martes, 20 de mayo de 2008

Klaus Mann - "Homosexualidad y fascismo" - 1934

En la Unión Soviética se promulgó recientemente una ley que impone penas severas contra la homosexualidad. Esto es sorprendente, y uno se pregunta con qué lógica y con base en qué moral puede un gobierno socialista justificarse por amputarle los derechos y difamar a un grupo humano cuya "culpabilidad'' reposa sobre inclinaciones particulares que le han sido dadas por la naturaleza. Pero así es. Los problemas y los escándalos que la Unión Soviética conoce en sus territorios orientales sin duda contribuyeron a la instauración de este tipo de ley humillante -contra la cual la izquierda de los países de Europa central y occidental ha luchado encarnizadamente durante varias décadas.
A estas dificultades cruciales, que ciertamente habría que solucionar con otras medidas, se añade sin lugar a dudas el estado de ánimo actual. A este ánimo, y no a las dificultades, atribuyo preponderancia. Por estado de ánimo del momento no entiendo simplemente, y en primer lugar, la tendencia cada vez más clara en la Unión Soviética a reflexionar y a juzgar sobre el tema del erotismo en un sentido cada vez más conservador y severo, tendencia que se puede explicar como una reacción frente a libertades que tal vez se han vuelto excesivas. Veo más bien una desconfianza y una animadversión hacia todo lo que es homoerotismo que alcanzan un grado intenso en la mayoría de los ámbitos antifascistas y en casi todos los medios socialistas. Se está a punto de identificar a la homosexualidad con el fascismo. Y no es posible seguir guardando silencio al respecto. Nosotros que combatimos los prejuicios raciales, ¿tendríamos que dejar que se propague el prejuicio más insensato contra ciertas inclinaciones...?

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A Máximo Gorki, nada menos, se le atribuye una frase asombrosa: "¡Desaparezca a todos los homosexuales, y el fascismo desaparecerá!'' Por desgracia no es imposible que el papa de la literatura socialista haya dicho eso. Tal era el sentir de la época. ¿Pero de dónde surge todo esto? ¿De dónde surge que en los periódicos antifascistas leamos las palabras "asesinos y pederastas'' reunidas con tanta frecuencia como sucedía con el "traidores del pueblo y judíos'' de los diarios nazis? La palabra "pederasta'' como una injuria ¡sólo porque hay muchos hombres en las organizaciones nazis que aman a los jóvenes en lugar de amar a las mujeres!
Esta es una historia que comenzó con el ataque organizado de manera pérfida e indigna contra el capitán Röhm. Las estúpidas cartas sentimentales que había enviado de Sudamérica eran asunto de su vida privada. Era una vulgaridad absurda y superflua arrastrarlas por la plaza pública. No sólo era vulgar y torpe esa manera, sino también nula su eficacia. Al capitán Röhm esto no le afectó: a quienes se deseaba colocar contra él, o bien no creyeron la historia, o bien no pensaron tener nada que decir al respecto; y los demás, aquellos que se sentían escandalizados, de cualquier forma no le habían tenido jamás ningún aprecio.

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Se está haciendo del "homosexual'' el chivo expiatorio, un poco "el judío'' de los antifascistas. Y esto es abominable. Tener en común con bandidos inclinaciones eróticas particulares no hace bandido a una persona de golpe. De ninguna manera arremeto contra puertas abiertas al enunciar una evidencia semejante. Muchas de las conversaciones que he tenido y la lectura de artículos totalmente indignos en los diarios, me comprueban que desgraciadamente es necesario repetir estas evidencias.

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Nota: todas las negritas son mías (D. B.)