miércoles, 25 de mayo de 2011

Mayo poético

Como era fiesta el día de la patria,

y en mi sierra se nublan casi todas

las mañanas de mayo, el veinticinco,

nuestra madre salía a buena hora

de paseo campestre con nosotros

a buscar por las breñas más recónditas

el panal montaraz que ya el otoño

azucaraba en madurez preciosa.



Leopoldo Lugones, "Oda a los ganados y a las mieses"

martes, 24 de mayo de 2011

Las cenizas de Pasolini,

Por Guillermo Saccomanno, en Radar libros.

"Traductor y prologuista de La Divina Mímesis, Diego Bentivegna señala que junto a Contini, los años 50 son para Pasolini los del magisterio intelectual de Erich Auerbach, de cuya obra extrae el concepto de mímesis, entendido en un sentido peculiarmente atento a sus dimensiones lingüísticas. Para leer La Divina Mímesis es importante recordar que, en el recorrido crítico de Auerbach, Dante ocupa un lugar de bisagra en la literatura occidental. La escritura pasoliniana acá representa un momento de plenitud del proyecto mimético en el que se conjugan lo sacro y lo profano, lo ridículo y lo sublime, lo frívolo y lo teológico. Anterior a La Divina Mímesis, el fervor dantesco de Pasolini se puede remontar a un ensayo de 1965: La voluntad de Dante de ser poeta (recopilado en el imprescindible Empirismo herético, traducido y anotado por Esteban Nicotra), donde se planteaba la trascendencia de la operación lingüística de Dante: correrse del latín, escribir su Commedia en lengua toscana, es decir, toda una actitud política al apartarse de una lengua culta hegemónica adoptando una plebeya. Esta estrategia pasoliniana de retornar a Dante, era una resignificación que desafiaba a “cierta crítica marxista italiana” a volver a los orígenes de la lengua si quería discernir una poesía cuestionadora de una adocenada. Casi redundante señalarlo: para Pasolini Dante representa el creador total que marca el pasaje de la Edad Media al Renacimiento, el ideólogo que articula teorías políticas, que no perdona a los tibios que no toman partido, el poeta que noveliza su concepción del mundo apelando a los sublenguajes populares..." Sigue aquí.

lunes, 23 de mayo de 2011

La máquina católica, por Daniel Link

publicado en el diario Perfil de Buenos Aires, 22 de mayo de 2011.

El catedrático y escritor continúa la serie en la que rescata figuras olvidadas de las letras nacionales. En este ensayo, recupera la obra del jesuita Leonardo Castellani (1899-1981), hasta hace poco tiempo ignorado por la crítica, pese a que su obra merece un lugar de privilegio junto a la de Jorge Luis Borges y Roberto Arlt en la literatura argentina del siglo XX.

Por Daniel Link

21/05/11 - 11:33


Variado. Escribió relatos policiales, sátira, crítica literaria, comentarios bíblicos y ensayos de pedagogía.

Esa mañana, el padre revisó su sotana cuidadosamente. Había encargado que se la plancharan con apresto porque suponía que tendría que posar para las cámaras, antes o después del almuerzo en cuya lista de invitados había entrado casi por carambola (“divina”, le gustaba decir ante sus amigos), pero del que decidió participar porque estaba íntimamente convencido de su derecho a integrar esa acotadísima nómina de representantes de las Letras Argentinas.

Mayo de 1976 había empezado por todo lo alto: el domingo 9, el presidente se había encontrado con científicos de renombre (hubo incluso algún Nobel). Días después, con ex cancilleres, y el 17 de mayo con las nuevas autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina, que dos días antes había difundido la Carta Pastoral Anual que subrayaba el necesario espíritu de comprensión para con las dificultades de la “nueva etapa”.

Aunque el padre Leonardo Castellani no se llevaba bien ni con los miembros salientes de la Comisión, ni con los nuevos, su nombre fue sugerido por ese cónclave como uno de los más prestigiosos que la “literatura católica” podía acercar a esa mesa, servida el miércoles 19 de mayo de 1976 en la Casa de Gobierno para “conversar abierta, francamente, de los problemas que atañen a la cultura en relación con la situación del país”, tal como el secretario general de la Presidencia, general José Villarreal, se encargó de promocionar en los diarios durante los días previos.

Retrospectivamente, más le valdría no haberlo hecho, porque dos de los invitados, por esos anticipos, comenzaron a ser impiadosamente acosados para que presentaran ciertos reclamos ante el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. La comisión directiva de la SADE –que había ganado las elecciones internas gracias a sus aliados del PC– presionó a su presidente, Horacio Ratti (invitado junto con Jorge Borges, Ernesto Sabato y Leonardo Castellani) para que entregara, además de una serie de reivindicaciones sectoriales, una lista con nombres de escritores desaparecidos o presos desde marzo (Haroldo Conti, Alberto Costa, Roberto Santoro, Antonio Di Benedetto, entre otros). Aunque Ratti quiso negarse a semejante encomienda, debió acatar la decisión de sus sádicos colegas.

Castellani, por su parte, había recibido la visita de “una persona que, con lágrimas en los ojos, sumida en la desesperación, [le] había suplicado que intercediera por la vida del escritor Haroldo Conti”, secuestrado en su casa el 4 de mayo. (“Yo no sabía de él más que era un escritor prestigioso y que había sido seminarista en su juventud. Pero, de cualquier manera, no me importaba eso, pues, así se hubiera tratado de cualquier persona, mi obligación moral era hacerme eco de quien pedía por alguien cuyo destino es incierto en estos momentos. Anoté su nombre en un papel y se lo entregué a Videla, quien lo recogió respetuosamente y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país”, declaró dos meses después Castellani a la revista Crisis.)

Pese a los informales hábeas corpus, el almuerzo fue tranquilo, y la tenacidad de los historiadores nos ha regalado con exactitud el curso del servicio (budín de verduras, ravioles con salsita de tomates, ensalada de frutas), la satisfacción de los comensales y las trivialidades de los intercambios conversacionales en ese momento crítico: los problemas de la vista, la baja calidad de la comida norteamericana, la necesidad de un consejo de notables para la regulación de los medios masivos, el descuido del idioma... Sobre ese almuerzo, que pudo haber cambiado la historia del país, se sabe todo. Algunos de sus participantes, sin embargo, han permanecido en un injusto olvido que el paso de los años apenas si comienza a torcer.

Se podría decir que a Horacio Ratti se lo tragó la tierra o la burocracia (con justicia). Pero la novelesca vida del “furibundo jesuita” Leonardo Castellani (Reconquista, Santa Fe: 16 de noviembre de 1899 – † Buenos Aires, 15 de marzo de 1981) habría merecido una película en cualquier país menos atónito ante los dictados del canon universitario, la pereza crítica y el negocio del libro.

Su obra, vastísima e inconmensurable (de mayor alcance que la de Borges, menos nihilista que la de Sabato, de mayor plasticidad que la de Arlt: cuentos costumbristas, comentarios bíblicos, crítica literaria, parábolas camperas, relatos policiales, historias fantásticas, ensayos de pedagogía, la sátira en la revista Jauja, que fundó, y hasta una traducción anotada de la Suma Teológica del Doctor de Aquino), domina el siglo XX con un brillo que recién ahora comienza a percibirse.

En un reciente y heroico libro (Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada, Buenos Aires, Cabiria, 2010), Diego Bentivegna se deja iluminar por las incandescentes proporciones de esa obra, sobre todo en lo que se refiere al jesuita como un teórico de la lectura (entendida en todas sus implicaciones prácticas: la crítica, la pedagogía, la interpretación de los textos sagrados, etc...).

Si bien Las nueve muertes del padre Metri (1942) fue considerado por Rodolfo Walsh como el mejor libro de relatos policiales escrito en nuestro país, Bentivegna va mucho más allá y recusa las corrientes hegemónicas de la crítica, cuya miopía le ha impedido situar su producción en el lugar que le corresponde. Castellani, en la perspectiva de Bentivegna, se coloca a igual distancia del elitismo de Borges y de las máquinas modernas de Arlt y Bioy Casares (tal y como Beatriz Sarlo las definiera alguna vez) y sin la noción de “palabra transfigurada” de quien dedicó su extraordinaria capacidad intelectual, entre otras cosas, a la traducción del Apocalipsis de Juan de Patmos y a los arrebatos nacionalistas, el panorama cultural de la modernidad argentina está incompleto. Bentivegna lee en Castellani una “utopía de la heteroglosia”. La hipótesis es fundamental para evaluar su peculiar nacionalismo pero, sobre todo, para enfrentar todas las fantasías concentracionarias del monolingüismo y el discurso único, respecto de los cuales nos sentimos hoy tan acorralados.

El lenguaje roto de Castellani (que toma piezas de la lengua culta, del cocoliche inmigratorio, de las lenguas clásicas y las jergas populares) se alza contra toda pretensión de pensar la literatura como cosa del espíritu (ningún afán vanguardista lo guía) y señala en la dirección del “arte encarnado” propio del cristianismo: una “palabra transfigurada” que es “una afirmación de la materia, del carácter corporal del acto estético”.

Católico, Castellani no puede sino sostener los universales, pero su religio, como nos ha recordado Giorgio Agamben, tal vez provenga antes del relegare que del religare: no se trata de religar los vínculos plenos de los universales, sino de relegar todo reduccionismo abstracto: en esa tensión se sostienen las formas de vida, y en esos márgenes se deja leer lo que la literatura argentina (a través de sus obedientes acólitos) no quiere pensar sobre sí.

lunes, 16 de mayo de 2011

Conferencia sobre la obra de Leonardo Castellani

“Leonardo Castellani: canon y crítica” es el título de la conferencia que tendrá lugar el sábado a las 17 en el Museo Etnográfico.

De la Redacción de El Litoral

El sábado 21, a las 17, en el ámbito del Taller de Lectura del Ministerio de Innovación y Cultura, que funciona en el Museo Etnográfico, Diego Bentivegna dictará una conferencia sobre Leonardo Castellani: canon y crítica. La conferencia de Bentivegna, abierta a todo público se inscribe en las jornadas “Lecturas de otoño”, que reunirá este viernes y sábado a autores de distintas localidades, a partir de las 19, en el mencionado museo, en 25 de Mayo 1470.

Bentivegna es autor de Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada (Ediciones Cabiria, 2010), que recorre la producción crítica de Leonardo Castellani a partir de algunos grandes núcleos: la cuestión de la polémica y de la guerra discursiva, la relación entre crítica, exegética y lectura; el problema del fariseísmo; el lugar del concepto evangélico de transfiguración para pensar la dimensión político-teológica de las intervenciones de Castellani. Como escribió Cecilia Romana en nuestras páginas de Artes & Letras, resulta “un libro esencial para ubicar a nuestro autor [Castellani] en tiempo y espacio, y confrontarlo con sus contemporáneos, los mismos que lo alabaron o defenestraron, según la época y el momento político que atravesaba el país”.

La obra de Leonardo Castellani es una de las más prolíficas de la literatura argentina; es, al mismo tiempo, y paradójicamente, una de las menos transitadas por los estudios académicos. Nacido en Reconquista, en pleno chaco santafesino, en 1899 (el mismo año que Borges) y fallecido en Buenos Aires en 1981, Castellani atraviesa el siglo XX argentino, con sus logros y sus contradicciones, sus pasiones y sus tragedias. Su obra permite revisar algunos de los grandes momentos que van constituyendo aquello que pensamos, siempre de manera problemática, como “cultura argentina”.

Castellani es cultor de una pluma filosa y, en ocasiones, hiriente, incluso, en relación con las instituciones eclesiásticas, dato no menor para entender su expulsión de la Orden Jesuita, en 1949, luego de dos largos años de residencia en la localidad catalana de Manresa, donde se replantea su lugar como escritor, como creyente y como sacerdote.

Sus textos críticos incluyen, en principio, intervenciones polémicas en torno a algunos componentes centrales de la literatura nacional, como sus contemporáneos Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada -con cuyas lecturas del Martín Fierro polemiza lúcidamente-, reseñas bibliográficas, prólogos, traducciones (como la de El señor del mundo, novela del ingles Hugh Benson, como Castellani, miembro de la orden jesuita). Incluyen, además, extensos artículos con autores hacia los que siente particular empatía, como Dante, Paul Claudel, Gilbert Chesterton. En la segunda parte de su vida, su universo ensayístico se puebla de personajes como el enorme filósofo danés Soren Kierkegaard, que, con su cristianismo absoluto y su lucha contra las versiones institucionalizadas de lo religioso, se transforma para Castellani en un referente obligado. Al filósofo de Copenhague dedica Castellani, en efecto, lo que tal vez constituye su libro ensayístico más potente: De Kierkegaard a Tomás de Aquino, publicado en 1973 por la editorial Guadalupe.

Castellani, además, se dedica con ahínco a la reflexión exegética en torno a los grandes textos de la tradición cristiana. Surgen de esta reflexión volúmenes como El Evangelio de Jesucristo -que recoge los artículos dominicales publicados en el diario La Tribuna de San Juan-, Las parábolas de Cristo y, fundamentalmente, los volúmenes dedicados a la problemática apocalíptica: Cristo, ¿vuelve o no vuelve? y El Apocalipsis de San Juan.

Cabe recordar que el jesuita santafesino es el creador de la saga de ficción policial centrada en la figura del padre Metri, un sacerdote italiano instalado en pleno chaco santafesino que resuelve, con una mezcla de tomismo y de saberes populares, una serie de casos de singular truculencia. Pero además Castellani transita, como autor literario, por una grandísima variedad de registros, de escrituras y de géneros, desde el relato de matiz regional, como el que cultiva en el volumen Historias del norte bravo, que recopila narraciones ambientadas en el amplio arco que va de los andes catamarqueños a las costas de los grandes ríos del Litoral, hasta la novela, en diferentes formatos y variedades. Así, encontramos novelas de anticipación, como Su majestad Dulcinea; novelas de matriz apocalíptica, pensadas como dispositivos ficcionales que despliegan complejas, y a veces aventuradas, exégesis de textos bíblicos (Los papeles de Benjamín Benavides) e, incluso, una nouvelle de misterio como El enigma del fantasma en coche, escrita durante la estadía de Castellani en la ciudad de Salta y donde experimenta con las variedades del castellano hablado en el noroeste argentino.

En síntesis, para retomar las palabras que escribe Hernán Benítez, otro gran intelectual jesuita argentino, la obra de Castellani, en su complejidad y en su variedad de estilos y géneros, constituye un “género único”: uno de los más potentes y problemáticos, sin duda, de la literatura argentina.

Diego Bentivegna es doctor en Letras por la UBA, donde se desempeña como docente en el área de Literaturas Comparadas. Ha publicado los libros Paisaje oblicuo (ensayo, 2006), Viaggio in Italia. 8 poetas italianos contemporáneos (Crítica y traducción, 2008) y El poder de la letra. Literatura y domesticación en la Argentina (ensayo, 2011). Ha estado a cargo de las ediciones en castellano de La Divina Mimesis, de Pier Paolo Pasolini (2011) y del epistolario del mismo autor (2005

domingo, 15 de mayo de 2011

Castellani: elogio de Italia

Italia, tierra ceñida
Del mar y alzada en fervor
El italiano es pastor
Y entiende la arquitetura-
Un tano no siendo cura
Es músico o costrutor.


Castellani, La muerte de Martín Fierro, Buenos Aires, Cintra, 1953, p. 32.

viernes, 13 de mayo de 2011

Raúl Zurita

"(...)Comencé a escribir bastante joven, pero fue mientras estudiaba ingeniería que me di cuenta que la poesía iba a ser mi pasión, el único sentido de una hipotética plenitud, y de las bastantes más posibles derrotas. Sin embargo, aún no sabía mucho. Escribí en el año 1969 algunos de los poemas cortos que están en el comienzo del libro Purgatorio y el en 1972 otro poema que se llama “Áreas verdes”, y que creo que es lo más perfecto y angustioso que he hecho. Regresé de Ingeniería para caer de bruces en las bodegas del barco Maipo en la madrugada del 11 de septiembre de 1973. Cuando salí de ahí tenía el mundo completamente roto. No me asilé y pensé en lo peor. Paradojalmente ese golpe me salvo la vida, ya tenía absolutamente decidido suicidarme, pero al comprobar cómo mataban gentes en las calles, como a mí mismo me había golpeado y como en ese mismo instante estaban, repito, asesinando a tantos, el suicidio me parecía algo absolutamente ridículo, espantosamente ridículo, frívolo. Mis condiciones sicológicas y físicas eran insostenibles: una vez me bajaron de un bus solo por mi aspecto. Fue la humillación y el poema. Recordé esa frase de la mejilla de Cristo y me quemé la mía, respondiendo a la bofetada, lo hice solo, en un baño con un fierro que quemé al rojo en el fuego del calentador de agua. (...) más tarde comprendí que con ese acto absolutamente solitario, autodestructivo, había comenzado algo. Así se inició en verdad mi poesía, quemándome la cara y me propuse una obra que concluiría, si acaso, con el vislumbre colectivo de la felicidad. Fue en mayo de 1975, imagine todo el trayecto, las escrituras en el cielo y en el desierto, incluso los títulos: Purgatorio, Anteparaíso, y La Vida Nueva. Es eso, mi poesía va desde una mejilla quemada hasta el verso escrito para siempre en el desierto de Atacama “ni pena ni miedo” (mide cuatro kilómetros y puede ser visto desde las alturas, con él cerré La Vida Nueva en 1993. No he sido en ese sentido, un poeta espontáneo. He vivido más de veinte años obsesionado con una idea: el vislumbre de la felicidad. Todo lo que he hecho tiene que ver con eso, con la fuerza y la vida (y la derrota). (...) Me impacta todo lo bueno que leo, pero sólo puedo llorar de belleza con algunos muertos célebres: Miguel Angel, Dante, Whitman, Neruda, Homero y algunos más: Nietzsche ( a quien odio desde el fondo de mi corazón, pero que me hace llorar), Dostoievski. Esos grandes nombres me dan fuerza, me hacen explotar de felicidad y de plenitud. Algunas celebridades de los nuevos tiempos sin embargo me dejan absolutamente indiferente, partiendo por Borges. Amo al Vallejo de España aparta de mi este cáliz, cómo quisiera alguna vez lograr esa sencillez total y certidumbre. Pero el único camino para acceder a algo así es el trabajo moral".

jueves, 12 de mayo de 2011

Padre del aula

"Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrescencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse." (Carta de Sarmiento a Mitre de 1872, fragmento)

domingo, 8 de mayo de 2011

Leonardo Boff: Venganza y justicia

Leonardo Boff Alai-amlatina

Se necesitaría ser enemigo de sí mismo y contrario a los valores humanitarios mínimos para aprobar el nefasto crimen del terrorismo de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Pero resulta de todo punto inaceptable que un Estado, el más poderoso del mundo en el terreno militar, para responder al terrorismo se haya transformado él mismo en un Estado terrorista. Fue lo que hizo Bush, limitando la democracia y suspendiendo la vigencia incondicional de algunos derechos, que eran orgullo del país. Hizo más: dirigió dos guerras, contra Afganistán y contra Irak -donde devastó una de las culturas más antiguas de la humanidad-, en las que han muerto más de cien mil personas y ha habido más de un millón de desplazados.

Cabe repetir la pregunta que a casi nadie interesa plantear: ¿por qué se produjeron tales actos terroristas? El obispo Robret Bowman de Melbourne Beach de Florida, que fue anteriormente piloto de cazas militares durante la guerra de Vietnam, respondió, claramente, en el National Catholic Reporter, en una carta abierta al Presidente: «Somos el punto de mira de los terroristas porque, en buena parte del mundo nuestro Gobierno defiende la dictadura, la esclavitud y la explotación humana. Somos el blanco de los terroristas porque nos odian. Y nos odian porque nuestro Gobierno hace cosas odiosas».

No otra cosa dijo Richard Clarke, responsable contra el terrorismo de la Casa Blanca en una entrevista a Jorge Pontual emitida por la cadena Globonews el 28/02/2010 y repetida el 03/05/2011. Había advertido a la CIA y al Presidente Bush que un ataque de Al Qaeda era inminente en Nueva York. No le dieron oídos. Enseguida ocurrió, lo que le llenó de rabia. Esa rabia aumentó contra el Gobierno cuando vio que con mentiras y falsedades, Bush, por pura voluntad imperial de mantener la hegemonía mundial, decretó una guerra contra Irak que no tenía conexión ninguna con el 11 de septiembre. La rabia llegó a un punto tal que, por salud y decencia, dimitió de su cargo.

Más contundente fue Chalmers Johnson, uno de los principales analistas de la CIA, también en una entrevista al mismo periodista, el día 2 de mayo del corriente año. Conoció por dentro los maleficios que las más de 800 bases militares norteamericanas producen, distribuidas por todo el mundo, pues suscitan la rabia y la revuelta en las poblaciones, caldo de cultivo para el terrorismo. Cita el libro de Eduardo Galeano «Las venas abiertas de América Latina» para ilustrar las barbaridades que los órganos de inteligencia norteamericanos cometieron por aquí. Denuncia el carácter imperial de los Gobiernos, fundado en el uso de la inteligencia que recomienda golpes de Estado, organiza el asesinato de líderes y enseña a torturar. En protesta, dimitió y se hizo profesor de historia en la Universidad de California. Escribió tres tomos, «Blowback» (venganza), en los que preveía, con pocos meses de anticipación, los actos de venganza contra la prepotencia estadounidense en el mundo. Ha sido tenido como el profeta del 11 de septiembre.

Éste es el telón de fondo sobre el que entender la actual situación que culminó con la ejecución criminal de Osama Bin Laden.

Los órganos de inteligencia estadounidense son unos fracasados. Por diez años consecutivos han barrido el mundo para cazar a Bin Laden. Nada consiguieron. Sólo usando un método inmoral, la tortura de un mensajero de Bin Laden, han conseguido llegar a su escondite. Por tanto, no han tenido mérito propio alguno.

En esa caza todo está bajo el signo de la inmoralidad, la vergüenza y el crimen. En primer lugar, el Presidente Barak Obama, como si fuese un «dios» ha determinado la ejecución/matanza de Bin Laden. Eso va contra el principio ético universal de «no matar» y de los acuerdos internacionales que prescriben la prisión, el juicio y el castigo del acusado. Así se hizo con Hussein de Irak, con los criminales nazis de Nürenberg, con Eichman en Israel y con otros acusados. Con Bin Laden se ha preferido la ejecución intencionada, un crimen por el cual Barak Obama deberá responder algún día. Por otra parte, se ha invadido el territorio de Pakistán, sin ningún aviso previo de la operación. A continuación se secuestrado el cadáver y lo han lanzado al mar, crimen contra la piedad familiar, derecho que cada familia tiene de enterrar a sus muertos, criminales o no, pues por malos que fueren, nunca dejan de ser humanos.

No se ha hecho justicia. Se ha practicado la venganza, siempre condenable. «Mía es la venganza» dice el Dios de las Escrituras de las tres religiones abrahámicas. Ahora estaremos bajo el poder de un Emperador sobre quien pesa la acusación de asesinato. Y la necrofilia de las multitudes nos disminuye y nos avergüenza a todos.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y autor de Fundamentalismo, terrorismo, religião e paz, Vozes 2009.

Thomas Müntzer, teólogo de la revolución

"Mira, los señores y los príncipes son el origen de toda usura, de todo latrocinio y rapiña; ellos se apropian de todas las criaturas; de los peces del agua, de los pájaros del aire, de los árboles de la tierra (Isaías, 5, 8). Y luego difunden entre los pobres el mandamiento de Dios, "No robarás". Pero eso no vale para ellos. Reducen a la miseria a toso los hombres, pelan y despojan a los campesinos y a los artesanos y a todos ser viviente (Miqueas, 3, 2-4); pero para estos últimos, a la menor falta, la horca...." (1524)

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jueves, 5 de mayo de 2011

Elías Castelnuovo

—¿Y cómo explica, Castelnuovo, que Borges haya escrito tanto sobre malevos y orilleros, siendo que pertenecía a Florida?
—Pero él de los orilleros no sabe nada. En Hombre de la esquina rosada, trata de acercarse al lenguaje lunfardo y la pifia. Dice que los malevos salieron del Barrio Norte, de Palermo, y eso es un disparate.
—¿Y por qué escribe Borges sobre malevos, entonces, de puro imaginativo que es?...
—Y qué sé yo. Desde chico veía poco, y se crió encerrado. O sea que imagina, no más. Uno no sabe lo que escribe.
—No, no, al margen de ciertas cuestiones ideológicas, supongo que no le negará méritos literarios.
—¿Por qué no? A mí no me gusta lo que escribe. No puedo tener nada en común con un hombre cuyo ideal es una dictadura del siglo XIll. El pertenece a la reacción; es un instrumento de la oligarquía, que necesita firmas famosas para frenar los cambios del mundo.
(...)

Revista Siete Días Ilustrados
septiembre 1975
Oscar Giardinelli

Pasolini

«Jorge Luis Borges: NO. Orribile», (Corriere della Sera, abril de 1974).

miércoles, 4 de mayo de 2011

Literatura y domesticación



Mañana , jueves 5 de mayo de 2011, a las 17:30 habrá un brindis por la inaguración de las colecciones de la Universidad Pedagógica, La Plata. La cita es en el stand 525, pabellón azul.

domingo, 1 de mayo de 2011

Witoldo

"No conozco ninguna obra que introduzca mejor a los secretos de la sensibilidad contemporánea de la América Latina, a sus mitos, a sus fobias, a sus alucinaciones. Pero su contenido es universal, atravesado por la prodigiosa metáfora del "Informe sobre Ciegos"." Witold Gombrowicz en el prólogo a las ediciones alemana, italiana y francesa de "Sobre Héroes y Tumbas