Me sorprendió Diego Bentivegna con su irrupción como poeta. Lo conocía por su traducción de Pasolini y ya le tenía un respeto considerable por sus trabajos críticos, y ahora veo que al poeta, al menos para mí, lo tenìa guardadito. Es inusual, me parece, el modo en que hace que la poesía "relate" sin perder poeticidad, el excepcional modo en que articula una suerte de serenidad "clásica" con una tremenda fuerza, una carga de potencia que no sólo viene de la temática y que mucho tiene que ver con la elección y disposición de las palabras, y admiro esa sabia, nada exhibicionista, administración del ritmo: cautamente armonioso, exacto, disfrutable.

sábado, 6 de julio de 2013

En Ñ

Comentario y selección de poes en la ñ de ayer - hoy (5-6 julio 2013)

jueves, 4 de julio de 2013

jueves, 27 de junio de 2013

Zizek

“Esos críticos del patriarcado lo atacan como si todavía fuera una posición hegemónica, ignorando lo que Marx y Engels escribieron hace más de 150 años en el primer capítulo del Manifiesto Comunista: ‘La burguesía siempre ha tenido dominada la situación, ha puesto fin a todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas’. Semejante percepción todavía es ignorada por aquellos teóricos culturales de la izquierda que centran su crítica en la ideología y la práctica del patriarcado. ¿No es momento de empezar a preguntarse sobre las razones de que la crítica del ‘falocentrismo’ patriarcal y todo lo demás haya sido elevado a cuestión principal en el mismo momento histórico –el nuestro– en que el patriarcado ha perdido definitivamente su papel hegemónico, progresivamente barrido por el individualismo de derechos de mercado? ¿Qué queda de los valores familiares del patriarcado cuando un niño puede demandar a sus padres por abandono y abuso o cuando la familia y la propia paternidad son de jure reducidas a contratos temporales y disolubles entre individuos independientes? (Y, por cierto, Freud no era menos consciente de esto; para él, el declive del modo edípico de socialización era la condición histórica para el ascenso del psicoanálisis.) En otras palabras, la afirmación crítica de que la ideología patriarcal continúa siendo la ideología hegemónica es la forma de la ideología hegemónica de nuestro tiempo; su función es permitir que nos escapemos del punto muerto de la permisividad hedonista que es en realidad hegemónica”.

jueves, 30 de mayo de 2013

Presentación

El viernes 31 de mayo a las 19 en la Biblioteca Nacional, habrá sorteos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

martes, 9 de abril de 2013

En pos del milenio

El Papa Francisco ¿inaugura el tercer milenio? - Leonardo Boff 2013-04-05 -------------------------------------------------------------------------------- El primer milenio de cristianismo estuvo marcado por el paradigma de la comunidad. Las Iglesias tenían relativa autonomía con sus ritos propios: la ortodoxa, la copta, la ambrosiana de Milán, la mozárabe de España y otras. Veneraban sus propios mártires y confesores y tenían sus teologías, como se ve en la floreciente cristiandad del norte de África con san Agustín, san Cipriano y el laico teólogo Tertuliano. Ellas se reconocían entre si y, aunque en Roma ya se esbozaba una visión más jurídica, predominaba la presidencia en la caridad. El segundo milenio se caracterizó por el paradigma de la Iglesia como sociedad perfecta y jerarquizada: una monarquía absoluta centrada en la figura del Papa como cabeza suprema (cefalización), dotado de poderes ilimitados y, por último, infalible cuando se declara como tal en asuntos de fe y moral. Se creó el Estado Pontificio, con ejército, con sistema financiero y legislación que incluía la pena de muerte. Se creó un cuerpo de peritos de la institución, la Curia Romana, responsable de la administración eclesiástica mundial. Esta centralización produjo la romanización de toda la cristiandad. La evangelización de América Latina, de Asia y de África se hizo dentro de un mismo proceso de conquista colonial del mundo y significó un trasplante del modelo romano, anulando prácticamente la encarnación en las culturas locales. Se oficializó la estricta separación entre el clero y los laicos. Éstos, sin ningún poder de decisión (en el primer milenio participaban en la elección de los obispos y del propio Papa), fueron jurídicamente y de hecho infantilizados y mediocrizados. Las costumbres palaciegas de sacerdotes, obispos, cardenales y papas se afirmaron. Los títulos de poder de los emperadores romanos, comenzando por los de Papa y Sumo Pontífice, pasaron al obispo de Roma. Los cardenales, príncipes de la Iglesia, se vestían como la alta nobleza renacentista, y así ha permanecido hasta la actualidad, para escándalo de no pocos cristianos habituados a ver a Jesús pobre y hombre del pueblo, perseguido, torturado y ejecutado en la cruz. Todo indica que este modelo de Iglesia se clausuró con la renuncia de Benedicto XVI, último Papa de este modelo monárquico, en un contexto trágico de escándalos que han afectado al núcleo de credibilidad del mensaje cristiano. La elección del Papa Francisco, venido «del fin del mundo» como él mismo se presentó, de la periferia de la cristiandad, del Gran Sur, donde vive el 60% de los católicos, inaugurará el paradigma eclesial del Tercer Milenio: la Iglesia como vasta red de comunidades cristianas, enraizadas en las diferentes culturas, algunas más antiguas que la occidental, como la china, la india y la japonesa, las culturas tribales de África y las comunitarias de América Latina. Se encarna también en la cultura moderna de los países técnicamente avanzados, con una fe vivida también en pequeñas comunidades. Todas estas encarnaciones tienen algo en común: la urbanización de la humanidad en la cual más del 80% de la población vive en grandes conglomerados de millones y millones de personas. En este contexto no será posible hablar de parroquias territoriales, sino de comunidades de vecindad, de edificios o de calles cercanas. Ese cristianismo tendrá como protagonistas a los laicos, animados por curas, casados o no, o por mujeres-sacerdotes y obispas ligadas más a la espiritualidad que a la administración. Las Iglesias tendrán otros rostros. La reforma no se restringirá a la Curia Romana, en estado calamitoso, sino que se extenderá a toda la institucionalidad de la Iglesia. Tal vez solamente convocar un nuevo Concilio con representantes de toda la cristiandad dará al Papa la seguridad y las líneas maestras de la Iglesia del Tercer Milenio. Que no le falte el Espíritu.

sábado, 6 de abril de 2013

Vattimo, respuestas a una entrevista (2013)

Vattimo: Pregunta –¿Cómo lo tomó la muerte de Chávez? Vattimo: –Alguien dijo que lo mataron. No tengo evidencia. Pero usted sabe que los americanos han investigado en sus laboratorios fármacos absolutamente absurdos como una píldora para que todos los soldados del ejército enemigo devengan gays. Inventan cada día cosas absurdas. (...) Vattimo: –Yo creo en el Evangelio, que me ha sido transmitido por la Iglesia. Por lo que no puedo prescindir de la Iglesia. Yo creo que soy creyente. Efectivamente, si pienso en mi ideal de vida, mi ética, pienso en términos de ética cristiana, en la imitación de Cristo: la caridad, la apertura a los otros. Me esfuerzo por ser lo que el Evangelio me dice. No creo que lo haga siempre. Así es que no puedo hablar de posmodernidad sin cristianismo. La posmodernidad me libera de todos los grandes sistemas y puedo escuchar el Evangelio. Pero sin pensar que es la única revelación posible a la que se tienen que convertir todos. Es algo que a mí me hace sentir bastante en orden conmigo mismo y que intento practicar discutiendo con otros. Si alguien me demuestra que siendo cristiano hago daño a alguien, repensaré mi posición. Por lo pronto, no puedo vivir sin ser cristiano. Entrevista completa, acá:

miércoles, 3 de abril de 2013

Leonardo Boff: los dos franciscos

Francisco de Asís y Francisco de Roma 2013-03-29 -------------------------------------------------------------------------------- Desde que el obispo de Roma electo, y por eso Papa, asumió el nombre de Francisco, se hace inevitable la comparación entre los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma. Además, el Francisco de Roma se remitió explícitamente a Francisco de Asís. Evidentemente no se trata de mimetismo, sino de constatar puntos de inspiración que nos indiquen el estilo que el Francisco de Roma quiere conferir a la dirección de la Iglesia universal. Hay un punto común innegable: la crisis de la institución eclesiástica. El joven Francisco dice haber oído una voz venida del Crucifijo de San Damián que le decía: “Francisco repara mi Iglesia porque está en ruinas”. Giotto lo representó bien, mostrando a Francisco soportando sobre sus hombros el pesado edificio de la Iglesia. Nosotros vivimos también una grave crisis por causa de los escándalos internos de la propia institución eclesiástica. Se ha oído el clamor universal («la voz del pueblo es la voz de Dios»): «reparen la Iglesia que se encuentra en ruinas en su moralidad y su credibilidad». Y se ha confiado a un cardenal de la periferia del mundo, a Bergoglio, de Buenos Aires, la misión de restaurar, como Papa, la Iglesia a la luz de Francisco de Asís. En el tiempo de san Francisco de Asís triunfaba el Papa Inocencio III (1198-1216) que se presentaba como «el representante de Cristo». Con él se alcanzó el grado supremo de secularización de la institución eclesiástica con intereses explícitos de «dominium mundi», de dominación del mundo. Efectivamente, por un momento, prácticamente toda Europa hasta Rusia estaba sometida al Papa. Se vivía en la mayor pompa y gloria. En 1210, con muchas dudas, Inocencio III reconoció el camino de pobreza de Francisco de Asís. La crisis era teológica, pues una Iglesia-imperio temporal y sacral contradecía todo lo que Jesús quería. Francisco vivió la antítesis del proyecto imperial de Iglesia. Al evangelio del poder, presentó el poder del evangelio: en el despojamiento total, en la pobreza radical y en la extrema sencillez. No se situó en el marco clerical ni monacal, sino que como laico se orientó por el evangelio vivido al pie de la letra en las periferias de las ciudades, donde están los pobres y los leprosos, y en medio de la naturaleza, viviendo una hermandad cósmica con todos los seres. Desde la periferia habló al centro, pidiendo conversión. Sin hacer una crítica explícita, inició una gran reforma a partir de abajo pero sin romper con Roma. Nos encontramos ante un genio cristiano de seductora humanidad y de fascinante ternura y cuidado que puso al descubierto lo mejor de nuestra humanidad. De Koinonía Estimo que esta estrategia debe haber impresionado a Francisco de Roma. Hay que reformar la Curia y los hábitos clericales de toda la Iglesia. Pero no hay que crear una ruptura que desgarraría el cuerpo de la cristiandad. Otro punto que seguramente habrá inspirado a Francisco de Roma: la centralidad que Francisco de Asís otorgó a los pobres. No organizó ninguna obra para los pobres, sino que vivió con los pobres y como los pobres. Francisco de Roma, desde que lo conocemos, vive repitiendo que el problema de los pobres no se resuelve sin la participación de los pobres, no por la filantropía sino por la justicia social. Ésta disminuye las desigualdades que castigan a América Latina y, en general, al mundo entero. El tercer punto de inspiración es de gran actualidad: cómo relacionarnos con la Madre Tierra y con los bienes y servicios escasos. En la alocución inaugural de su entronización, Francisco de Roma usó más de 8 veces la palabra cuidado. Es la ética del cuidado, como yo mismo he insistido fuertemente, la que va a salvar la vida humana y garantizar la vitalidad de los ecosistemas. Francisco de Asís, patrono de la ecología, será el paradigma de una relación respetuosa y fraterna hacia todos los seres, no encima sino al pie de la naturaleza. Francisco de Asís mantuvo con Clara una relación de gran amistad y de verdadero amor. Exaltó a la mujer y a las virtudes considerándolas «damas». Ojalá inspire a Francisco de Roma una relación con las mujeres, que son la mayoría de la Iglesia, no sólo de respeto, sino también dándoles protagonismo en la toma de decisiones sobre los caminos de la fe y de la espiritualidad en el nuevo milenio. Por último, Francisco de Asís es, según el filósofo Max Scheler, el prototipo occidental de la razón cordial y emocional. Ella nos hace sensibles a la pasión de los que sufren y a los gritos de la Tierra. Francisco de Roma, a diferencia de Benedicto XVI, expresión de la razón intelectual, es un claro ejemplo de la inteligencia cordial que ama al pueblo, abraza a las personas, besa a los niños y mira amorosamente a las multitudes. Si la razón moderna se amalgama con la sensibilidad del corazón, no será tan difícil cuidar la Casa Común y a los hijos e hijas desheredados, y alimentaremos la convicción muy franciscana de que abrazando cariñosamente al mundo, estamos abrazando a Dios. Leonardo Boff

domingo, 31 de marzo de 2013

Massimo Cacciari sobre Francisco. Escándalo, escándalo

Massimo Cacciari-Il nome Francesco dice già tutto del nuovo Papa Venerdì 15 Marzo 2013 16:32 Scritto da mar notizia del 2013-03-14 20:37:53 La scelta del nome Francesco dice già tutto del nuovo Papa, il suo modo d’intendere la sua funzione, il suo rapporto con tutte le persone: è quanto sostiene il filosofo Massimo Cacciari R. - Mi pare sia evidente: ha assunto un nome straordinario, per la prima volta e non a caso. Quindi è chiaro che sarà un Papa che cercherà di svolgere il proprio ministero con una sensibilità altissima per il povero. E’ un richiamo fortissimo per la Chiesa alla povertà. Quindi è evidente anche la ripresa del senso delle dimissioni di Ratzinger. Humilitas et paupertas sono le grandi virtù francescane e quindi con il nome che ha assunto, ha detto tutto quello che doveva dire. Il resto non sono nient’altro che conseguenze di questa scelta, che - ripeto - è una scelta assolutamente straordinaria, come quella che aveva fatto Ratzinger. Non a caso nessun Papa aveva - diciamo pure - “osato” chiamarsi Francesco. Quindi se questo ha osato chiamarsi Francesco, dovrà pure dire qualcosa. D. - Le categorie che sempre si usano - progressista, conservatore - sono rispuntate fuori anche a proposito del nuovo Papa. Secondo lei sono valide oggi? R. - Non sono valide neanche sul piano politico, si figuri se sono valide sul piano religioso o spirituale. Certo che, come sempre per quanto riguarda i vescovi, anche i più grandi dell’America Latina, può darsi che vi sia una certa tensione tra la linea di umiltà, di povertà, di radicale vicinanza e prossimità al povero, che spesso questi grandi vescovi interpretano e incarnano, e la posizione dal punto di vista teologico, etico, scarsamente in sintonia con le società più secolarizzate dell’Occidente. Bisogna vedere… Certo i problemi saranno colossali. Poi c’è un altro segnale che è duplice, diciamo contradditorio: questa è la prima volta non soltanto di Francesco, ma è la prima volta dell’extra europeo. Questo resta un fatto colossale, colossale. Testimonia in positivo per un verso la cattolicità autentica e per l’altro un segnale che potrebbe essere letto anche drammaticamente di perdita proprio di centralità europea sotto ogni profilo. Abbiamo perso sotto il profilo economico, ora anche sotto il profilo culturale e spirituale. Non è una cosa da niente per la Chiesa: la Chiesa ha avuto i suoi cardini in Europa, non c’è niente da fare. La Chiesa è stata, per secoli e secoli, Chiesa europea. Cosa comporterà questo e quali saranno le conseguenze di questo? E’ facile dire cattolicità, cattolicità… Sì, certo c’è questa dimensione, ma come di ogni cosa c’è anche l’altra faccia… D. - Un riferimento all’omelia che ha pronunciato alla sua prima messa da Papa. Ha detto: “Bisogna avere il coraggio di camminare con la Croce del Signore, senza la Croce siamo mondani, bisogna camminare nella luce, vivere con irreprensibilità...". Insomma confessare Gesù Cristo, altrimenti "diventeremo una ong assistenziale”… R. - Ha perfettamente ragione. Non c’è dubbio alcuno. Se la Chiesa si declina soltanto sotto il profilo etico, per quanto nobile, sotto il profilo socio-politico, per quanto nobile, non è più la Chiesa. La Chiesa deve predicare il Verbo e da ciò, di conseguenza, tutto il resto. Ma se dimentica il paradosso iniziale, lo scandalo iniziale da cui nasce… D. - Lo scandalo della Croce? R. - Quello è lo scandalo: la follia. E’ una follia. Il logos della Croce è una moria per il mondo. Detto questo, però, la Chiesa - e questo sarà il problema di questo Papa - deve anche essere nel mondo, deve saperne i linguaggi, deve saperlo ascoltare, deve essere in grado di capire cosa dice il mondo nel XXI secolo. Radio Vaticana

miércoles, 27 de marzo de 2013

Giovanna Bemporad, imagen y textos

Por Diego Bentivegna, para poesía argentina "El 6 de enero de este año murió en su casa de Roma la poeta italiana Giovanna Bemporad. Su obra poética se concentra en un solo libro: Esercizi, publicado -y reescrito- en varias oportunidades. La primera edición es de carácter artesanal y funciona, podría pensarse, como una expresión típica del contexto italiano de posguerra. Fue publicada en 1948 en Venecia; por entonces, esa ciudad era residencia más o menos fija de Giovanna Bemporad; la joven, que apenas había pasado los veinte años, vivía en un departamento semiabandonado de la ciudad lagunar, que había fascinado a comienzos del siglo a algunos de los autores –George, Rilke, Hofmannsthal- con los que construye, a través de la escritura y de la traducción, una suerte de comunidad de los ausentes." texto completo,acá.

martes, 5 de marzo de 2013

Feliz cumple, PPP!!!

ABOLIAMO LA TV E LA SCUOLA DELL'OBBLIGO Corriere della Sera, 18 ottobre 1975 di Pier Paolo Pasolini I vari casi di criminalità che riempiono apocalitticamente la cronaca dei giornali e la nostra coscienza abbastanza atterrita, non sono casi: sono, evidentemente, casi estremi di un modo di essere criminale diffuso e profondo: di massa. Infatti i criminali non sono solo i neofascisti. Ultimamente un episodio (il massacro di una ragazza al Circeo) ha improvvisamente alleggerito tutte le coscienze e fatto tirare un grande respiro di sollievo: perché i colpevoli del massacro erano appunto dei pariolini fascisti. Dunque c'era da rallegrarsi per due ragioni: 1) per la conferma del fatto che sono solo e sempre fascisti la colpa di tutto; 2) per la conferma del fatto che la colpa è solo e sempre dei borghesi privilegiati e corrotti. La gioia di sentirsi confermati in questo antico sentimento populista - e nella solidità dell'annessa configurazione morale - non è esplosa solo nei giornali comunisti, ma in tutta la stampa (che dopo il 15 giugno ha una gran paura di essere a meno appunto dei comunisti). In realtà la stampa borghese è stata letteralmente felice di poter colpevolizzare i delinquenti dei Parioli, perché, colpevolizzandoli tanto drammaticamente, li privilegiava (solo i drammi borghesi hanno vero valore e interesse) e nel tempo stesso poteva crogiolarsi nella vecchia idea che dei delitti proletari e sottoproletari è inutile occuparsi più che tanto, dato che è aprioristicamente assodato che proletari e sottoproletari sono delinquenti. Io penso dunque che anche il massacro del Circeo abbia scatenato in Italia la solita offensiva ondata di stupidità giornalistica. Infatti, ripeto, i criminali non sono affatto solo i neofascisti, ma sono anche allo stesso modo e con la stessa coscienza, i proletari o i sottoproletari, che magari hanno votato comunista il 15 giugno. Si pensi al delitto dei fratelli Carlino di Torpignattara, o all'aggressione di Cinecittà (un ragazzo percosso brutalmente e chiuso dentro il baule della macchina e la ragazza violentata e seviziata da sette giovani della periferia romana). Questi delinquenti "popolari" - e per ora mi riferisco, con precisione documentata, ai soli fratelli Carlino - godevano della stessa identica libertà condizionale che i delinquenti dei Parioli; godevano cioè della stessa impunità. E' assurdo dunque accusare i giudici che hanno mandato in giro "a piede libero" i neofascisti se non si accusano nello stesso tempo e con la stessa fermezza i giudici che hanno mandato in giro "a piede libero" i fratelli Carlino (e altre migliaia di giovani delinquenti delle borgate romane). La realtà è la seguente: i casi estremi di criminalità derivano da un ambiente criminaloide di massa. Occorrono migliaia di casi come quelli della festicciola sadica del Circeo o di aggressività brutale per ragioni di traffico, perché si realizzino casi come quelli dei sadici pariolini o dei sadici di Torpingnattara. Quanto a me, lo dico ormai da qualche anno che l'universo popolare romano è universo "odioso". Lo dico con scandalo dei benpensanti; e soprattutto con scandalo dei benpensanti che non credono di esserlo. E ne ho anche indicato le ragioni (perdita da parte di giovani del popolo dei propri valori morali, cioè della propria cultura particolaristica, coi suoi schemi di comportamento eccetera). E a proposito, poi, di un universo criminaloide come quello popolare romano bisognerà dire che non valgono le consuete attenuanti populistiche: è necessario munirsi della stessa rigidità puritana e punitiva che siamo soliti sfoggiare contro le manifestazioni criminaloide dell'infima borghesia neofascista. Infatti i giovani proletari e sottoproletari romani appartengono ormai totalmente all'universo piccolo borghese: il modello piccolo borghese è stato loro definitivamente imposto, una volta per sempre. E i loro modelli concreti sono proprio quei piccoli borghesi idioti e feroci che essi, ai bei tempi, hanno tanto e così spiritosamente disprezzato come ridicole e ripugnanti nullità. Non per niente i seviziatori sottoproletari della ragazza di Cinecittà, usando di lei come di una "cosa", le dicevano: "Bada che ti facciamo quello che hanno fatto a Rosaria Lopez". La mia esperienza privata, quotidiana, esistenziale - che oppongo ancora una volta all'offensiva astrattezza e approssimazione dei giornalisti e dei politici che non vivono queste cose - m'insegna che non c'è più alcuna differenza vera nell'atteggiamento verso il reale e nel conseguente comportamento tra i borghesi dei Parioli e i sottoproletari delle borgate. La stessa enigmatica faccia sorridente e livida indica la loro imponderabilità morale (il loro essere sospesi tra la perdita di vecchi valori e la mancata acquisizione di nuovi: la totale mancanza di ogni opinione sulla propria "funzione"). Un'altra cosa che l'esperienza diretta m'insegna è che questo è un fenomeno totalmente italiano. Fa parte del conformismo, peraltro antiquato, dell'informazione italiana il consolarsi col fatto che anche negli altri Paesi esiste il problema della criminalità: esso esiste, è vero: ma si pone in un mondo dove le istituzioni borghesi restano solide ed efficienti, e continuano a offrire dunque una contropartita. Che cos'è che ha trasformato i proletari e i sottoproletari italiani, sostanzialmente, in piccolo borghesi, divorati, per di più, dall'ansia economica di esserlo? Che cos'è che ha trasformato le "masse" dei giovani in "masse" di criminaloidi? L'ho detto e ripetuto ormai decine di volte: una "seconda" rivoluzione industriale che in realtà in Italia è la "prima": il consumismo che ha distrutto cinicamente un mondo "reale", trasformandolo in una totale irrealtà, dove non c'è più scelta possibile tra male e bene. Donde l'ambiguità che caratterizza i criminali: e la loro ferocia, prodotta dall'assoluta mancanza di ogni tradizionale conflitto interiore. Non c'è stata in loro scelta tra male e bene: ma una scelta tuttavia c'è stata: la scelta dell'impietrimento, della mancanza di ogni pietà. Si lamenta in Italia la mancanza di una moderna efficienza poliziesca contro la delinquenza. Cioè che io soprattutto lamenterei è la mancanza di una coscienza informata di tutto questo, e la sopravvivenza di una retorica progressista che non ha più nulla a che fare con la realtà. Bisogna oggi essere progressisti in un altro mondo; inventare una nuova maniera di essere liberi, soprattutto nel giudicare, appunto, che ha scelto la fine della pietà. Bisogna ammettere una volta per sempre il fallimento della tolleranza. Che è stata, s'intende, una falsa tolleranza, ed è stata una delle cause più rilevanti nella degenerazione della masse dei giovani. Bisogna insomma comportarsi, nel giudicare, di conseguenza e non a priori (l'a priori progressista valido fino a una decina d'anni fa). Quali sono le mie due modeste proposte per eliminare la criminalità? Sono due proposte swiftiane, come la loro definizione umoristica non si cura minimamente di nascondere. 1) Abolire immediatamente la scuola media dell'obbligo. 2) Abolire immediatamente la televisione. Quanto agli insegnanti e agli impiegati della televisione possono anche non essere mangiati, come suggerirebbe Swift: ma semplicemente possono essere messi sotto cassa integrazione. La scuola d'obbligo è una scuola di iniziazione alla qualità di vita piccolo borghese: vi si insegnano delle cose inutili, stupide, false, moralistiche, anche nei casi migliori (cioè quando si invita adulatoriamente ad applicare la falsa democraticità dell'autogestione, del decentramento ecc.: tutto un imbroglio). Inoltre una nozione è dinamica solo se include la propria espansione e approfondimento: imparare un po' di storia ha senso solo se si proietta nel futuro la possibilità di una reale cultura storica. Altrimenti, le nozioni marciscono: nascono morte, non avendo futuro, e la loro funzione dunque altro non è che creare, col loro insieme, un piccolo borghese schiavo al posto di un proletario o di un sottoproletario libero (cioè appartenente a un'altra cultura, che lo lascia vergine a capire eventualmente nuove cose reali, mentre è ben chiaro che chi ha fatto la scuola d'obbligo è prigioniero del proprio infimo cerchio di sapere, e si scandalizza di fronte ad ogni novità). Una buona quinta elementare basta oggi in Italia a un operaio e a suo figlio. Illuderlo di un avanzamento che è una degradazione è delittuoso: perché lo rende: primo, presuntuoso (a causa di quelle due miserabili cose che ha imparato); secondo (e spesso contemporaneamente), angosciamente frustrato, perché quelle due cose che ha imparato altro non gli procurano che la coscienza della propria ignoranza. Certo arrivare fino all'ottava classe anziché alla quinta, o meglio, arrivare alla quindicesima classe, sarebbe, per me, come per tutti, l'optimum, suppongo. Ma poiché oggi in Italia la scuola d'obbligo è esattamente come io l'ho descritta (e mi angoscia letteralmente l'idea che vi venga aggiunta una "educazione sessuale", magari così come la intende lo stesso "Paese Sera"), è meglio abolirla in attesa di tempi migliori: cioè di un altro sviluppo. (E' questo il nodo della questione). Quanto alla televisione non voglio spendere ulteriori parole: cioè che ho detto a proposito della scuola d'obbligo va moltiplicato all'infinito, dato che si tratta non di un insegnamento, ma di un "esempio": i "modelli" cioè, attraverso la televisione, non vengono parlati, ma rappresentati. E se i modelli son quelli, come si può pretendere che la gioventù più esposta e indifesa non sia criminaloide o criminale? E' stata la televisione che ha, praticamente (essa non è che un mezzo), concluso l'era della pietà, e iniziato l'era dell'edonè. Era in cui dei giovani insieme presuntuosi e frustrati a causa della stupidità e insieme dell'irraggiungibilità dei modelli proposti loro dalla scuola e dalla televisione, tendono inarrestabilmente ad essere o aggressivi fino alla delinquenza o passivi fino alla infelicità (che non è una colpa minore). Ora, ogni apertura a sinistra sia della scuola che della televisione non è servita a nulla: la scuola e il video sono autoritari perché statali, e lo Stato è la nuova produzione (produzione di umanità). Se dunque i progressisti hanno veramente a cuore la condizione antropologica di un popolo, si uniscano intrepidamente a pretendere l'immediata cessazione delle lezioni alla scuola d'obbligo e delle trasmissioni televisive. Non sarebbe nulla, ma sarebbe anche molto: un Quarticciolo senza abominevoli scuolette e abbandonato alle sue sere e alle sue notti, forse sarebbe aiutato a ritrovare un proprio modello di vita. Posteriore a quello di una volta, e anteriore rispetto a quello presente. Altrimenti tutto ciò che si dice sul decentramento è scioccamente aprioristico o in pura malafede. Quanto ai collegamenti informativi del Quarticciolo - come di qualsiasi altro "luogo culturale" - col resto del mondo, sarebbero sufficienti a garantirgli i giornali murali e "l'Unità": e soprattutto il lavoro, che, in un simile contesto, assumerebbe naturalmente un altro senso, tenendo a unificare una buona volta, e per autodecisione, il tenore di vita con la vita. Link: http://www.corriere.it/speciali/pasolini/scuola.html

lunes, 4 de marzo de 2013

Toni Negri: “Es la pobreza lo que le falta a la Iglesia"

por EL ARRIERO el 01. MAR, 2013 en UNCATEGORIZED (tomado de el puercoespín febrero 18/2013) Hace más de veinte años salió la encíclica Centesimus Annus, del Papa polaco, en ocasión del centenario de la Rerum Novarum –era el manifiesto reformista, fuertemente innovador, de una iglesia que se pretendía ya la única representante de los pobres después de la caída del imperio soviético. A ese documento, mis compañeros parisimos de Futur Antériur y yo dedicamos un comentario que era, a la vez, reconocimiento y desafío: lo titulamos “La V Internacional de Juan Pablo II”. Veintidós años después, el Papa alemán abdica. Se declara no sólo fatigado del cuerpo e incapaz de oponerse a los enredos y la corrupción de la Curia romana, sino también impotente de ánimo para enfrentar el mundo. Esta abdicación, sin embargo, sólo puede sorprender a los miembros de la curia –todos aquellos que prestan atención a las cosas de la iglesia romana saben que otra abdicación, mucho más profunda, ya había ocurridohace rato, bajo Juan Pablo II, cuando, con el ferviente apoyo de Ratzinger, se acabó con la apertura a los pobres y el compromiso con una iglesia renovada por la liberación de los hombres de la violencia capitalista y de la miseria. ¿Había sido pura mistificación aquella encíclica de 1991? Hoy debemos reconocer que es probable. De hecho, en América Latina la iglesia católica destruyó todo foco de la teología de la liberación, en Europa volvió a reivindicar el ordo-liberalismus, en Rusia y en Asia se halló incapaz de desarrollar aquel proselitismo que el nuevo orden mundial le permitía, y en los países árabes e iraníes vio a los musulmanes, con sus diversas sectas y fracciones, tomar el lugar del socialismo árabe (y, a menudo, cristiano) y del comunismo chiíta en la defensa de los pobres y en el desarrollo de las luchas de liberación. La aproximación a Israel se realizó no en nombre del antifascismo y de la denuncia de los crímenes nazis, sino en nombre de la defensa de Occidente. La paradoja más significativa se puso de manifiesta en el hecho de que al gran impulso misional (que se había desarrollado autónomamente después del Concilio Vaticano II) se lo hizo refluir hacia las ONG, rígidamente especializadas y depuradas de cualquier característica genéricamente “franciscana”. Estas ONG terminaron por dedicarse a la práctica de esos “derechos del hombre” que la iglesia (y los dos papas, el polaco y el alemán) rehusaba reconocer en los países europeos o de América del Norte, donde todavía expresaban, con resonancias anticlericales y republicanas, las instancias (residuales, no obstante eficaces) de la laicicidad humanista e iluminista. En vez de estar a la izquierda de la socialdemocracia, como la Centesimus Annus proponía, el papado se halló, así, replegado sobre la derecha del panorama social y sobre una derecha política que a menudo hacía guiños a los Tea Parties (también europeos). Ahora el Papa alemán abdica. Es casi divertido oír hablar a la prensa de todo ese mundo que todavía tienen intereses en el acontecimiento (muy limitado, incluso si se considera el espacio global). Le pide al nuevo Papa que reconozca el ministerio eclesiástico de las mujeres, que vuelva colegiada –de un modo burgués—la administración de la iglesia, que garantice una posición de independencia respecto de la política… Pedidos banales. ¿Acaso tocan lo esencial? Con toda seguridad, no: es la pobreza lo que falta a la iglesia. Y sería, al fin, el momento de comprender que el Papa no es un rey pero debe ser pobre, no puede sino ser pobre. ¿Tratarán de enmascarar el problema promoviendo a un africano, o a un filipino, al papado? ¡Qué horrible gesto racista sería si el Vaticano y sus oros y sus bancos y su política dogmática a favor de la propiedad privada y del capitalismo, siguieran siendo blancos y occidentales! Piden que se conceda a las mujeres el sacerdocio: ¿no es hipocresía ppura, cuando no se les pasa siquiera por la antecámara del cerebro que Dios pueda ser declinado en femenino? Quieren colegialidad en la gestión de la iglesia: pero ya Francisco enseñó que la colegialidad podía darse solo en la caridad. Etc., etc. La iglesia del Papa polaco y del Papa alemán ha concluido el proceso de aniquilación del Concilio Vaticano II, y esta liquidación, desgraciadamente, no ha representado jamás una “guerra civil” en el interior de la iglesia de roma, sino sólo unas estocadas entre prelados –también sangrientas, como en el caso de la neutralización del cardenal Martini, pero siempre se trató de esgrima. Así, poniendo una piedra encima del Concilio, estos dos últimos papas han bloqueado un impetuoso movimiento de renovación religiosa. Sobre todo han confundido a la iglesia y Occidente, el cristianismo y el capitalismo: era aquello que la Centesimus Annus prometía no hacer más una vez salidos de la histeria antisoviética. No bastaba, sin embargo, con proclamar la pobreza para subordinar las formas de vida del Occidente capitalista al cristianismo: tocaba practicar la pobreza, alimentarla, como una revolución. Ante las crisis monetarias, productivas y sociales, los cristianos habrían deseado una nueva y adecuada definición de la “caridad”, del “amor por el prójimo”, de la “potencia de la pobreza”, de parte de la iglesia. No la han obtenido. Y, con todo, mucho militantes cristianos rechazan esta declinación que el Vaticano y Occidente parecen recorrer juntos. Algunos piensan, entonces, que “la renuncia de Benedicto podría finalmente conducir a la iglesia fuera del siglo XIX”; otros, que producirá una reflexión profunda y el reconocimiento de la necesidad de una reforma. ¿Pero no tienen en cambio razón aquellos que piensa que nos hallamos delante de “la agonía de un imperio enfermo”? ¿Y que aquel gesto de Benedicto no es otra cosa que una coartada oportunista, una tentativa extrema de huir de la crisis? Lo único de lo que estamos seguros es de que cualquier reforma doctrina será totalmente inútil si no es precedida, acompañada y terminada mediante una reforma radical de las formas de presencia social de la iglesia, de sus mujeres y de sus hombres. Solo si estos logran ligar la esperanza celeste y la terrena. Y entonces, a hablar de nuevo de la “resurrección de los muertos” ocupándose de los cuerpos, del alimento, de las pasiones de los hombres que viven. Esto implica romper con la función que el Occidente capitalista ha confiado a la iglesia –la de pacificar, con esperanzas vacías, al espíritu que sufre; la de tornar culpable el alma de quien se rebela. La discontinuidad producida por la abdicación de Benedicto suscitará efectos de renovación cuando la acompañe el rechazo a representar la “Iglesia de Occidente”. Quizás ha llegado el momento de destruir esta identidad sobre la estela de cuando había propuesta la Centesimus annus más de veinte años atrás y de reconocer a los trabajadores la identidad de los explotados, en Occiente, por Occidente. Pero si no lo logró el Papa polaco de entonces, es dudoso que pueda lograrlo un alumno suyo de carisma débil. La obra ha sido legada, pues, a los cristianos. A todos nosotros.

viernes, 11 de enero de 2013

José del Valle: Obituario de Isaías Lerner

Querida Argentina: Te escribo con el corazón en un puño para decirte la muerte de uno de los tuyos. Isaías Lerner falleció anteanoche en su casa del neoyorquino barrio de Chelsea. Murió de una singular forma de cáncer de pulmón, una que, según parece, suele afectar a obreros de la construcción. Murió pues un obrero de la filología (“una profesión como otra cualquiera”, insistía Isaías), minero de un archivo que trabajó con tesón y afecto, con erudición e ironía cervantina. Nacido en Buenos Aires y de origen judío, vivió su juventud en Callao, muy cerca de Corrientes. Dio clase de latín y griego en el Nacional de Buenos Aires y fue secretario del Instituto de Filología. Y, como para tantos latinoamericanos, llegó el exilio. Se instaló en EEUU, en Illinois primero, donde realizó el doctorado, y en Nueva York después, en cuya universidad pública, CUNY (City University of New York), ejerció la docencia hasta el pasado mes de mayo. Su compromiso con la institución y, a través de ella, con la educación pública fue generoso e inquebrantable. Supe un día, ya hace años (cuando los sobresaltos de Nueva York eran muy otros), que, además de los cursos de doctorado que le correspondía impartir, daba una clase de historia de la lengua voluntariamente los lunes por la noche en nuestro campus de Harlem, en el City College of New York. Cuando le pregunté, sorprendido, por ese arreglo, me contestó: “Para ir a Harlem por la noche a estudiar historia de la lengua, hacen falta dos cosas: un par de cojones y muchas ganas de aprender. Y a gente así yo le doy clase gratis”. Y así era que los lunes por la noche se ganaba el afecto y la admiración de jóvenes (y no tan jóvenes) estudiantes que escuchaban cautivados (según me ha relatado más de un testigo) las vicisitudes de yod, las singularidades del lenguaje de Berceo, las manías perfeccionistas de Alfonso El Sabio y la crisis de las sibilantes. Fue Isaías uno de los más finos lectores de El Quijote. Es suya, de hecho, una de las más emblemáticas ediciones del clásico, que emprendía con Celina Sabor de Cortazar. No era una edición más. Se nos leía el Quijote desde América (“La Americana” le llaman algunos a esta edición) y, en el acto, se hacía un reclamo trasatlántico de la propiedad cultural y crítica del preciado texto cervantino. La sombra de Isaías es larga y ancha, y su legado intelectual queda no sólo en las bibliotecas del mundo que se precien de serlo sino en la sabiduría y espíritu crítico de innumerables exalumnos y colaboradores en quienes dejó las marcas de su inteligencia y de su afecto. En los once años que fuimos compañeros de trabajo, no tuve aliado más fiel, mentor más lúcido y generoso. En los dos últimos, en que me tocó ser director de departamento, en que me tocó la humillante tarea de ser jefe de Isaías, guerreamos incesantemente. Fue el más formidable de mis adversarios y el más entrañable de mis amigos. Lo echaré de menos. Le lloraré al vacío que deja. Honraré su memoria, Argentina, como sé que tú harás. Emocionadamente, José