martes, 30 de julio de 2013

Poemas elegidos: Ana Ajmátova

Por Diego Bentivegna: Requiem, de Ana Ajmátova Yo tendría unos dieciséis, tal vez unos diecisiete años. "Requiem", el poema de Ana Ajmátova, figuraba en una antología de poesía rusa del siglo XX que todavía conservo, compilada y traducida por Irina Bogdaschevski en la colección de literatura universal del Centro Editor de América Latina. Ese librito representaba entonces la apertura hacia una estepa que en mi mente estaba atravesada por tártaros y otros nómades peligrosos, como se veía en algunas películas históricas que miraba en la tele los sábados a la tarde (La rebelión de los cosacos, Taras Bulba, Miguel Strogoff). Texto completo, acá.

domingo, 28 de julio de 2013

"El teatro del misterio"

Por Diego Bentivegna, en Tiempo argentino
(domingo 28 de julio de 2013).Un ojo puede ser, a veces, el producto de un trazo, algo que se relaciona con lo cortante, como dice Bataille en un ensayo que dedica al órgano ocular. Es ese trazo, ese corte, lo que nos asalta cuando vemos el lugar vaciado del ojo en una de las calabazas que en las tradiciones nórdicas se iluminan con velas en la "noche de brujas". Una calabaza, si se la trabaja con precisión, si se la vacía con ternura, si se la seca con dedicación, puede volverse un objeto diferente: una cabeza que se forma, tan sólo, a través de un ejercicio de extracción (hay que sacarle la pulpa, retirarle todas las semillas) y que traza un esquema abstracto que no remite a ninguna cara en particular porque puede ser la de cualquiera. Al fin y al cabo, hasta bien entrado el siglo XIX, cuando se produce la difusión de los espejos portátiles, las personas, en su mayoría, ignoraban sus propios rasgos, solo veían los rostros de sus semejantes. Si en la calabaza festiva no hay plenitud del rostro, es, probablemente, porque en sus huecos no hay mirada posible. La calabaza teatraliza el misterio del ojo como órgano. No es más la masa cristalina, blanda, blanca, en la que cualquier coloración parece posible (ojos verdes, negros, turquesas): es un corte puro sobre una superficie vegetal. Quizá, más que señalar al rostro, la calabaza remita más bien a aquello que lo sostiene pero que al mismo tiempo lo niega. No ya semillas, sino osamenta; no ya calabaza, sino calavera; no ya la fiesta de las brujas celta sino el culto mexicano de los muertos. D.Bentivegna es ensayista, poeta y traductor.

jueves, 25 de julio de 2013

"Generalmente son de pequeña estatura y de piel oscura..."

«Generalmente sono di piccola statura e di pelle scura. Molti puzzano perché tengono lo stesso vestito per settimane. Si costruiscono baracche nelle periferie. Quando riescono ad avvicinarsi al centro affittano a caro prezzo appartamenti fatiscenti. Si presentano in 2 e cercano una stanza con uso cucina. Dopo pochi giorni diventano 4, 6, 10. Parlano lingue incomprensibili, forse dialetti. Molti bambini vengono utilizzati per chiedere l'elemosina; spesso davanti alle chiese donne e uomini anziani invocano pietà, con toni lamentosi e petulanti. Fanno molti figli che faticano a mantenere e sono assai uniti tra di loro. Dicono che siano dediti al furto e, se ostacolati, violenti. Le nostre donne li evitano sia perché poco attraenti e selvatici, sia perché è voce diffusa di stupri consumati quando le donne tornano dal lavoro. I governanti hanno aperto troppo gli ingressi alle frontiere ma, soprattutto, non hanno saputo selezionare tra coloro che entrano nel paese per lavorare e quelli che pensano di vivere di espedienti o, addirittura, di attività criminali». Fonte: Relazione dell'Ispettorato per l'immigrazione del Congresso degli Stati Uniti sugli immigrati italiani, ottobre 1919.

miércoles, 24 de julio de 2013

Correspondencia: Nicolás Peyceré sobre Las reliquias

Diego, Antes leí una crítica de Ñ. Después recibí tu libro. Lo leí, veces. Lo puse entre mis libros de cabecera. Note preliminari, quattro nonni appresso, guerra Austria-Italia. Sigue, Parténope, Nápoles, Parthénos, virgen matada por Ulises que se arrojó al mar y llegó a la costa de Campania. Al sur del golfo está Salerno, primera escuela de medicina de Europa (S. XIII) , en sus alrededores nacieron los abuelos de la parte de mi madre, y muchos tíos y primos que emigraron a la Argentina. Yo a mis treinta años viví un año en Roma, otra vez unos días en Venecia y tres meses en Torino. Estudiaba y vagaba. Tu libro de varios modos me emocionó. Me hizo volver a esos tiempos. Me volvió a los escritores italianos que amé. A la historia de Italia con cariño. Volví a Eugenio Montale, que quiero. A la retaguardia del frente italiano donde estuvo preso (1° guerra) el artillero austríaco Wittgenstein, y donde escribió las primeras sentencias en un cuaderno de filosofía. Volví a ese labriego que dejó a Dido para inventar a Roma. Tú eres un labriego, de una tierra caliente, de un Sorrento y otras ciudades, de una literatura. Un italiano, oculto en la extranjería de Buenos Aires. Lo sé, algunos varones migrantes, guardan como reliquias, su poesía. Tu poesía tiene metáforas inteligentes, también una brevedad, una dicción directa, casi epistolar. También usas unas frases muy simples, es decir muy sabias, Así, después de la desolazione de Montale, paralelamente escribís, Miramos desde el barco una ciudad barrosa. Siempre hay una ubicación de la simpleza que enuncia, lo inesperado. Seguiría conversando, lo haremos en algún encuentro. Gracias, Diego.

lunes, 22 de julio de 2013

jueves, 18 de julio de 2013

Carlos Schilling: "El trabajo de la memoria", sobre Las reliquias (La voz del interior, jueves 18 de julio de 2013)

El trabajo de la memoria Carlos Schilling Por si el título no fuera suficiente, el primer verso de Las reliquias es toda una declaración de principios. “Trabajo la memoria”, dice Diego Bentivegna. Y en los siguientes poemas se verá que ese trabajo es una especie de exploración submarina en un pasado que tiene una profundidad mayor que el linaje familiar, aun cuando el libro esté dedicado a los cuatro abuelos italianos del autor y Doménico y Vittorio sean protagonistas de varios textos . Ese pasado, literalmente, se hunde en el mar, y es devuelto por este en forma de “huesos tristes,/ escamas, resto, espina consumida”. Claro que el mar de este libro no es cualquier mar, es el mar de la mitología y de la literatura occidental, el Mediterráneo (no nombrado, pero presente en las alusiones a las sirenas y a la ciudad de Nápoles). Pero aun con el susurrante acompañamiento de voces griegas, latinas e italianas que se dejan escuchar como un rumor de olas cercanas, la materia que pasa por los versos de Bentivegna es mucho más informe que el ideal de belleza meridional: “Ácido, agua industrial/ que se diluye en una aguada quieta/ polvo que desagota en pozos de agua extinta”, y en esa sustancia degradada, sin embargo, “cada fragmento es, él mismo, una reliquia,/ un trozo de sí mismo irreductible”. Dividido en seis secciones (“Las travesías”; “Rebaño místico”; “Un mundo que flota”; “Las trincheras”; “El texto sembrado” y “El niño expósito”), el libro parece ir desplegando un mapa sentimental de Italia donde es posible seguir la deriva de los antepasados y, también, claro, las lecturas de Bentivegna: Montale, Leopardi, Ungaretti, Virgilio, Pound, Seferis, Pasolini. Lo que no implica, en absoluto, un lastre de erudición sino, al contrario, la estratificación de un paisaje cultural que los abuelos viven a la vez como patria, tierra de trabajo o campo de batalla: “La muerte en la trinchera era/ un simple resultado de la técnica,/ su mera consecuencia;// un estallido de tierra en los ojos/ un verso que se tritura entre los dientes/ un espacio sin nombre más allá de la palabra,/ el campo inexpresable de la ética”. Si hubiera que buscar alguna filiación posible entre estos poemas “italianos” de Bentivegna y otros libros de poetas argentinos, podrían mencionarse Tímida hierba de Agosto, de Roberto Raschella, Lo que trae y lleva el mar, de Pablo Anadón o Hilos, de Silvio Mattoni, libros que con temas y tonos propios tienen en común un mundo perdido que vuelve en leyendas familiares, en palabras aisladas, en traducciones, en viajes reales o imaginarios, en un sostenido trabajo de la memoria. Las reliquias Diego Bentivegna Alción Editora Córdoba 2013

sábado, 13 de julio de 2013

"Decir el corazón de las palabras", Cecilia Romana sobre Las reliquias, en el diario El litoral

Por Cecilia Romana “Las reliquias”, de Diego Bentivegna. Alción Editora. Córdoba, 2013. Éste es el primer libro de poemas de un pensador. Un ensayista, un traductor, quien está más acostumbrado a razonar que a dejarse guiado por la intuición, escribe poesía con la sangre, porque hay allí un compromiso más específico que el del poeta puro. Diego Bentivegna ha experimentado la tensión y el miedo del clavadista antes de saltar, pese a que su libro tiene un tono más bien calmo. Cuánto le habrá costado llegar a esa calma. Las reliquias es un volumen de puro trabajo. Primero, sobre la memoria personal, sobre el recuerdo de la propia vida. Después, en relación con el lenguaje que, en este caso, no es otra cosa que la traducción en palabras de un sentimiento muy profundo, de uno que habría que rastrear hasta las raíces primigenias del autor, un doctor en Letras, investigador del Conicet, traductor de Pasolini, y cuántas cosas más. Las influencias son notorias, más en una tonalidad que en el ambiente: Ungaretti, Montale, algo de la italianidad expectante de Europa y la puramente extasiada de América. La de sus padres y abuelos, la que anda pivoteando entre el sueño y la realidad, entre lo que podría ser y lo que es. Trazos de la ensoñación de Viel Témperley, quien podría haber sentido en los corderos de Bentivegna su propia patria. Y siempre, la limpieza formal, porque a través de la claridad es donde se lee la total sorpresa del autor. La experiencia poética de Diego es el paso firme de un adolescente a la juventud, ya que no hay pasmo infantil en el libro ni, mucho menos, reconcentración de viejo ante los hechos. Para quien escribe de barcos que llegan transportando su sangre al continente, para el que cuenta cómo era esa Argentina que los recibió, los barrios del suburbio, los gajes de sus ancestros, siempre vistos desde el interés filial y, por qué no, antropológico, escribir un libro de poemas no es algo de todos los días. A Bentivegna se le fue la sangre en cada verso, se le fue la piel. Todo tamizado por su observación intensa de conocedor de una lengua y quien dice conocedor, dice amante-. Esperamos el vuelo de pájaros que migran sobre nuestras cabezas, de las lentas bandadas que se arrojan de pronto en los sembrados de una isla. Como en una ruleta arreglada, en el único destino que cree Bentivegna es en el que marca el trabajo, la fe extrema en una vida mejor, la esperanza. Siempre la esperanza, como un faro, no sólo de su familia que llegó de Italia, sino de él mismo, de su literatura que, al convertirse en poesía, apuesta. Porque la poesía, a pesar de ser la más vieja de todas las literaturas, es la más viva, la que no depende del valor de cambio, la que renace cada día bajo voces nuevas que, por intuitivas, al menos, se alzan a nivel de las antiguas. Hay una pequeña nostalgia en Las reliquias. Una pregunta más bien, pero de esas que se hacen para responderse a sí mismo y afirmarse en lo único que hace al poeta algo diverso del resto: ¿dónde estoy y por qué? ¿Este es mi primer paso o el último? En esa tensión camina el libro de Bentivegna, pero siempre bajo el auspicio de la providencia, que alimenta todo, hasta las noches más oscuras de un escritor.

jueves, 11 de julio de 2013

D. Freidemberg, sobre Las reliquias (en facebook)

Daniel Freidemberg Hace 40 minutos Me sorprendió Diego Bentivegna con su irrupción como poeta. Lo conocía por su traducción de Pasolini y ya le tenía un respeto considerable por sus trabajos críticos, y ahora veo que al poeta, al menos para mí, lo tenìa guardadito. Es inusual, me parece, el modo en que hace que la poesía "relate" sin perder poeticidad, el excepcional modo en que articula una suerte de serenidad "clásica" con una tremenda fuerza, una carga de potencia que no sólo viene de la temática y que mucho tiene que ver con la elección y disposición de las palabras, y admiro esa sabia, nada exhibicionista, administración del ritmo: cautamente armonioso, exacto, disfrutable.

sábado, 6 de julio de 2013

En Ñ

Comentario y selección de poes en la ñ de ayer - hoy (5-6 julio 2013)

jueves, 4 de julio de 2013